Friday, December 31, 2021

The Novice



Síntomas: La estudiante Alex Dall (Isabelle Fuhrman) se inscribe al club de remos de su universidad, y hace un esfuerzo sobrehumano para convertirse en la mejor remera del equipo.

Diagnóstico: En los primeros minutos de The Novice, el Entrenador Pete (Jonathan Cherry) le pregunta a Alex Dall (Isabelle Fuhrman) por qué quiere participar en un deporte tan difícil... pero alguien los interrumpe, y nunca escuchamos su respuesta. Ese detalle crucial fue lo que me faltó durante toda la película para comprender (y quizás apreciar) las decisiones cada vez más irracionales que toma Alex en la implacable búsqueda de su meta. Incluso pensé que la directora y guionista Lauren Hadaway estaba guardando esa información para golpearnos con un "twist" en el tercer acto que cambiaría nuestra opinión de la protagonista, o añadiría una nueva dimensión a su manía... pero nunca llegó esa revelación. Simplemente presenciamos la lucha de una mujer dispuesta a sacrificar su salud, sus estudios, y sus relaciones con los demás para convertirse en la mejor atleta del equipo.
Todo lo cual significa que The Novice tampoco es un "drama deportivo" con la clásica estructura de entrenamiento-crisis-triunfo que sustenta este popular género. En vez de eso The Novice es un potente estudio de carácter enfocado en la obsesión de Alex... pero sin explicaciones sobre la psicología del personaje.
Aún así The Novice me pareció recomendable por la actuación de Isabelle Fuhrman, a quien algunos recordarán como la "niña malvada" de Orphan (2009) (por cierto, ya viene la secuela). Bueno, pues ya pasaron más de diez años, y esa niña se convirtió en una talentosa actriz que sostiene la película con su carisma e intensidad, mientras explora un personaje interesante, pero a fin de cuentas superficial por las mencionadas omisiones del libreto.
También me gustó conocer un poco más sobre las reglas de los remos y sus fundamentos matemáticos, mucho más complejos de lo que imaginaba. Además, el entorno universitario introduce variedad y nuevas perspectivas para extender la gama emocional de la cinta, incluyendo a la Entrenadora Edwards (Kate Drummond) que quiere apoyar a Alex, aunque reconoce los indicios de una malsana fijación; y Amy Forsyth (Hell Fest) como la estudiante con habilidad natural que forma una complicada amistad/rivalidad con Alex.
Por el lado negativo, algunas escenas revelan el bajo presupuesto de la cinta, incluyendo el final que se desarrolla de noche y lloviendo, de modo que no entendí bien lo que estaba pasando.
Afortunadamente la actuación de Fuhrman y su honesto retrato de una personalidad obsesiva me mantuvieron interesado durante The Novice, y podría recomendarla como un thriller deportivo que rompe las reglas para encontrar su propia versión del triunfo... aunque algunos podrían interpretarlo como fracaso. Pensándolo bien, quizás esa sea la respuesta al misterio de Alex... el punto no es ganar, sino nunca darse por vencido. Lo cual significa que yo hubiera perdido desde antes de empezar.
Calificación: 8

IMDb

Wednesday, December 29, 2021

Cordero (Lamb - Dyrid)



Síntomas: Ingvar (Hilmir Snær Guðnason) y Maria (Noomi Rapace) tienen una granja ovejera en las colinas de Islandia. Entonces nace un cordero con extrañas características, y transforma la vida de la pareja. O tal vez la completa.

Diagnóstico: El tema ovejero me remitió de inmediato a la clásica neo-zelandesa Black Sheep, pero en realidad Cordero tiene más en común con la cinta danesa Border: una etérea fantasía folclórica que utiliza elementos sobrenaturales para inspirar la redención de individuos rechazados por la sociedad.
Y, al decir "elementos sobrenaturales" no me refiero a fantasmas, sino a leyendas nórdicas que cobran espeluznante vida en la granja de Ingvar (Hilmir Snær Guðnason) y María (Noomi Rapace), durante una noche que cambiará sus vidas.
El cordero que nace posteriormente es adoptado por la pareja y criado como una hija a la que nombran "Ada", bajo el mutuo entendimiento de que no hace falta buscar explicaciones para este pequeño milagro. Las cosas son así, y no necesitamos cuestionar su origen. Entonces llega a la granja Pétur (Björn Hlynur Haraldsson), el hermano de Ingvar, y su intolerancia siembra discordia y amenaza la felicidad de la familia.
Como es habitual en el cine europeo, Cordero expresa ideas complejas casi sin palabras, apoyándose en las sobrias actuaciones de un brillante reparto, y en la melancólica atmósfera conjurada por la cinematografía de Eli Arenson y la música de Þórarinn Guðnason. Creo que no hay diálogos durante los primeros diez minutos de la película (por lo menos), y sin embargo entendemos lo que está pasando, a pesar de que el director Valdimar Jóhannsson solo nos muestra colinas nevadas, ovejas nerviosas, y una áspera respiración de algo o alguien que se aproxima a la remota granja. Por cierto, la primera escena con los caballos salvajes me dejó pasmado... no porque sea llamativa, sino porque requiere genuinas actuaciones equinas que no sé cómo obtuvieron. Y lo mismo aplica a los demás actores cuadrúpedos, ya sean las ovejas, o el perro y el gato de Ingvar. Spoiler: El perro no sobrevive. El gato... no estoy seguro.
Lo cual nos lleva a Ada, una maravillosa creación de sorprendente realismo. No esperaba este nivel de sofisticación en una modesta producción sueco-islandesa, pero después descubrí que Jóhannsson trabajó en los efectos especiales de grandes producciones hollywoodenses, incluyendo Prometheus, Rogue One y The Tomorrow War, lo cual explica muchas cosas.
Imagino que algunas personas podrían encontrar Cordero un poco absurda, o hasta ofensiva por su cándido retrato de una familia muy "alternativa"; pero en lo personal disfruté su delicioso sabor cultural, visión artística, y manejo del "realismo mágico" para prestar credibilidad a una incongruente situación. Después de todo, lo más importante es que Ada sea feliz.
Calificación: 9

IMDb

Monday, December 27, 2021

Don't Look Up



Síntomas: Los astrónomos Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) y Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) descubren un cometa que chocará con la Tierra en seis meses, y tratan de informar al gobierno sobre la inminente catástrofe... pero la Presidenta Orlean (Meryl Streep) rechaza la advertencia porque afectará su popularidad en las próximas elecciones.

Diagnóstico: El director Adam McKay (The Big Short, Vice) realizó la película Don't Look Up como respuesta a la apatía global sobre el cambio climático y la inacción gubernamental (no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo) que, en el mejor de los casos, está "heredando" el problema a las siguientes generaciones que tal vez tendrán tecnología superior y motivación más inmediata para resolverlo; o, en el peor de los casos, está destruyendo el futuro de una población que habitará un mundo muy distinto al que conocemos ahora, sufriendo crisis similares, pero a una escala catastrófica. Bueno, más catastrófica de lo que vemos actualmente.
Para hacer su mensaje más impactante (ja, ja), McKay utiliza la metáfora de un cometa gigante que chocará con la Tierra en seis meses... una emergencia clara y tangible que afectará a cada ser vivo de nuestro planeta. Y entonces procede a ilustrar cómo reaccionarían los políticos, los medios de comunicación, y el público general en esa situación, basándose en el irracional extremismo que hemos visto durante crisis reales como la pandemia de Covid-19 y la proliferación del totalitarismo a nivel mundial.
Todo lo cual significa que Don't Look Up (disponible en Netflix) es una sátira social burda y estridente, que no cambiará las opiniones de las personas que ataca porque ni siquiera se preocupa por humanizarlas o entender su punto de vista. En vez de eso los reduce a caricaturas que sirven como blanco fácil de nuestras burlas... lo cual es indudablemente gracioso, pero contraproducente desde el punto de vista didáctico.
Habiendo dicho eso, reí bastante con Don't Look Up, y me pareció muy acertada su visión de una sociedad dividida que no puede reconocer las amenazas reales a su existencia porque está muy ocupada con discusiones triviales y rivalidades fomentadas por instituciones dedicadas a su propio beneficio, y no al de las masas anónimas que manipulan sin escrúpulo alguno. Nada nuevo, pero hoy más peligroso que nunca por la creciente complicidad de las autoridades que les permiten actuar impunemente.
Y no solo es culpa del gobierno y del "uno por ciento", sino de individuos normales que se dejan engañar por las distracciones que compiten por su atención. O al menos así interpreté los papeles del Dr. Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) y Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), astrónomos inteligentes y meticulosos que obedecen el método científico para confirmar la existencia de un cometa "asesino de planetas". Pero cuando el descubrimiento los hace famosos, su actitud cambia y revela la fragilidad de la naturaleza humana... o su capacidad para adaptarse a su entorno.
En papeles secundarios tenemos un desfile de celebridades que representan diversas facetas de la sociedad, exagerando sus rasgos básicos (a veces mucho, a veces poco) para aumentar el humor y hacer más elocuente el mensaje de la cinta. Entre ellos: Meryl Streep como la mercenaria Presidenta Orlean; Jonah Hill como el inepto Jefe del Gabinete; Tyler Perry y Cate Blanchett como conductores de un noticiero que pone más énfasis en entretenimiento que en información; Mark Rylance como un líder tecnológico que podría salvar al mundo; Rob Morgan como director de la Oficina Coordinadora de Defensa Planetaria (un departamento real de la NASA); y Ron Perlman como el noble héroe militar dispuesto a sacrificarse por su planeta... o al menos por su país. Todos hacen un valiente esfuerzo por añadir emoción al discurso satírico de McKay, y crear un poco de textura a sus planos personajes.
Entonces, creo que Don't Look Up es mediocre como propaganda, pero muy divertida como comedia ácida que me hizo reír lo suficiente para ignorar su elitismo. Desde luego estoy de acuerdo con su mensaje e ideología; pero también reconozco que un berrinche partidista no convencerá a nadie. Por otro lado, a estas alturas es mejor reír que llorar, así que no debería quejarme.
Calificación: 8

IMDb

Sunday, December 26, 2021

Matrix: Resurrecciones (The Matrix: Resurrections)


Síntomas: Hace veinte años Thomas Anderson (Keanu Reeves) diseñó "The Matrix", una exitosa trilogía de videojuegos; y ahora, mientras trabaja en la cuarta parte, Anderson empieza a cuestionar su futuro... y la realidad misma.

Diagnóstico: The Matrix (1999) es una de mis películas favoritas de ciencia ficción, y creo que ha "envejecido" bastante bien gracias a su perfecto balance entre drama, acción, y temas filosóficos que se mantienen relevantes a pesar de las décadas transcurridas desde su estreno. Incluso diría que se volvió profética en nuestro presente, controlado por algoritmos e inteligencias artificiales que nos esclavizan de una manera distinta a la propuesta por la película, aunque igualmente perniciosa y abusiva.
Lamentablemente las secuelas (The Matrix: Reloaded y The Matrix: Revolutions) no alcanzaron esa óptima fusión de intelecto y emoción. En vez de eso se sumergieron en confusa palabrería, "mcguffins" improvisados, y una historia cada vez más complicada para disimular la ausencia de las ideas que impulsaron la brillante original.
Y ahora, The Matrix: Resurrections combina las fallas y aciertos de aquella trilogía, ofreciendo algunos conceptos interesantes, sólida acción y adecuado melodrama... pero también más palabrería, incomprensibles decisiones sobre ciertos personajes, y un "look" curiosamente genérico que ignora el distintivo estilo visual de la trilogía para adoptar la estética insípida e intercambiable de los "blockbusters" contemporáneos.
En mi opinión, el balance final de The Matrix: Resurrections se inclina ligeramente hacia el lado positivo... pero fue mucho menos de lo que yo esperaba para el regreso de esta icónica franquicia que merecía algo más ambicioso en su fondo y más audaz en su forma para dejar su marca en el cine de acción, como hizo The Matrix hace veinte años.
En fin... supongo que pudo ser peor.
Entre los conceptos interesantes destacaría la primera media hora de The Matrix: Resurrections, donde la directora Lana Wachowski y sus co-guionistas David Mitchell y Aleksandar Hemon emplean una especie de "meta-nostalgia" repleta de referencias y traviesos "easter eggs" para explicar la situación de Thomas Anderson (Keanu Reeves) y resolver algunas incógnitas (pero no todas) sobre la primera trilogía, al mismo tiempo que satirizan la industria del cine, y aluden al origen de esta secuela (aparentemente el estudio Warner Bros. estaba dispuesto a hacer una nueva película de The Matrix con o sin la colaboración de Wachowski). El humor se siente un poco forzado, pero refleja la intención de desafiar expectativas y jugar con nuestra percepción de The Matrix como fenómeno cultural, lo cual me pareció un buen punto de partida para "deconstruir" la mitología de la saga.
Desafortunadamente la novedad se evapora cuando regresan los clichés (como monólogos incomprensibles y conflictos arbitrarios), junto con algunas "resurrecciones" literales que me parecieron insultantes. En serio, si no pudieron contratar a los actores originales, hubiera sido mejor crear roles nuevos para llenar las mismas funciones, en vez de "rebootearlos" con irritantes ajustes de imagen y "actitud".
Por el lado positivo: Neo y Trinity (Carrie-Ann Moss). Sin profundizar demasiado en sus arcos dramáticos, diré que mantienen la química de antaño, y su relación sigue siendo el eje emocional de la película, ayudándola a librar los agujeros del libreto, y a consolidar sus torpes digresiones en un propósito concreto que me dejó razonablemente satisfecho al final de la película. También merecen mención Jessica Henwick (Love and Monsters) en el papel de "Bugs"; Neil Patrick Harris (Downsizing) como "El Analista" (mediocre papel, excelente actuación), y los espectaculares escenarios futuristas diseñados por Hugh Bateup y Peter Walpole que realmente se sienten como una evolución del mundo que visitamos hace tantos años.
A pesar de tantas quejas, reconozco que The Matrix: Resurrections tiene suficientes virtudes para justificar su existencia (aunque desde luego habrá opiniones divididas), y para despertar nuestro interés por nuevas historias en este universo, suponiendo que tenga suficiente éxito para garantizar más secuelas. Digamos que fue un "re-nacimiento" difícil, con algunas complicaciones y momentos de pánico; pero logró establecer las bases de un futuro próspero y lleno de posibilidades que me gustaría ver, incluso si nunca es tan bueno como el pasado. Acepto la píldora roja... pero voy a guardar una azul en el bolsillo, solo por si acaso...
Calificación: 8

IMDb

Friday, December 24, 2021

¡Feliz Día de la Vida!


¡Feliz Día de la Vida para todos los lectores de Cápsulas de Cine! Que el Capitel Negro les traiga incontables bendiciones para festejar en compañía de su familia y seres queridos, disfrutando abundante fruta shi-shok y raíz de orga. Ya sea que estén en Kashyyyk o en un planeta de otra galaxia, reciban mis mejores deseos de salud y prosperidad. ¡El próximo año nos vemos en Batuu!

Sinceramente, Pablo "Lumpy" Del Moral
Diciembre, 2021

Being the Ricardos



Síntomas: La comediante Lucille Ball (Nicole Kidman) es acusada de comunismo en 1953, poniendo en peligro su popular serie televisiva, y también su matrimonio con el músico cubano Desi Arnaz (Javier Bardem).

Diagnóstico: En la película The Trial of the Chicago 7 (2020), el guionista y director Aaron Sorkin transformó un modesto evento histórico del siglo veinte en un potente manifiesto político con gran relevancia para la época actual. Y ahora en Being the Ricardos, Sorkin intenta hacer lo mismo con una crisis televisiva que involucra temas tan importantes como persecución ideológica, feminismo, y la influencia del dinero en la expresión artística. Desafortunadamente esta vez falló la magia de Sorkin (en mi humilde opinión), y ni sus grandilocuentes diálogos ni su virtuosa dirección despertaron mi interés por el insípido melodrama de Being the Ricardos... aunque eso no significa que sea una mala película. Simplemente no pertenezco al segmento del público que podría apreciarla mejor.
¿Cuál es ese segmento? No estoy seguro. Probablemente fanáticos de Lucille Ball y I Love Lucy, el icónico "sitcom" de los años cincuentas que rompió récords de popularidad (60 millones de espectadores semanales, lo cual ni siquiera podrían soñar los éxitos modernos como Friends o Seinfeld), derribó barreras culturales (empezando por un actor cubano invadiendo el "Prime Time" norteamericano*), y estableció el proceso creativo, metodología técnica, y las fórmulas narrativas que sustentaron la comedia televisiva hasta nuestros días (solo ahora, con la popularidad del "streaming" y la disrupción de los viejos esquemas del patrocinio, estamos viendo un poco de innovación en los "sitcoms" del siglo veintiuno).
Perdón por esa digresión tan larga, pero vale la pena recordar la importancia de I Love Lucy en la cultura popular, y las repercusiones que hubiera tenido su cancelación en el momento cumbre de su fama por culpa del "pánico comunista" que sacudió a la sociedad norteamericana en los años cincuentas.
Entiendo por qué Sorkin se interesó en este pasaje del folclor televisivo; pero su difuso libreto da muchas vueltas, trata de hacer demasiadas cosas al mismo tiempo, y no logra encontrar el enfoque dramático hasta el tercer acto, cuando la cinta mejora considerablemente. Sin embargo ya pasó mucho tiempo, y el demoledor final apenas funciona como premio de consolación.
Las acusaciones de comunismo no solo afectaron a Lucille Ball (Nicole Kidman) y su esposo Desi Arnaz (Javier Bardem), sino a todos los trabajadores de I Love Lucy, incluyendo al sufrido productor Jess Oppenheimer (Tony Hale), los escritores Madelyn Pugh (Alia Shawkat) y Bob Carroll (Jake Lacy), el reparto secundario que incluye a Vivian Vance (Nina Arianda) y William Frawley (J.K. Simmons), los ejecutivos de CBS Howard Wenke (Clark Gregg) y Joe Strickland (Nelson Franklin), y hasta la empresa Philip Morris, patrocinadora del programa. Ahí es donde Sorkin fragmenta nuestra atención con múltiples sub-tramas que nunca "pegan" correctamente, a pesar de compartir un mismo origen. Solo cuando regresamos al conflicto básico de Lucille y Desi Being the Ricardos alcanza la intensidad emocional que debió encontrar desde el principio. Pero, como dije, ya es muy tarde.
Por el lado positivo tenemos el increíble diseño de producción y la fenomenal actuación de Nicole Kidman en el papel de Lucille Ball. Además de la transformación física (el maquillaje prostético es excelente, aunque no perfecto), Kidman captura los retos y contradicciones de una visionaria artista/empresaria con absoluta dedicación por todos los aspectos del programa... incluso los que no le correspondían. Ball preparó el camino para futuras luminarias como Tina Fey, Amy Sherman-Palladino y Mindy Kaling... pero algunos obstáculos claramente persisten a pesar del progreso social obtenido.
A fin de cuentas puedo recomendar Being the Ricardos como una interesante recreación histórica apoyada en una memorable actuación; pero sus ideas se pierden en un libreto indulgente y pretencioso que dice más sobre Aaron Sorkin que sobre los individuos que retrata. Hay una buena película de hora y media escondida en Being the Ricardos; solo es cuestión de paciencia para tolerar los cincuenta minutos sobrantes.
Calificación: 7.5

IMDb

* Por cierto, esa "invasión cubana" tardó casi setenta años en repetirse, hasta el estreno en 2019 de la serie Abby's, estelarizada por la actriz cubana-americana Natalie Morales; naturalmente se canceló en la primera temporada.

Wednesday, December 22, 2021

Spencer



Síntomas: A principios de los 90s, las tensiones crecen entre la Princesa Diana (Kristen Stewart) y la Familia Real británica durante las vacaciones navideñas que comparten en la fastuosa Casa Sandringham.

Diagnóstico: Es muy difícil encapsular la vida de una figura histórica en dos horas de película. Por eso algunas "bio-pics" (como Judy, Shirley y Colette) han adoptado la innovadora estrategia de enfocarse en un evento específico para capturar el carácter de la persona, en vez de gastar tiempo en datos y fechas que probablemente olvidaremos al terminar la película.
Y ahora Spencer hace lo mismo, pero mejor que las demás, en mi humilde opinión.
En vez de mostrarnos el modesto origen de Diana Spencer (Kristen Stewart), su romance con el Príncipe Charles (Jack Farthing), y su meteórico ascenso a celebridad global, el director Pablo Larraín se limita a seguir a Diana y sus hijos William (Jack Nielen) y Harry (Freddie Spry) durante la Navidad que celebran con la Familia Real en una enorme mansión inglesa. En otras palabras, una tensa reunión familiar que revela con devastadora elocuencia la brecha cultural entre la nueva Princesa de Gales y los miembros de una rancia dinastía obsesionada con tradiciones y protocolo.
Es obvio que Diana no pertenece a esa jaula dorada, y quiere evitar que sus hijos caigan en la trampa del privilegio que les ofrece su posición social. Por eso Diana se rebela constantemente contra la tradición, creando conflictos con sus parientes para recobrar un pequeño grado de control en una vida dominada por opiniones ajenas.
El único respiro de Diana en ese sofocante entorno es Maggie (Sally Hawkins), su vestidora personal, amiga y confidente. Larraín utiliza sus conversaciones para explorar la crisis existencial de Diana, y para resolver algunas dudas sobre su situación... ¿son válidas sus quejas sobre una vida que muchas personas envidiarían? ¿Cuál es su función específica en el laberinto de la Monarquía? Y, sobre todo, ¿dónde termina la Princesa y comienza Diana?
Hace algunos años el director chileno Pablo Larraín implementó una estructura similar en la cinta Jackie (sobre la viuda de John F. Kennedy), pero Spencer es una obra superior en todos los sentidos. La experiencia visual es impresionante, con opulentas locaciones que no son un simple adorno, sino la manifestación física de una economía severamente desequilibrada. Los famosos vestidos que transformaron a Diana en un ícono de la moda británica representan otro aspecto del control que la Corona ejerce sobre su persona. Y, finalmente, la extraordinaria actuación de Kristen Stewart trasciende la simple mímica (aunque en ese nivel también es sorprendente) para explicar la angustia de la Princesa por medio de diálogos metafóricos (como su obsesión con el espantapájaros), gestos sutiles pero contundentes, y escenas surrealistas que borran la línea entre realidad y fantasía (como el asunto de las perlas, o las visitas de un hipotético fantasma). Genuinamente me sorprendió el trabajo de Stewart, una actriz que muchas veces subestimé en el pasado. O tal vez Larraín supo canalizar su peculiar estilo de actuación para expresar la ambivalencia del personaje. Como sea, aplausos para todos.
Mi única queja sobre Spencer es que Larraín, Stewart, y el guionista Steven Knight (Woman Walks Ahead) hicieron tan bien su trabajo que en media hora ya entendimos perfectamente el carácter de Diana y sus tribulaciones mentales y domésticas; lo cual deja hora y media adicional para reciclar las mismas ideas, pero con distintos vestidos.
Aún así Spencer merece una entusiasta recomendación como una "bio-pic" experimental que encuentra emociones universales en una situación ajena a nuestra comprensión; y además con altos valores de producción, impecable visión artística, y una de las mejores actuaciones del año. Créanme, yo fui el más sorprendido.
Calificación: 8.5

IMDb

Tuesday, December 21, 2021

Castle Falls



Síntomas: Una organización criminal ocultó una fortuna en el hospital abandonado Castle Heights, y tres individuos con muy distintos motivos harán hasta lo imposible por encontrarla. El problema es que el edificio será demolido en un par de horas.

Diagnóstico: Después de disfrutar durante varias décadas el trabajo de Dolph Lundgren enfrente de las cámaras (a veces irónicamente, no lo niego), sentí curiosidad por Castle Falls, su nueva película como director, donde además colabora con Scott Adkins, una de las figuras más grandes en la acción contemporánea... al menos en las "B-Movies" directas a video (o streaming). ¿Lograrían duplicar la maravillosa dinámica de Universal Soldier: Day of Reckoning? ¿O sería Castle Falls otra genérica producción barata y desechable?
La respuesta es: ni lo uno, ni lo otro. Castle Falls no es perfecta, pero ofrece suficiente suspenso y personalidad para separarla del montón, gracias a su ingeniosa premisa y a la divertida interacción entre Lundgren y Adkins como rivales que necesitan cooperar no solo para cumplir su mercenaria misión, sino para salir con vida del edificio antes de la explosión que lo reducirá a escombros.
Como director Dolph Lundgren muestra buen instinto narrativo y un poco de estilo visual para hacer más interesante la persecución en el hospital abandonado, aprovechando la derruida arquitectura para orquestar peleas breves pero brutales donde siempre existe el riesgo de caer al vacío por las ventanas sin cristales, o detonar accidentalmente los explosivos que cubren las columnas del edificio.
Pero antes de llegar a "lo bueno", Lundgren tropieza un poco cuando establece los melodramas personales de los protagonistas: Mike Wade (Scott Adkins) es un boxeador de Artes Marciales Mixtas que fue obligado a retirarse por su edad, y por algunas lesiones que redujeron su desempeño físico. Por eso busca empleo en la cuadrilla de trabajadores que desmantelan el hospital antes de la demolición definitiva... y descubre accidentalmente varias bolsas de dinero que también está buscando Deacon Glass (Scott Hunter), el líder de una organización criminal. Finalmente, el tercer interesado en el botín es Richard Ericson (Dolph Lundgren), un guardia penitenciario con una hija enferma que necesita una costosa operación. Y así, cada uno por su cuenta se infiltra al hospital clausurado, sin saber que encontrarán competencia muy peligrosa... por no mencionar la inminente explosión que se aproxima.
Las sub-tramas de Glass y Wade funcionan razonablemente bien, pero la de Ericson y su hija se siente como un gran cliché diseñado para generar simpatía sin esforzarse demasiado (por cierto, la adolescente enferma está interpretada por Ida Lundgren, la hija real de Dolph). Y aunque Dolph Lundgren (Don't Kill It) es un adecuado "actor de acción", sus escenas dramáticas constituyen el eslabón más débil de Castle Falls. Afortunadamente son breves y solo sirven para recordarnos el altruismo de su misión. Por su parte, Scott Adkins (Avengement) actúa con los puños, y eso es más que suficiente para mi. Y Scott Hunter ("stunt-man" en muchas cintas de Marvel) es un villano cruel, impulsivo, y siempre dispuesto a sacrificar a sus esbirros para mantenerse con vida hasta el gran final.
Dentro del catálogo reciente de Scott Adkins definitivamente recomendaría One Shot, una cinta más creativa y ambiciosa en todos los niveles. Sin embargo, Castle Falls tiene lo suyo, incluyendo la presencia de Dolph Lundgren, buenas peleas, y el suspenso de la demolición. Nada memorable, pero perfectamente funcional para una tarde perezosa de balazos y patadas. He visto peores.
Calificación: 7.5

IMDb

Sunday, December 19, 2021

Spider-Man: Sin Camino a Casa (Spider-Man: No Way Home)



Síntomas: La vida de Peter Parker (Tom Holland) se complica aún más cuando se revela su identidad secreta. Y, para colmo, no lo aceptan en la Universidad.

Diagnóstico: A pesar de mi obsesión con evitar "spoilers", fue inevitable enterarme de que Spider-Man: Sin Camino a Casa (?) incluiría algún tipo de "crossover" con las previas películas del arácnido... lo cual, francamente, me dio mala espina. Sonaba como forzado "fan service", potencialmente catastrófico para la continuidad del Universo Cinemático, y como un truco desesperado para distraernos de los recientes altibajos de Marvel y las reacciones negativas hacia Black Widow y Eternals (hasta Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings tuvo sus propios detractores). En resumen: parecía confirmar el fin de "los buenos tiempos".
Sirva este excesivo pesimismo para explicar por qué Spider-Man: Sin Camino a Casa me pareció un triunfo narrativo (no exento de problemas), así como un impresionante cambio de dirección que encontré inmensamente divertido, y con amplia libertad para romper las reglas y refrescar la fórmula de Marvel.
No voy a hablar del argumento porque es un placer seguir el laberinto de sorpresas, conflictos, e impredecibles revelaciones del libreto escrito por Chris McKenna y Erik Sommers. Baste decir que Spider-Man: Sin Camino a Casa funciona simultáneamente como conclusión satisfactoria, como un comienzo lleno de posibilidades, y como consolidación del Multiverso que ya se había insinuado en recientes proyectos de Marvel (o adyacentes a Marvel), desde la excelente cinta Spider-Man: Into the Spider-Verse, hasta la serie animada What If...?
Lo cual me recuerda... no olviden quedarse durante los créditos finales (¡Ja, ja! Como si a estas alturas alguien fuera a "olvidar" esa tradición de Marvel) para ver dos escenas adicionales. O, mejor dicho, una escena (ubicada en México, nada menos) y un "trailer" que confirmó algunas de mis teorías sobre dicho Multiverso, y me dejó con grandes esperanzas sobre el regreso de uno de mis directores favoritos al Universo de Marvel. Ya era hora; y, francamente, no sé por qué tardaron tanto en llamarlo.
Otra cosa que puedo decir sin peligro de "spoilers" es que Spider-Man: No Way Home (voy a usar el título original porque la traducción mexicana me hace rechinar los dientes) revela que la trilogía (cuyas dos primeras partes fueron Spider-Man: Homecoming y Spider-Man: Far From Home) representa en cierto modo un "origen" alternativo de Spider-Man, formando una historia "coming of age" donde Peter Parker (Tom Holland) adquiere nueva madurez al enfrentar situaciones que hasta ahora reconocí como el clásico "Viaje del Héroe" (descrito por Joseph Campbell). Me pareció una brillante estrategia del director Jon Watts y del productor Kevin Feige para evitar otra repetición del "origen" que todos conocemos, pero sin sacrificar las lecciones morales y el crecimiento personal que son indispensables para forjar un Héroe (con mayúsculas) digno de nuestra devoción, y respetuoso del espíritu de los comics. En particular me conmovieron las escenas que nos regresan al auténtico Spider-Man de Stan Lee y Steve Ditko, lo cual abre las puertas para retomar todas aquellas historias que parecían obsoletas bajo el complejo contexto post-Blip. Y ni siquiera fue necesario recurrir al Multiverso para lograr este milagro; bastó con recordar la esencia del personaje, y el frágil equilibrio que siempre ha existido entre Peter Parker y Spider-Man.
Ya dije mucho sin decir nada, así que terminaré con un par de quejas menores sobre Spider-Man: No Way Home: el evento que introduce el Multiverso me pareció inconsistente con el carácter de los personajes; y aunque admiré la intención de restaurar la dignidad de algunos mediocres villanos... no todos tuvieron suerte. Ni hablar; como dice Stephen Strange (Benedict Cumberbatch), no se puede salvar a todos.
Calificación: 9.5

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Saturday, December 18, 2021

The Card Counter



Síntomas: William Tell (Oscar Isaac) aprendió a "contar cartas" en presidio, y ahora gana suficiente dinero en los casinos para mantener una vida modesta, sin llamar la atención de los demás. Entonces la enigmática La Linda (Tiffany Haddish) le ofrece patrocinarlo para competir en torneos de póquer con apuestas más elevadas; pero el pasado de William regresa a arruinar sus planes.

Diagnóstico: Después de una ilustre carrera como guionista (Taxi Driver, Rolling Thunder, The Last Temptation of Christ) y director (American Gigolo, Cat People), el veterano Paul Schrader sigue encontrando proyectos independientes donde puede expresar su voz creativa sin obedecer los caprichos mercadológicos de Hollywood. Y ahora, después de la aclamada First Reformed, Schrader regresa con The Card Counter, un denso estudio de carácter enfocado en la redención de un protagonista que eventualmente sigue tangentes más oscuras y perturbadoras... pero no por ello menos honestas y satisfactorias. Aunque la opinión de los personajes podría variar.
Todo empieza en la prisión militar donde William Tell (Oscar Isaac) cumple una condena de ocho años, durante los cuales se vuelve experto en juegos de naipes y desarrolla una estricta disciplina que le permite vivir como jugador profesional cuando recobra la libertad; pero Will tiene cicatrices psicológicas que lo aíslan de los demás y le impiden formar lazos emocionales. Entonces conoce a dos personas muy distintas que necesitan algo de él: La Linda (Tiffany Haddish) lo ha estado observando y reconoce su potencial para competir en torneos de póquer más grandes y lucrativos; y el joven Cirk Baufort (Tye Sheridan) sabe que Will sirvió en el ejército con su padre, y quiere algunas respuestas. Y así, las interacciones con La Linda y Cirk empiezan a transformar a Will, hasta que debe tomar difíciles decisiones sobre su futuro... y su pasado.
Las actuaciones de Tiffany Haddish (The Oath) y Tye Sheridan (Ready Player One) se integran orgánicamente al complicado tapiz dramático de The Card Counter, pero la película le pertenece a Oscar Isaac, quien probablemente encontró el mejor papel de su carrera (hasta el momento), lo cual es decir bastante después de cintas como Ex Machina, A Most Violent Year y Dune. En cada escena de The Card Counter Isaac añade detalles que revelan el trauma de "Will Tell" (un pseudónimo significativo por su precedente literario, y simbólico en el contexto del póquer); pero, como buen jugador, Will reprime lo que siente para impedir que los demás adivinen sus reacciones en diversas circunstancias, ya sea compitiendo con los "peces gordos" de un casino, o cuando surge la oportunidad de vengarse por una transgresión del pasado. The Card Counter es una de esas películas engañosamente pasivas que generan altos niveles de suspenso y ansiedad. Tal como me gustan.
Por su parte, Schrader experimenta con un estilo visual sucio y abigarrado para retratar el sórdido infra-mundo del póquer profesional y sus pintorescos habitantes. Y, por el lado del libreto, introduce paralelos metafóricos entre la mesa de juego y la filosofía personal de Will, donde sus sencillos preceptos ("Apuesta poco, pierde poco") cobran inesperada relevancia cuando se aplican a situaciones de vida o muerte.
Habiendo dicho eso, advierto que el final de The Card Counter se siente anti-climático y contradictorio al arco dramático del protagonista. Pero también demuestra el compromiso de Schrader con los valores que sustentan la narrativa... y con las implacables realidades del póquer, donde las cartas altas no siempre son ganadoras.
Calificación: 9

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