Monday, January 8, 2018

The Doll



Síntomas: Para que le den celos a su ex-novia Shannon (Isabella Racco), el joven Andy (Anthony Del Negro) contrata una exótica "escort" llamada Natasha (Valeria Lukyanova) durante una semana. Pero cuando llega la chica, es obvio que hay algo anormal en su comportamiento.

Diagnóstico: No hay excusas: The Doll es una pésima película. Sin embargo, no puedo negar que ejerce una extraña atracción con su pesadillesca atmósfera, difusa narrativa, y negro sentido del humor. O al menos así interpreté la profunda estupidez de los personajes y sus atroces actuaciones, que no consiguen un solo momento genuino en situaciones tan absurdas que se acercan al surrealismo. Cuando el mejor actor de la película es Ron Jeremy, estamos en graves problemas.
Aún así, hay algo fascinante en la inversión de roles de esta cinta "slasher", donde tenemos a una enigmática mujer cometiendo asesinatos a diestra y siniestra, motivada por... algo que no revelaré, aunque resulta bastante obvio desde el principio, cuando presenciamos su... origen. La directora/escritora/productora Susannah O'Brien (PhD) cambia la típica máscara del asesino por el inescrutable rostro de Natasha (Valeria Lukyanova), cuya plástica perfección oculta mortales intenciones. Digamos que también es una máscara, pero en vez de disfrazar su identidad, oculta su torcida psicología, lo cual le permite acercarse a sus víctimas porque, desde luego, ¿quién tendría miedo de una esbelta y etérea belleza con grandes ojos azules, escultural cuerpo y larga cabellera rubia que fluye... como un río... de oro... ?
Perdón. ¿En qué estaba? Ah, sí. El cambio de papeles en The Doll es el único elemento medianamente original, pero bastó para mantener mi interés durante sus escasos ochenta minutos, pues ni siquiera las muertes son suficientemente brutales o sangrientas para distraernos de sus problemas narrativos. Solo al final se vierte suficiente "gore" y vísceras para compensar un poco la insipidez del resto de la cinta. Y, como podemos suponer, en vez de "chica final" tenemos un "chico final" que intenta escapar con vida. Pero entonces las cosas se complican con la adición de elementos sobrenaturales que rompen el clásico esquema "slasher", conduciendo a un final ambiguo que no resuelve el misterio ni parece tener sentido alguno. En fin... al menos puedo decir que The Doll encontró un ángulo fresco e inusual (¿irracional?) para adornar su nebuloso argumento.
Como dije, los actores son terribles, pero con un poco de imaginación podemos tomarlos como parte del humor de la cinta. Basta con ver la escena donde Andy intenta "llorar" cuando lo abandona su novia... o cuando un personaje trata de defenderse con un golpe por la espalda. Son momentos tan patéticos que seguramente se planearon como sátira del auténtico cine "slasher", parodiando su eterna falta de lógica y realismo. "Lógica" y "Realismo"... The Doll no se preocupa por esos detalles; simplemente quiere matar gente con un tenue subtexto feminista, iniciar vagas reflexiones sobre obtusas metáforas sexuales... y darle trabajo legítimo a Ron Jeremy. O quizás estoy sobre-analizando, y The Doll solo fue una película muy mala que de algún modo me convenció de tener nobles intenciones, así como un astuto plan subversivo escondido detrás de su caos e ineptitud. Como sea, The Doll logró entretenerme, y me hizo cuestionar si todas aquellas cintas sobre "mujeres psicóticas" de los noventas podrían clasificarse como un sub-sub-género del cine slasher. Interesante discusión para otro día... cuando esté menos hipnotizado por esos ojos azules y vacíos.
Calificación: 6

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Saturday, January 6, 2018

Más Fuerte que el Destino (Stronger)



Síntomas: Jeff Bauman (Jake Gyllenhaal) sufre severas heridas durante los ataques terroristas del Maratón de Boston y, con ayuda de su familia y su ex-novia Erin (Tatiana Maslany), inicia el lento camino a la recuperación física y mental.

Diagnóstico: De ninguna manera negaría la importancia de una película como Más Fuerte que el Destino, cuya intención es crear conciencia sobre los efectos de la violencia después del impacto inicial, cuando los medios ya dejaron de reportar la noticia, pero las consecuencias reales persisten para muchas personas durante el resto de sus vidas. Para ello, el director David Gordon Green (Our Brand is Crisis) se enfocó en el caso específico de Jeffrey Bauman, un individuo normal cuya existencia (y la de su familia completa) se vio abruptamente transformada después de las explosiones en el Maratón de Boston del año 2013. Hace algunos meses vimos la cinta Patriots Day, dedicada a la búsqueda de los terroristas y la investigación de sus métodos y motivos; y ahora, Más Fuerte que el Destino nos muestra la cara oculta de la tragedia... una de tantas historias anónimas que empezaron cuando estallaron aquellas bombas.
Habiendo dicho eso... la verdad es que Más Fuerte que el Destino no me pareció una película muy interesante, ni particularmente recomendable. Admiro su punto de vista, pero como experiencia cinematográfica fue demasiado lenta y poco satisfactoria. De hecho, a pesar de sus excelentes valores de producción, sólida dirección y sobresalientes actuaciones, siento que un documental sobre las víctimas (tal vez más de una, para ofrecer una visión más diversa de los retos que enfrentaron) hubiera funcionado mejor, capturando los testimonios de las familias reales, en vez de las versiones "hollywoodificadas" que nos presenta esta cinta.
Espero que no suene insensible esta opinión; como dije, Más Fuerte que el Destino es una valiosa celebración del espíritu humano; simplemente le faltó ese "algo" que la hubiera convertido también en una película memorable.
Entre sus considerables aciertos pondría en primer lugar las actuaciones de Jake Gyllenhaal y Tatiana Maslany (una de mis actrices favoritas), enfrentando escenas difíciles y desgarradoras con suficiente disciplina para evitar el morbo o la cursilería. Sus reacciones son perfectamente creíbles, sobre todo cuando se ven abrumados por la combinación de un turbulento romance y la excesiva atención de los medios de comunicación, que adoptaron a Jeff Bauman como representación viviente de la frase "Boston Fuerte", con la cual la ciudad entera (quizás el país) encontró inspiración para superar el dolor causado por el ataque.
El libreto de John Pollono (basado en el libro "Stronger", de Bret Witter y Jeff Bauman) también evita a toda costa el sentimentalismo, presentándonos a la familia Bauman como auténticos "southies", con todo lo que ello implica: a veces vulgares, frecuentemente agresivos y con propensión al alcoholismo (por no mencionar su irritante acento). Rara vez se comportan con propiedad, y viven obsesionados con sus Red Sox y sus Bruins (aparentemente en Boston es válido faltar al trabajo para ver un importante partido de béisbol)... pero ninguna de esas disfunciones debilita los fuertes lazos familiares que los unen. Fue una valiente decisión conservar las estridentes personalidades de los personajes, en vez de "limpiarlos" y beatificarlos para hacer la película más comercial.
Y, finalmente, una mención especial a los estudios Autonomous F/X, Mikros Image y Digital District por combinar magistralmente técnicas digitales y tradicionales para crear las mutilaciones físicas que sufrió Jeff Bauman; se ven tan reales que perturban... lo cual fue exactamente su propósito, como corresponde a una obra que busca la cruda verdad personal detrás de la difusa catástrofe pública. Más Fuerte que el Destino es un sincero y emotivo homenaje a las víctimas y sus familias. Pero como película se quedó corta de sus elevadas metas. En mi humilde opinión.
Calificación: 7

IMDb

Friday, January 5, 2018

La Noche del Demonio: La Última Llave (Insidious: The Last Key)



Síntomas: La médium Elise Rainier (Lin Shaye) regresa a la casa de su infancia, donde descubrió por primera vez sus poderes psíquicos... y el peligro que representan para ella y sus seres queridos.

Diagnóstico: El personaje de Elise Rainier fue uno de los mejores elementos de Insidious y sus dos secuelas (Chapter 2 y Chapter 3). Por eso me dio gusto enterarme de que la cuarta parte, La Noche del Demonio: La Última Llave, estaría dedicada a ese personaje... aunque fuera parcialmente una precuela, porque al parecer necesitamos conocer el origen de todo, y ya no es permitido conservar el misterio de nada.
Sin embargo, ese es el menor de los problemas de La Noche del Demonio: La Última Llave. A falta de ideas frescas, el guionista Leigh Whannell regurgita arbitrariamente los "grandes éxitos" de la franquicia, saturando esta cuarta película con escenas "tenebrosas" que nunca logran formar una historia lógica y coherente.
La trama comienza en 1953, cuando la pequeña Elise (Ava Kolker) empieza a manifestar sus dones extrasensoriales. Esto perturba profundamente a su padre, quien castiga a la niña cada vez que percibe fantasmas en su casa (aparentemente tienen muchos espíritus inquietos porque viven junto a una prisión donde regularmente se ejecutan criminales). Entonces saltamos al presente, cuando Elise (Lin Shaye) y sus ayudantes Tucker y Specs (Angus Sampson y el guionista Leigh Whannell, respectivamente) reciben la llamada de un hombre atormentado por inexplicables fenómenos en su casa... que resulta ser la misma casa donde creció Elise. Y así, entre "flashbacks" y recorridos nocturnos por la decrépita casona, nos vamos enterando de la posible conexión entre Elise y la entidad que está causando problemas.
O al menos esa sería la situación ideal. Desafortunadamente el libreto sigue múltiples tangentes que diluyen el argumento principal, y añade eventos innecesarios para introducir tantos sobresaltos como sea posible (con su inevitable acento musical)... pero nunca consigue evocar el temor o reverencia que debería inspirar el "origen" de la médium Elise. Entre más intentan asustarnos, menos impacto tiene la narrativa, hasta degenerar en un desfile de "¡Boos!" sin sentido ni relevancia emocional. Aunque, desde luego, el director Adam Robitel intenta unificar todas esas sub-tramas durante un tercer acto ridículamente melodramático que no responde nuestras dudas, ni conduce a un final satisfactorio.
Por el lado positivo, La Noche del Demonio: La Última Llave incluye algunos ingeniosos conceptos que merecían un mejor desarrollo, como los "poderes" del villano principal (los cuales me recordaron el comic "Locke & Key", de Joe Hill y Gabriel Rodríguez); y obviamente Lin Shaye se muestra tan creíble y sincera como siempre, aunque el libreto no ofrezca material a la altura de su talento.
El elenco secundario pasa sin pena ni gloria, con excepción del inepto "comic relief" de los "nerds cazafantasmas". Sin duda el humor puede ser complemento perfecto de una buena película de terror (como demostraron Shaun of the Dead, The Return of the Living Dead y Tucker & Dale Vs. Evil, por mencionar unas cuantas), pero en el caso de Angus Sampson y Leigh Whannell, terminan irritando en vez de divertir. Y, para colmo, son básicamente irrelevantes para la trama de La Noche del Demonio: La Última Llave.
Aún con todos estos problemas, es posible que la cinta cumpla las expectativas del público que solo busca previsibles sobresaltos y breves visitas al "Further" (el "más allá" establecido en la primera película), lo cual es perfectamente válido. Sin embargo, como continuación del legado de Insidious, esta cuarta parte decepciona por su insipidez y falta de creatividad, por no mencionar la inexistente atmósfera que distinguió a la original. Es una lástima, pues Lin Shaye merecía algo mejor para su gran momento en la pantalla. Y lo mismo aplica a Elise Rainer... ¿quién hubiera pensado que el origen de un personaje tan interesante sería tan aburrido?
Calificación: 6

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Wednesday, January 3, 2018

Battle of the Sexes



Síntomas: Furiosa por la disparidad económica entre los torneos de tenis masculinos y femeninos, la tenista Billie Jean King (Emma Stone) decide organizar su propia liga femenil en 1973, al mismo tiempo que explora ciertas realidades personales que podrían cambiar su vida.

Diagnóstico: Los directores de Little Miss Sunshine y Ruby Sparks regresan con otra historia "feel good" repleta de drama, comedia e inspiración, esta vez basada en hechos reales que ocurrieron a principios de los años setentas, aunque desafortunadamente persiste su relevancia hasta nuestros días. Otro caso de "entre más cambian las cosas, más se quedan igual".
Es mejor reconocer desde el principio la postura semi-neutral de Battle of the Sexes para no decepcionarse ante su ambigüedad temática e ideológica. Para empezar, no es una biografía de Billie Jean King, y tampoco es una "película de tenis" diseñada para satisfacer a los fans de este deporte (para eso quizás funcionará mejor Borg McEnroe, la cual no vi, aunque tengo entendido que fue bien recibida por los que saben del tema). Y tampoco es el estridente manifiesto feminista que sugiere el título, el cual hace referencia al encuentro amistoso entre Billie Jean King, estrella del tenis femenil, y Bobby Riggs, leyenda del deporte con múltiples triunfos en Wimbledon... y declarado "cerdo chauvinista" que no perdía oportunidad para proclamar la superioridad de los hombres y la inferioridad de las mujeres, lo cual justificaba (en opinión de los patrocinadores) la enorme disparidad entre los premios asignados a cada género en los principales torneos de tenis.
Tal vez la mejor manera de describir el mensaje de Battle of the Sexes es que intenta mostrarnos la diferencia entre “igualdad” y “superioridad”. Tal como lo hizo Cannibal Women in the Avocado Jungle of Death en 1989, pero esta vez con mejores actores (¡mucho mejor pagados!), y todos los recursos técnicos de Hollywood. El resultado me pareció muy interesante y entretenido, aunque no fue necesariamente lo que yo esperaba.
Parte de esa sorpresa fue el tiempo que los directores Jonathan Dayton y Valerie Faris dedican a un triángulo romántico que explora una faceta distinta de las políticas sexuales de los años setentas, cuando aún reinaba la intolerancia de décadas pasadas, a pesar de la supuesta "revolución sexual" promovida por el movimiento "hippie". Esa fase de la película me pareció muy bien manejada, con suficiente realismo emocional para asimilar los retos de los personajes, pero sin llegar a convertirse en un obstáculo del argumento principal (¿o quizás ESE fue el argumento principal, y el tenis era la trama secundaria?)
Emma Stone presenta una versión muy "Hollywood" de Billie Jean King, socialmente inepta pero adorable en su torpeza, la cual se evapora cuando compite con gran ferocidad en la cancha de tenis. Por su parte, Steve Carell realiza un excelente trabajo en el papel de Bobby Riggs, añadiendo considerable humanidad a su bufonesca imagen pública. De hecho, el libreto de Simon Beaufoy añade arteras escenas sobre la vida personal de Riggs para sembrar la duda sobre su actitud chauvinista. Esto forma parte de la ambigüedad antes mencionada... ¿realmente cree Bobby su postura anti-feminista? ¿O simplemente aprovechó la controversia para revivir sus glorias pasadas? Igualmente los directores añadieron pequeños detalles que insinúan la influencia de factores ajenos a la habilidad deportiva durante el gran encuentro entre King y Riggs. Cada quien sacará sus propias conclusiones.
El reparto secundario incluye sólidas intervenciones de Andrea Riseborough (como la estilista "oficial" del equipo), Natalie Morales (como la tenista Rosie Casals), Sarah Silverman (como manager del equipo femenino), Bill Pullman, Alan Cumming, Martha MacIsaac, Fred Armisen, Elisabeth Shue, Jesica McNamee, y muchos otros que hacen su pequeña o grande contribución para llenar Battle of the Sexes con momentos graciosos, dramáticos, o simples toques de carácter que enriquecen la película.
Entonces, Battle of the Sexes es varias cosas al mismo tiempo, pero se abstiene de tomar posturas firmes sobre la amplia gama de temas que maneja. Claro que también habrá puntos de vista opuestos, sugiriendo que la película entera es un panfleto político a favor de ciertas ideas liberales. Tampoco puedo disputar esa opinión. Pero, en lo personal, me pareció una obra inteligente y bien realizada, con excelentes actuaciones que justifican una entusiasta recomendación. Y para Valerie Faris y Jonathan Dayton, creo que representa su ingreso oficial a "las grandes ligas", después de establecer su reputación en el cine "indie". Me gusta la visión de este dueto creativo, y espero que continúen en la misma línea, sin perder ese enfoque peculiar que siempre encuentra el lado positivo del conflicto. Necesitamos más cine de ese en estos días.
Calificación: 9

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Monday, January 1, 2018

Good Time: Viviendo al Límite (Good Time)



Síntomas: Los hermanos Connie y Nick Nikas (Robert Pattinson y Benny Safdie) intentan robar un banco, y todo sale mal.

Diagnóstico: La sinopsis es tan corta porque sería imposible describir la sucesión de eventos que desata el robo bancario planeado por los hermanos Nikas, cada evento más trágico que el anterior, pero con suficientes golpes de suerte para invitarnos a pensar que, después de todo, podrían salir victoriosos de la horrible experiencia. O quizás no. De hecho, el libreto co-escrito por los directores Josh y Benny Safdie (quien también interpreta a Nick), es tan impredecible que esa cualidad termina siendo el mayor acierto y el mayor obstáculo de Good Time: Viviendo al Límite.
Por un lado, nunca sabemos qué esperar durante el pesadillesco día (y noche) del robo bancario. Connie es un oportunista desvergonzado y obviamente inteligente, pero demasiado impulsivo y hasta cierto punto ignorante de algunos riesgos inevitables en su incipiente carrera criminal. Su hermano Nick... bueno, Nick tiene algunos problemas mentales que hacen sus reacciones aún más inciertas, tanto para Connie como para el espectador.
Esta volátil combinación, junto con algunos "twists" muy bien implementados (gracias al tenso libreto co-escrito por ambos directores), hacen que Good Time: Viviendo al Límite ofrezca una sorpresa tras otra a lo largo de dos horas, apretando las tuercas del suspenso y variando entre drama y humor negro sin previo aviso. Y tampoco saben qué esperar las víctimas inocentes (y no tan inocentes) de Connie y Nick que se ven atrapadas en el turbulento "heist", incluyendo a Jennifer Jason Leigh, Taliah Webster y Barkhad Abdi (más conocido como el líder pirata en Captain Phillips).
Además, podemos añadir el fantástico estilo visual de Good Time: Viviendo al Límite, cuya cinematografía repleta de colores saturados y precisos claroscuros revelan la inesperada belleza de las locaciones más mundanas, ya sea el inmundo baño de una pizzería, o un parque de diversiones cerrado durante la noche. El director de fotografía Sean Price Williams es tan importante para la narrativa como los actores mismos, y su trabajo eleva un simple thriller criminal a niveles casi virtuosos. Y, finalmente, la música de "Oneohtrix Point Never" (Daniel Lopatin) pulsa con esos tonos electrónicos que nos trasladan al período ochentero de Tangerine Dream y Giorgio Moroder, pero con un filo contemporáneo para confirmar que no es un simple capricho "retro", sino el ideal complemento psicológico para la alucinante aventura de los hermanos Nikas.
Por el lado negativo... la historia es tan impredecible que degenera en simple caos. Eventualmente sentí cómo mi interés disminuía hacia el final de la cinta, cuando la trama se vuelve tan complicada que abandona la misión original de Connie. Claro, este desfile de violentas crisis y catástrofes personales denota la noble intención de los cineastas por evadir los clichés del thriller (lo cual merece todo mis respeto), al mismo tiempo que refleja la anarquía del mundo real... pero una cosa es romper esquemas, y otra es abandonar la estructura hasta el punto de extraviar el propósito original de la cinta. O al menos el propósito que capturó nuestra atención al principio.
De cualquier modo Good Times: Viviendo al Límite me pareció un excepcional thriller que recomendaría con plena confianza para fans de After Hours y Trainspotting, pues evoca similares emociones y un increíble nivel de suspenso con apoyo de dos excelentes actuaciones (me complace decir que Good Time: Viviendo al Límite podría ser el proyecto que rescate la carrera de Robert Pattinson, haciendo olvidar a los directores de casting su pasado vampírico). Después de todo, es conveniente tomar una dosis ocasional de caos narrativo para balancear la previsible normalidad del cine hollywoodense.
Calificación: 8.5

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¡Feliz 2018!



Que el monstruo marino de la vida haga llover leche azul de la felicidad durante el nuevo año, y muchos más. Que el cine siga siendo tan malo como bueno para mantener vivo el diálogo y las diferencias de opinión. Y que alguien, en algún momento, publique Half Life 3. Muchas felicidades para los lectores de Cápsulas de Cine, y mi infinito agradecimiento por su apoyo y entusiasmo durante el 2017. ¡Feliz Año Nuevo!

Sunday, December 31, 2017

El Gran Showman (The Greatest Showman)



Síntomas: Cuando es despedido de su empleo como oficinista, Phineas Taylor Barnum (Hugh Jackman) decide seguir sus sueños, y funda un museo de "curiosidades" en Nueva York... el cual es un fracaso. Pero de ese tropiezo recibe la chispa de inspiración para crear uno de los circos más famosos del mundo.

Diagnóstico: Este es el problema que tengo con los musicales: siempre que la historia empieza a ponerse interesante, la interrumpen con una canción que me "saca" de la película porque se siente como una desviación forzada, en vez de integrarse orgánicamente a la narrativa.
Desde luego hay excepciones. The Last 5 Years es un buen ejemplo de una historia contada por medio de canciones. También tenemos el sub-género de "ópera rock", donde la música reemplaza a los diálogos (como en Jesus Christ Superstar, Tommy, etc.) Y, finalmente, mis favoritas son las cintas musicales ubicadas en un entorno teatral (o relativo al espectáculo), donde la inclusión de canciones es lógica y realista; por ejemplo: Phantom of the Paradise, The Commitments, y School of Rock.
Para bien o para mal, El Gran Showman es uno de esos musicales donde las canciones interrumpen la historia justo cuando se pone interesante. Y otro problema fue que tampoco me pareció particularmente interesante. Pero trataré de mantener una mente abierta, considerando que una cinta musical no debería juzgarse por su argumento, sino por la música.
En ese aspecto, El Gran Showman cumple parcialmente lo que promete. Las canciones (compuestas por Benj Passek y Justin Paul) son un poco genéricas, pero la vivaz dirección de Michael Gracey y el contagioso entusiasmo del elenco cubren las debilidades de la partitura y nos ofrecen un espectáculo vistoso con buenas voces y dinámica coreografía para disimular los clichés, así como el casi escandaloso "ret-con" que transforma a P.T. Barnum en un afable filántropo, en vez de un monstruo que explotaba a sus "freaks" y maltrataba animales para diversión del público.
Pero, bueno... supongo que una "bio-pic" realista de P.T. Barnum hubiera sido deprimente, y nadie quiere pensar en eso (el auténtico circo Barnum & Bailey cerró a principios del 2017, después de años de boicots y demandas).
Afortunadamente es muy fácil tragar las fantasías de El Gran Showman gracias al genial Hugh Jackman, quien regresa a sus raíces musicales para demostrar su talento como genuino "showman", capaz de hipnotizarnos con su carisma de estrella de cine, ya sea que esté actuando, cantando, bailando, o todo al mismo tiempo.
En el elenco secundario destacan Michelle Williams como la sufrida esposa de Barnum; Keala Settle como la "Mujer Barbuda"; Zendaya como la trapecista que desafía la intolerancia de la sociedad; y Zac Efron como un reconocido dramaturgo que podría añadir clase al circo de Barnum, para atraer un público más exclusivo. Con frecuencia me quejo de las actuaciones de Zac Efron, pero debo reconocer que me gustó su trabajo en un entorno musical. No sé por qué no lo había hecho antes (es broma... por favor no me envíen enlaces a los números de High School Musical).
Los tres números musicales que más me gustaron fueron: el dueto romántico aéreo (lo reconocerán cuando lo vean); el manifiesto "freak" con el que El Gran Showman intenta ganar conciencia social para que el resto del "show" no se sienta tan frívolo; y la primera canción interpretada por Rebecca Ferguson... con la voz de una cantante semi-desconocida llamada Loren Allred, lo cual parece un engaño digno de P.T. Barnum mismo... o quizás sea un recordatorio de que no importa el método, siempre y cuando el público se divierta. Como sea, la escena funciona.
En el balance final, El Gran Showman me pareció un musical mediano, tan solo redimido por el excepcional desempeño de su elenco. Pero desde luego los aficionados al cine musical podrían tener una opinión distinta (y los que pensaron que La La Land fue demasiado blanda, no han visto nada). En lo personal, vi cantar a Wolverine, y eso bastó para salir satisfecho del cine. La nueva sensación de respeto por Zac Efron fue un beneficio adicional, que probablemente habré olvidado cuando llegue su siguiente comedia vulgar.
Calificación: 8

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Saturday, December 30, 2017

Soy Héroe (I Am a Hero)



Síntomas: El dibujante de manga Hideo Suzuki (Yô Ôizumi) tiene muchos problemas en su vida, pero nada se compara con lo que enfrentará cuando una epidemia de zombies se declara en la ciudad de Tokio.

Diagnóstico: A lo largo de los años Japón ha producido algunas bizarras y extremas películas de zombies (entre mis favoritas: Versus, Wild Zero y The Happiness of the Katakuris), pero me atrevería a decir que ninguna había sido tan ambiciosa en el plano visual y narrativo como Soy Héroe, la cual conjuga efectos prácticos y digitales para mostrar épicas escenas de devastación urbana y algunas de las más sangrientas muertes que he visto en este género; pero al mismo tiempo tiene cuidado de mantener el arco dramático del protagonista en primer plano, siguiendo su evolución de un "otaku" inmaduro al supuesto héroe que proclama el título de la película.
El director Shinsuke Sato sabe que los zombies ya están muy vistos, y será difícil que asusten al público con los mismos trucos de siempre. Entonces, tomando la pauta de algunas de las mejores cintas del género (como Day of the Dead y Shaun of the Dead), Sato restaura algo que normalmente se pierde en la transformación a muerto viviente: la humanidad de las víctimas. Los zombies de Soy Héroe pueden hablar, y mantienen cierta conciencia que los hace repetir sus rutinas cotidianas de manera obsesiva e irracional. Eso crea momentos de humor y surrealismo, pero también añade una terrible melancolía a los zombies, pues podemos reconocerlos como los humanos que fueron, en vez de convertirse en simples monstruos anónimos listos para recibir su "headshot".
Y vaya que veremos "headshots". Como dije, los efectos de Soy Héroe son un placer para los sentidos (o una tortura para la gente que no tolere las películas de terror... pero en ese caso, ¿por qué entraron a ver una cinta de zombies?) La cinta derrama abundante sangre, se regodea en grotescas muertes, y diseña un "look" muy creativo para las víctimas, cuyos síntomas progresan hasta deformarlos de exóticas maneras, logrando un efecto perturbador y repulsivo... pero no exento de cierta inhumana belleza.
Y, como respiro entre ataques y escapes, presenciamos el desarrollo de Hideo Suzuki (Yô Ôizumi), dócil asistente en una editorial de manga que nunca cumplió sus sueños de convertirse en estrella del medio. Su vida personal es patética, y hasta sus mejores (únicos) amigos se burlan de su apocada actitud. Entonces se desata la epidemia zombie y, más por accidente que por auténtico heroísmo, Hideo salva a una niña llamada Hiromi (Kasumi Arimura), lo cual inicia una cadena de eventos que los llevan a un centro comercial donde un grupo de sobrevivientes encontró refugio (exactamente igual que en Dawn of the Dead, pero totalmente distinto). Y aquí es donde Soy Héroe retoma otro concepto clásico del horror: ¿quiénes son los monstruos reales... los zombies o los humanos que abusan de los demás para garantizar su propia supervivencia?
Mi única queja con Soy Héroe es que, con dos horas de duración, se siente excesivamente larga, tomando múltiples pausas que reiteran, una y otra vez, las inseguridades de Hideo y su temor a "crecer" en todos los sentidos... como persona, como artista, y como el incipiente "héroe" que idealiza en todos sus comics. Desde luego estoy a favor de un personaje multidimensional y bien definido... pero me llegaron a cansar las monótonas introspecciones de Hideo y sus pusilánimes expresiones de auto-compasión.
Afortunadamente el tercer acto de Soy Héroe salva la situación con una larga secuencia de acción que no se detiene hasta el satisfactorio final (un poco agridulce), el cual me dejó con una sonrisa, y con la seguridad de que acababa de presenciar una de las más ingeniosas cintas de zombies en mucho tiempo. Bueno, al menos en algunos meses... después de todo, este año también nos trajo It Stains the Sands Red, The Girl With All the Gifts, y Seoul Station. En resumen, Soy Héroe fue el excelente cierre de un año muy favorable para los zombies, demostrando que la saturación puede tomarse como reto creativo para inyectar nueva vida (ja, ja) en estas trágicas criaturas. Y para separarlos de sus cabezas por todos los métodos posibles.
Calificación: 9

IMDb

Friday, December 29, 2017

El Implacable (The Foreigner)



Síntomas: Después de perder a su hija en un ataque terrorista en Londres, Quan Minh (Jackie Chan) busca desesperadamente a los culpables, al mismo tiempo que presiona al Sub-Ministro irlandés Liam Hennessy (Pierce Brosnan) para que investigue entre sus antiguos contactos en el IRA.

Diagnóstico: Antes que nada, una advertencia muy importante: El Implacable no es una película DE Jackie Chan, sino una película CON Jackie Chan. Esto significa que El Implacable no es la típica cinta de aventuras donde Chan hace chistes y nos deleita con sus exageradas acrobacias, "stunts" y coreografías de artes marciales. En vez de eso, El Implacable es un tenso thriller político enfocado en las turbulentas relaciones entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña, donde el frágil proceso diplomático que ha mantenido la paz está en peligro de colapsar, regresando a la horrible violencia y asesinatos que atormentaron esa región durante el siglo veinte. Y, bueno, la cinta ciertamente incluye algunas peleas donde Chan luce su habilidad (aún impresionante a los 63 años de edad), pero nunca son el punto central de la película, sino una consecuencia de los trágicos eventos que comienzan con una bomba en las calles de Londres.
Quizás me equivoco, pero creo que El Implacable también ofrece la primera actuación "seria" de Jackie Chan en una película rodada en inglés (aunque está co-producida por varios estudios chinos)... y debo decir que su desempeño me pareció excelente. Probablemente no ganará premios (sobre todo con ese acento que dificulta entender sus parlamentos), pero su interpretación de un hombre devastado por la pérdida de su hija y empeñado en castigar personalmente a los culpables, trasciende el popular cliché de "padre en busca de venganza" que hemos visto en tantos thrillers genéricos de bajo presupuesto. Su actuación es honesta y conmovedora, incluso cuando sus métodos se vuelven tan extremos que se acercan peligrosamente a la brutalidad de los actos terroristas que cometen "los malos". Pero, como dije, El Implacable no es una cinta con la violencia prefabricada de algún clon de Taken, sino un relato con raíces complicadas, donde la ideología es más peligrosa que las explosiones (al menos metafóricamente).
En el papel del ex-terrorista convertido en burócrata, Pierce Brosnan aprovecha su edad y herencia irlandesa (incluyendo el acento real que muy rara vez lo dejan usar en sus películas) para crear un personaje interesante y realista, dividido entre la lealtad a su pueblo y las duras realidades de la política moderna. Todos quieren la paz, pero nadie está de acuerdo sobre el método adecuado para conseguirla. Unos se inclinan por represión... otros por bombas.
Imagino que esa provocativa ambigüedad moral proviene del libro The Chinaman (escrito por Stephen Leather) en el que se basa El Implacable. Y, como ha ocurrido en otras adaptaciones literarias, el libreto de esta película sufre de personajes excesivos, sub-tramas intrascendentes, y eventos confusos que debieron explicarse mejor (en todo caso sugiero una visita a Wikipedia antes de ver El Implacable, para llenar los huecos en la escabrosa historia del IRA).
Sin embargo, por imperfecto que sea el resultado final, El Implacable me pareció una experiencia fascinante, bien balanceada, y con el adorno adicional de Jackie Chan luciendo su talento dramático a la par de su legendaria habilidad como artista marcial. Pierce Brosnan merece igual aplauso por una valerosa interpretación que simultáneamente honra y critica a su natal Irlanda. Y, finalmente, también merece mención el veterano director Martin Campbell, redimiéndose por Green Lantern y recordándonos que su fuerte son las historias con carácter, y no los efectos especiales. Ojalá tenga más oportunidades de seguir su vocación.
Calificación: 8.5

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Thursday, December 28, 2017

Blade of the Immortal (Mugen no Jûnin)



Síntomas: El samurái renegado Manji (Takuya Kimura) cometió atroces crímenes para vengar la muerte de su hermana, y fue castigado con una maldición que lo hizo inmortal. Y ahora, muchos años después, Manji es contratado como guardaespaldas de Rin Asano (Hana Sugisaki), una niña en busca de venganza por la muerte de sus padres.

Diagnóstico: Para su centésima película (la primera fue en 1991... ¡lo cual da un promedio de 3.8 películas por año!), el aclamado director japonés Takashi Miike regresa al cine "chambara" (de samuráis), adaptando un inmensamente popular manga cuya longevidad rivaliza la trayectoria del director. Y no sé si habrá sido una feliz coincidencia o una decisión intencional, pero en muchos aspectos Blade of the Immortal podría verse como una metáfora de la carrera de Miike, llena de altibajos, y con una promesa de vida eterna que parece apropiada para este prolífico e incansable cineasta. No por nada el samurái Manji tiene el apodo de "el asesino de 100". Pero, bueno... de las cien películas de Miike, cuando mucho habré visto un diez por ciento (mis favoritas son Ichi the Killer, Visitor Q, y Audition), así que será mejor dejar el análisis simbólico en manos de expertos especializados en la filmografía del director.
Pasando al tema relevante, Blade of the Immortal tal vez sea auto-indulgente y demasiado larga (dos horas y veinte minutos), pero me pareció una estrategia apropiada para enfatizar el cansancio del protagonista, cuya inmortalidad no fue una recompensa, sino una dura lección moral acarreada por su ciega obsesión con la venganza. Y ahora, su nueva misión como protector de una niña con similar obstinación despierta recuerdos que lo obligan a reflexionar sobre su pasado, presente e incierto futuro, pues finalmente encontró al oponente que podría matarlo y terminar su tortura.
Al mismo tiempo, Blade of the Immortal presenta una interesante lección histórica sobre la disciplina samurái, que estaba dividida en "escuelas" rivales con distintos estilos, hasta que se volvió obsoleta por la insistencia del "shogunato" en desarrollar métodos más contundentes para imponer la ley y controlar a la población (incluyendo el uso de armas de fuego).
Pero, en su aspecto más simple (y divertido), Blade of the Immortal es una serie de brutales combates donde se derrama tanta sangre que llega a crear ríos literales del líquido. ¿Mencioné que Manji es "el asesino de los 100"? Debería añadir que a veces esos cien oponentes atacan al mismo tiempo.
Lo cual nos lleva al único aspecto negativo de Blade of the Immortal: la coreografía de combate. Desde luego, tratándose de Miike, podemos asumir que las peleas serán vibrantes y dinámicas, con chorros de sangre, miembros cercenados, y dolorosas decisiones de ambigua moralidad. Sin embargo, para disimular la incongruencia de un hombre luchando contra múltiples enemigos (a veces decenas), Miike recurre al "shaky cam" y ángulos demasiado cerrados, lo cual hace confusas las peleas y reduce la intensidad de la violencia. Y tampoco hay tanta sangre como uno esperaría con tantas heridas de espada y armas blancas que Manji utiliza con feroz precisión. Sí, a pesar del mencionado "río de sangre", me pareció que no hay suficiente "gore". Pero, bueno, esa fue simplemente mi percepción personal... después de todo, el punto de la película no es la violencia, sino la evolución psicológica del protagonista y su relación con su protegida Rin (Hana Sugisaki), así como la rivalidad con Anotsu Kagehisa (Sôta Fukushi), un joven guerrero con prodigiosa habilidad que decidió unificar las Escuelas de artes marciales bajo un inflexible criterio que rompe las tradiciones milenarias.
Sin embargo, incluso con esas molestas tomas cerradas y erráticos movimientos de cámara, Blade of the Immortal me pareció una película muy recomendable gracias a su enorme belleza visual, sólido impacto visceral y adecuado flujo narrativo, respaldando su filosofía con delirantes secuencias de acción de principio a fin que no opacan los detalles de las actuaciones ni las meditaciones sobre los beneficios y desventajas de la vida eterna... sobre todo cuando está dedicada a la venganza. Siempre conviene mantener un sano balance, como bien sabe Takashi Miike. Veremos cuántos años tarda en completar sus siguientes cien películas.
Calificación: 8.5

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