Friday, April 17, 2020
All is True
Síntomas: En el año 1613, el dramaturgo William Shakespeare (Kenneth Branagh) regresa al pueblo de Stratford-upon-Avon para reconciliarse con la familia que descuidó durante muchos años, mientras seguía su carrera teatral.
Diagnóstico: Todo lo que sé sobre William Shakespeare lo aprendí en los comics de Neil Gaiman y en las películas de Kenneth Branagh... lo cual no es decir mucho. Sin embargo, fue suficiente para disfrutar All is True, una exquisita ficción histórica donde Branagh (como actor y director) deja volar a su "fanboy" interno para rendir tributo a su ídolo, especulando sobre los eventos posteriores al retiro de Shakespeare en el pueblo de Stratford-upon-Avon, donde se reunió con su esposa Anne Hathaway (Judi Dench) y sus hijas Judith (Kathryn Wilder) y Susanna (Lydia Wilson) después de "abandonarlas" durante los años que pasó en el teatro Globe de Londres. En otras palabras, es como Logan para fans del Bardo.
Y, al igual que Logan, All is True no se enfoca en los grandes éxitos del protagonista, sino en la psicología de un notable individuo que intenta adaptarse a la vida "normal" con variables resultados, al mismo tiempo que repara lazos afectivos deteriorados por el tiempo y la negligencia.
A pesar de su irónico título, All is True es un relato ficticio inspirado en hechos reales (el retiro de Shakespeare, el incendio del teatro Globe, sus escándalos familiares), pero con diálogos y detalles creados por el guionista Ben Elton para llenar algunos huecos en la biografía de "el Hombre de Stratford".
Hablando de lo cual, Branagh y Elton también aluden oblicuamente al eterno debate sobre el "auténtico" autor de las obras de Shakespeare. Creo que Branagh no alberga duda alguna sobre la legitimidad de William Shakespeare; pero también nos presenta situaciones hipotéticas (como una larga conversación con el Conde de Southampton, interpretado por Ian McKellen) que responden algunas preguntas comunes sobre su habilidad literaria (por cierto, si a alguien le interesa ese tema, recomiendo el documental Nothing is Truer Than the Truth, de la directora Cheryl Eagan-Donovan; no trago por completo sus conclusiones, pero es una de las teorías más convincentes y mejor documentadas que he visto).
Además de su actuación, Branagh destaca como director, colaborando con el diseñador James Merifield y el director de fotografía Zac Nicholson para capturar los detalles de la vida rural en el siglo diecisiete, así como los extraordinarios paisajes que deleitan nuestros sentidos en casi todas las escenas. Y desde luego, no podemos olvidar las actuaciones de un impecable reparto con amplia experiencia teatral. De Judi Dench e Ian McKellen no podíamos esperar menos (la mencionada escena entre Shakespeare y el Conde de Southampton es ELÉCTRICA, y bastaría por sí sola para recomendar All is True), pero también hay actores y actrices menos conocidos que demuestran estar a la altura de sus célebres colegas. Mis favoritos fueron Kathryn Wilder como Judith, la hija menor de Shakespeare, calificada como "solterona" porque ya cumplió 28 años sin pareja formal; Lydia Wilson como Susanna, la hija mayor, casada con un puritano que odia la frivolidad del teatro y la mala reputación de su suegro; y Phil Dunster en un breve papel como admirador de Shakespeare que lo acosa con las típicas preguntas de cualquier fan... "¿Cómo puedo convertirme en escritor? ¿Cuál es su obra favorita? ¿A qué otros dramaturgos admira?" Es una maravillosa escena que Branagh dirige con pícaro ingenio, satirizando el culto de la fama que ya existía hace cuatrocientos años, y probablemente existirá en cuatrocientos más.
En conclusión, All is True me pareció un sólido drama "de época" con perfectas actuaciones y elegante producción; pero su valor real es como "fan-fiction" de un experto en Shakespeare que humaniza la leyenda por medio de un melodrama digno de su propia pluma (con todo lo bueno y malo que ello implica), combinando drama, humor, y un estudio de carácter cuya fidelidad histórica me tiene sin cuidado. Después de todo, como el mismo Shakespeare dice, "nunca he permitido que la verdad se interponga en el camino de una buena historia".
Calificación: 9
IMDb
Wednesday, April 15, 2020
Sea Fever
Síntomas: Como parte de sus estudios universitarios, la joven Siobhán (Hermione Corfield) viaja a bordo de un barco pesquero para estudiar anomalías en la fauna marina y analizar patrones migratorios en el Mar de Irlanda. Pero lo que encuentra no está en ningún libro de Biología Marina.
Diagnóstico: Sea Fever muestra influencias de Alien, The Abyss, y hasta The Thing; pero la atmósfera náutica y el entorno geográfico añaden un maravilloso realismo que transforma un simple relato de horror en algo más íntimo, como una leyenda irlandesa que se repite en los bares del puerto para advertir sobre los peligros del mar.
Y todo comienza con la estudiante que se une a la tripulación del barco Niamh Cinn-Óir (se pronuncia "Niv Kin-Or") con el fin de estudiar la fauna del Mar de Irlanda. La joven Siobhán es una típica "geek" académica, socialmente inepta y absolutamente enfocada en su trabajo, lo cual complica la interacción con sus compañeros de viaje... por no mencionar que es pelirroja, símbolo de mal agüero para estos supersticiosos pescadores. Entonces el pequeño barco es atacado por un extraño animal que nadie reconoce; y, aunque eventualmente escapan, algunos tripulantes empiezan a actuar erráticamente. ¿Habrán contraído "fiebre marítima"?
La directora Neasa Hardiman aprovecha el choque de culturas entre Siobhán (Hermione Corfield) y los pescadores para elevar el drama a bordo del pequeño navío, y mostrar las diversas opiniones sobre el "monstruo" (o lo que haya sido). Los dueños Gerard (Dougray Scott) y Freya (Connie Nielsen) ven una oportunidad económica, mientras que Siobhán reconoce la importancia de descubrir una nueva especie con extraños mecanismos de cacería y reproducción. Sin embargo no hay tiempo para investigar, ya que la "fiebre" se convierte en algo más grave que pone a todos en peligro. Y así, utilizando los escasos recursos a bordo del barco, Siobhán y el ingeniero Omid (Ardalan Esmaili) intentan encontrar una solución... o al menos evitar la propagación del contagio con una cuarentena voluntaria. Lo cual no será fácil, como estamos viendo en el mundo real.
Ahí es donde entran en juego las influencias de Alien y The Thing: la tripulación aislada que enfrenta una amenaza biológica; la paranoia que los divide y siembra desconfianza; y la improvisación de métodos y herramientas para combatir algo que ni siquiera comprenden. El resultado es una película compacta y bien equilibrada entre el suspenso de un misterio científico y el conflicto moral de los personajes. Y esta dualidad se extiende a los aspectos visuales de Sea Fever (mención especial para la espectacular fotografía submarina de Ruairí O'Brien y Christina Karliczek), obteniendo una sobria visión que respeta ambos puntos de vista. Como ejemplo puedo señalar una escena casi poética, donde Freya admira la estela luminosa que deja el barco en su travesía nocturna. Siobhán identifica de inmediato el fenómeno como fito-plancton luminiscente; pero Freya le explica que es el cabello de Niamh, la diosa acuática que protege a los pescadores de Irlanda. Es una escena breve y aparentemente irrelevante, pero captura la complicada mezcla de "creature feature" y folclor que da como resultado una película recomendable, aunque muy alejada de los estándares del horror convencional. Digamos que el monstruo de Sea Fever no es la criatura misma, sino la ignorancia y el egoísmo del hombre frente a las maravillas de la naturaleza. Claro que estas maravillas pueden exterminarnos sin dificultad alguna.
Calificación: 8
IMDb
Monday, April 13, 2020
We Summon the Darkness
Síntomas: En el verano de 1988, las jóvenes Alexis (Alexandra Daddario), Val (Maddie Hasson) y Beverly (Amy Forsyth) asisten a un concierto de heavy metal, donde conocen a tres "metalheads" con una buena provisión de cerveza. Entonces deciden continuar la fiesta en la casa de Alexis... pero la diversión se interrumpe por un culto satánico que ha estando cometiendo asesinatos rituales en la región.
Diagnóstico: Aunque no tienen conexión alguna, We Summon the Darkness haría una buena "doble función" con Satanic Panic, otra reciente película dedicada a satirizar el pánico mediático de los cultos satánicos en los ochentas, así como las bandas de rock pesado que corrompían a la juventud y la inspiraban a vender su alma al Diablo. O quizás a Ozzy Osbourne.
En ese nostálgico marco cultural se desarrolla We Summon the Darkness, una cinta entretenida y bien realizada, pero con algunas fluctuaciones de tono que confunden las expectativas del público... no necesariamente para bien. La premisa sugiere un travieso desfile de sangre y violencia a ritmo de heavy metal para satisfacer a los fans del "gore"; sin embargo un inesperado "twist" cambia la perspectiva de la cinta y nos lleva a un territorio más serio e introspectivo donde toma predominancia el comentario social. En resumen: We Summon the Darkness empieza con un pícaro guiño y termina con un sermón, reflejando las buenas intenciones de sus realizadores, y al mismo tiempo el error de combinar objetivos tan distintos en una película demasiado ligera para resistir el peso de su ambición.
Por el lado positivo, We Summon the Darkness emplea un reparto carismático y atractivo, con un alto nivel de energía para mantener nuestra atención cuando el libreto flaquea. En los papeles de las chicas "rockers" tenemos a Maddie Hasson (God Bless America) como Val, alegre e impulsiva, y siempre dispuesta a llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias; Amy Forsyth (Hell Fest) es Beverly, la joven cauta y retraída que desconfía inmediatamente de sus nuevos "amigos"; y Alexandra Daddario (We Have Always Lived in the Castle) interpreta a Alexis, rebelde y desafiante del sentido común... como cuando invita a su casa a los tres "metaleros" que acaban de conocer. Estos jóvenes son Ivan (Austin Swift), Mark (Keean Johnson), y Kovacs (Jogan Miller), un poco irritantes, pero inofensivos. Y, como genuinos devotos del rock, pueden hablar durante horas sobre el despido de Dave Mustaine de Metallica, la falacia del "hair metal", y su melancolía por la muerte de Cliff Burton. Entonces la situación se complica, y los seis jóvenes deberán luchar por sus vidas... y tal vez sus almas. Pero principalmente sus vidas.
Posteriormente llega el mencionado "twist", y We Summon the Darkness se transforma en un thriller de "invasión doméstica" que intenta denunciar el peligro del extremismo religioso (sin importar la deidad que se adore) y la hipocresía de líderes que no temen romper sus propias reglas para proteger sus intereses económicos. Como dije, nada nuevo (y mucho menos en el género de terror), pero razonablemente bien ejecutado, y con ese barniz cultural de los ochentas que hace todo más irónico y abstracto.
Hablando de ironía; la banda sonora de We Summon the Darkness no incluye clásicos del metal ochentero (lo más cercano es un corte de Mercyful Fate), pero hay dos canciones "pop" que me hicieron sonreír por el absurdo contraste con la cultura metalera. Ah, y otro componente post-moderno es la presencia del ex-Jackass Johnny Knoxville como un predicador cuya estridente retórica cristiana oculta una vida privada menos piadosa.
We Summon the Darkness es el resultado de una volátil combinación de mensajes e ideas que no siempre "pegan" bien; pero, a fin de cuentas, los actores rescatan la película y la transforman en una experiencia recomendable, aunque menos satisfactoria de lo que sería con menos aspiraciones dramáticas. A veces lo simple funciona mejor; y no todo necesita "decir algo" para justificar su existencia.
Calificación: 7.5
IMDb
Sunday, April 12, 2020
Light From Light
Síntomas: El viudo Richard Barnes (Jim Gaffigan) cree que el espíritu de su esposa está tratando de comunicarse con él, y le pide ayuda a Shelia Garvin (Marin Ireland), ocasional "cazafantasmas" con posibles habilidades extrasensoriales.
Diagnóstico: Light From Light fue producida por David Lowery, cuya cinta A Ghost Story me pareció un extraordinario relato de fantasmas que se alejó por completo del horror para explorar el aspecto filosófico de la muerte en una pareja de clase media. Y ahora Light From Light se encuentra en la misma situación... la sinopsis sugiere una típica historia de "casa embrujada", pero en realidad es un melancólico estudio de carácter sobre individuos frágiles y solitarios que encuentran alivio espiritual en una actividad de grupo... en este caso, la búsqueda de un fantasma en una supuesta casa embrujada. Es irrelevante si el fantasma es real o no. Lo importante es presenciar la transformación de estos vulnerables individuos, cuya desdicha existencial evoca emociones universales de aislamiento, tristeza, e incertidumbre sobre el futuro.
En una película tan corta y relativamente simple como Light From Light es mejor saber lo menos posible sobre el argumento. Entonces, solo describiré a los personajes que participan en esta excéntrica misión pseudo-científica, ostensiblemente para resolver un misterio paranormal, pero en realidad para enfrentar sus conflictos internos.
Hace un año Richard Barnes (Jim Gaffigan) perdió a su esposa en un accidente, y no ha superado la tragedia; sin embargo existen otros factores que complican su reacción al "espíritu" que se manifiesta por medio de perturbaciones eléctricas y objetos que cambian de lugar. Shelia (no "Sheila") Garvin (Marin Ireland) adoptó el pasatiempo de detective paranormal por ciertos eventos en su niñez que sugerían "sensibilidad" extrasensorial. Pero, más allá de un simple "hobby", Shelia busca algún estímulo que la saque de su depresión; y tal vez la existencia de la vida después de la muerte hará más tolerable su soledad actual. Owen (Josh Wiggins) es el hijo adolescente de Shelia, y la ayuda con la parte técnica de la pesquisa... aunque está más preocupado por la relación con su amiga Lucy (Atheena Frizzell), quien obviamente busca una conexión más íntima y duradera.
Entonces comienza la investigación, y vemos cómo influye en la psicología de los personajes. Incluso podríamos decir que el "fantasma" representa distintas cosas para cada uno de ellos; y cada pieza de evidencia ofrece un nuevo paso en su aprendizaje emocional (además de A Ghost Story, también podríamos comparar Light From Light con Personal Shopper).
Para lograr este pequeño milagro de eficiencia narrativa, el director y guionista Paul Harrill reunió un reparto que se pierde por completo en la esencia de los personajes. Marin Ireland explica sin palabras la opresión de Shelia en su rutina laboral, y el persistente dolor de un corazón roto; Jim Gaffigan es más conocido por sus rutinas cómicas, pero su desempeño dramático es excelente en el papel de Richard. Y aunque Josh Wiggins y Atheena Frizzell tienen papeles secundarios como Owen y Lucy, capturan sin dificultad la inseguridad de la adolescencia y el tímido desarrollo del primer amor.
Todo esto significa que Light From Light es otro melodrama "indie" lento e introspectivo, libre de sobresaltos, y sin efectos especiales. Pero ese es el punto... no se trata de cazar fantasmas, sino de encontrarle sentido a la vida; y tal vez descubrir en la muerte la razón para vivir.
Calificación: 8.5
IMDb
Friday, April 10, 2020
The Room
Síntomas: El pintor Matt Dewitt (Kevin Janssens) y su esposa Kate (Olga Kurylenko) se mudan a una vieja casa de campo con la intención de renovarla; entonces descubren un cuarto secreto que concede deseos, y todas sus dificultades económicas desaparecen. Pero, desde luego, sus problemas apenas empiezan.
Diagnóstico: The Room (sin relación alguna con la famosa atrocidad de Tommy Wiseau, afortunadamente) es una película de altibajos. Empieza bien, y luego decae; después renace con un fascinante "twist", pero el "twist" se vuelve monótono; luego mejora con una nueva revelación, pero la novedad dura poco; y así va de arriba hacia abajo hasta llegar a un final mejor de lo que yo esperaba... pero solo porque se detuvieron a tiempo. Diez minutos más, y probablemente The Room hubiera tropezado de nuevo.
Lo mismo ocurre con los personajes, quienes alternan arbitrariamente entre personas normales e idiotas irracionales, repitiendo el ciclo hasta que perdí interés en su relación.
Aún así, The Room me pareció un... ¿thriller? ¿misterio? ¿drama familiar? con mayor imaginación y creatividad que muchas otras historias ubicadas en la proverbial "mansión abandonada". El director francés Christian Volckman (The Room es una producción francesa filmada en inglés para promover las ventas internacionales, lo cual supongo que funcionó, ya que fue adquirida por Amazon) podría haber realizado una genérica historia de horror sin ambición alguna; pero decidió hacer algo más profundo e innovador que incluye interesantes reflexiones sobre la condición humana, responsabilidad individual, y el riesgo de aceptar el instinto como motivador único de nuestras acciones.
Solo faltó un libreto más enfocado, sin tantas vueltas ni desviaciones de la premisa principal (los créditos listan cinco escritores, lo cual explica bastante). Los ingredientes básicos de una buena película están presentes, y son de alta calidad... pero el comité de guionistas siguió añadiendo relleno hasta que perdieron el "sabor" original.
Kevin Janssens y Olga Kurylenko hacen buena pareja como jóvenes profesionales (con una tragedia en su pasado, naturalmente) que buscan un nuevo comienzo reparando una mansión abandonada lejos de la civilización. Matt es pintor, y siente un nuevo ímpetu creativo en su nuevo hogar; y Kate es traductora con muchas ofertas de trabajo, pero poco tiempo para aceptarlas. Entonces descubren el cuarto secreto que concede deseos, y básicamente se vuelven temporalmente locos, satisfaciendo todos sus caprichos y sumergiéndose en un miasma de excesos que, como bien sabemos, eventualmente tendrán un precio muy elevado.
Y dicho precio no solo es elevado, sino deliciosamente irónico. Es como un episodio de The Twilight Zone con una sensibilidad moderna y astutas observaciones sobre la cultura consumista y la falacia de la opulencia (conviene recordar que The Twillight Zone tuvo bastantes episodios sobre "ten cuidado con lo que deseas, porque puedes obtenerlo").
Sin embargo, como dije, el camino al excelente final está plagado de inútiles tangentes y forzadas situaciones para complicar el conflicto entre la pareja. También hay un poco de especulación sobre el funcionamiento del cuarto, rodeado de exóticas instalaciones "steampunk"; pero el director prefirió dejar esas preguntas sin respuesta para conservar el misterio, lo cual me pareció muy sensato. Y también disfruté las diatribas de "John Doe" (John Flanders), un hombre que vivió en la misma casa, y terminó en un hospital psiquiátrico. ¿Tendrá las respuestas que buscan Matt y Kate? Tal vez, aunque no son las que querían escuchar.
Las partes "buenas" de The Room me gustaron lo suficiente para disculpar sus partes "malas"; pero hace falta paciencia para sobrellevar tantas digresiones antes de llegar al impactante final. Y, desde luego, no puedo dejar de mencionar la presencia de Olga Kurylenko, una de mis actrices favoritas (categoría: dominatrix rusa)(es broma; la categoría es "B-Movies"), que en esta ocasión lleva sobre sus hombros la carga emocional de la película. Por cierto, deseo sinceramente que se recupere del COVID-19; ya fue bastante malo perder a Adam Schlesinger.
Calificación: 7.5
IMDb
Wednesday, April 8, 2020
Brahms: The Boy II
Síntomas: Después de un evento traumático, el niño Jude (Christopher Convery) deja de hablar, y sus padres lo llevan a una casa de campo para disfrutar un entorno más tranquilo. Entonces Jude encuentra un muñeco de porcelana llamado Brahms, y su condición empieza a mejorar... pero eventualmente se desarrolla una enfermiza relación entre el niño y el muñeco que pone a todos en peligro.
Diagnóstico: En el 2016, la cinta The Boy me pareció una competente variación del subgénero "muñeco maldito" con una tenebrosa premisa, buenas actuaciones, y un excelente twist que, francamente, no dejaba muchas opciones para una segunda parte. Pero eso nunca ha detenido a Hollywood, y el resultado es Brahms: The Boy II, una tediosa e innecesaria secuela que no conservó un solo acierto de la cinta original, y además cometió todos los errores que su predecesora logró evitar. En resumen: una "tormenta perfecta" de codicia e incompetencia, realizada por el mismo director (William Brent Bell) y el mismo guionista (Stacey Menear). Sospecho que aceptaron el proyecto porque pagaba bien, y no porque tuvieran una buena idea para continuar la historia.
The Boy era misteriosa y llena suspenso, mientras que la secuela es obvia, directa, y libre de tensión. Una vez que Jude y sus padres (interpretados por Owain Yeoman y Katie Holmes) llegan a la obligatoria "casa de campo", la cinta se instala en una monótona rutina de eventos paranormales cuyo desarrollo podemos predecir prácticamente desde el primer "susto" (más bien bostezo). Los problemas emocionales de Jude y su madre añaden un poco de melodrama para llenar el tiempo y justificar el cliché de "padre escéptico que no le cree a su esposa, hasta que es demasiado tarde". Owain Yeoman y Katie Holmes no se esfuerzan mucho en sus respectivas actuaciones; y el niño Christopher Convery es demasiado blando para asustarnos con su precoz malicia. Al menos el diseño de Brahms sigue siendo sutilmente perturbador, pero no basta para sustentar cien minutos de pseudo-terror. Necesita tomar clases con Annabelle, o algo así.
Sin embargo, todo esto sería disculpable si el director mostrara mayor convicción para retratar el colapso físico y mental de una familia disfuncional. Lamentablemente lo único que se le ocurrió fueron travesuras infantiles (¿quién prendió el televisor?), un accidente bastante absurdo, y el deplorable cliché del "perro víctima", nada de lo cual inspira horror, interés, o simple curiosidad.
Por el lado positivo... tiene que haber algo... las locaciones son buenas, supongo, y el personaje de Joe (Ralph Ineson) añade un poco de textura como el ermitaño que sabe más de lo que aparenta. Pero eventualmente todo se derrumba por la incertidumbre del director, las apáticas actuaciones, y el "anti-twist" que intenta sorprendernos con uno de los trucos más añejos del cine fantástico.
Ojalá pudiera mencionar algo realmente positivo sobre Brahms: The Boy II. La primera película, sin ser un clásico, me pareció ingeniosa y entretenida. Pero la secuela fue producto de la ambición, y probablemente borrará cualquier futuro que pudiera tener esta franquicia. Nunca sabremos si ese futuro incluía un "team-up" con Chucky.
Calificación: 5
IMDb
Monday, April 6, 2020
Never Rarely Sometimes Always
Síntomas: La joven estudiante Autumn Callahan (Sidney Flanigan) quedó accidentalmente embarazada, y quiere hacer un aborto, pero necesita consentimiento paterno por ser menor de edad. Entonces, en compañía de su prima Skylar (Talia Ryder), Autumn viaja a la ciudad de Nueva York, donde el procedimiento puede realizarse legalmente sin aprobación de sus padres.
Diagnóstico: Es impresionante todo lo que Never Rarely Sometimes Always logra decir casi sin diálogos, y con una historia simple y lineal que se limita a mostrar los banales eventos del viaje de Autumn y Skylar a la ciudad de Nueva York. Desde luego surgen algunas complicaciones a lo largo del camino, y las condiciones no son ideales... Autumn y Skylar apenas tienen dinero, y todo es caro en la gran ciudad, por no mencionar la burocracia involucrada en el procedimiento. Pero aún así el viaje transcurre sin grandes contrariedades. El conflicto es casi inexistente, y la dirección de Eliza Hittman es simple y natural... casi austera.
Sin embargo, todo aquello que no se dice, todas las pausas y silencios, expresan emociones más impactantes que cualquier exabrupto dramático. Never Rarely Sometimes Always es un poderoso ejemplo de una narrativa donde "menos es más", confirmando la capacidad del medio cinematográfico para trascender su forma. Espero sinceramente que Never Rarely Sometimes Always no quede olvidada a fin de año, cuando "La Academia" busque una o dos cintas pequeñas para disimular su obsesión con el dinero de Hollywood. Será un gesto hueco, pero ayudará a que más gente descubra esta extraordinaria joya "indie".
Y ni siquiera he mencionado el escabroso tema de Never Rarely Sometimes Always, seguramente más controversial que sus atributos artísticos. Las películas sobre aborto siempre dividen al público, y sin duda ocurrirá lo mismo con Never Rarely Sometimes Always, aunque la película misma se abstiene de comentar o politizar el tema. La directora y guionista no pierde tiempo en debates; simplemente insinúa las circunstancias de un embarazo no deseado, y las consecuencias de la decisión de Autumn. El resto de la historia se escribe en nuestra imaginación, influenciada por nuestras creencias personales. Incluso diría que no hace falta una postura militante (en uno u otro sentido) para apreciar el razonamiento de la protagonista, y compartir la frustración de los obstáculos (prácticos, psicológicos, humanos e institucionales) que encuentra durante su crisis personal.
Lo cual nos lleva a las fenomenales actuaciones de Sidney Flanigan y Talia Ryder como Autumn y Skylar, respectivamente. El libreto no establece su carácter ni su relación. Como todo lo demás en la película, tenemos que descifrar las pistas en forma de miradas, lenguaje corporal y codificación de términos adolescentes ("It was whatever"). Pero todo radica en el subtexto, y "whatever" basta para entender la represión de sentimientos demasiado abrumadores para expresarse abiertamente. El mejor ejemplo es la escena que le da título a la película, donde Autumn responde un cuestionario clínico. Fueron los minutos más intensos que he visto en una película este año, y justifican una efusiva recomendación para Never Rarely Sometimes Always, un modesto proyecto con más sustancia y emoción que cualquier drama "de prestigio". Como siempre he dicho, el cine realmente avanza en el espacio independiente; todo lo demás es refrito e imitación. Lo cual no tiene nada de malo; a veces el refrito y la imitación son muy satisfactorios; pero nada se compara con la fuerza de una voz original.
Calificación: 10
IMDb
Sunday, April 5, 2020
The Divine Fury (Saja)
Síntomas: Un sacerdote del Vaticano y un campeón de artes marciales se unen para combatir una secta criminal satánica en Seúl.
Diagnóstico: Sí, The Divine Fury es tan descabellada como suena, pero también me pareció muy entretenida (aunque un poco larga), bien actuada, y curiosamente espiritual, sin volverse excesivamente religiosa.
The Divine Fury nunca alcanzó los orgiásticos excesos de horror y artes marciales que yo imaginaba. Por el contrario, el director Joo-hwan Kim trata de mantener la historia en un nivel "realista" (dentro de lo posible), poniendo más atención en el drama individual de los personajes, y en la transformación del protagonista, Yong-hu Park (Seo-joon Park), un famoso campeón de Artes Marciales Mixtas que renunció a la religión después de una tragedia en su infancia.
Sin embargo, cuando Yong-hu empieza a sufrir el fenómeno de "stigmata", el benevolente Padre Ahn (Sung-Ki Ahn) reconoce el conflicto interno del joven, y lo invita a re-evaluar su ideología... ayudándolo a exorcizar demonios controlados por una agrupación criminal que sacrifica almas inocentes para obtener poder supremo (o algo así).
Como dije: un poco absurdo, pero con una sólida base emocional que aporta adecuada motivación a los personajes, y suficiente lógica al argumento. En resumen: The Divine Fury no fue lo que yo esperaba, y aún así me gustó porque tomó una ruta distinta para llegar a las mismas conclusiones.
En el papel principal, Seo-joon Park muestra igual talento para el drama que para la acción. No hay muchas peleas en The Divine Fury, pero cuentan con sólida coreografía y buena edición. Lo mismo aplica a los efectos especiales, juiciosamente utilizados para incrementar los síntomas de posesión (me gustó el fuego blanco), añadir deformaciones faciales, y eventualmente revelar la macabra deidad que adora la secta satánica.
Aclaro: estoy usando el adjetivo "satánico" como genérica descripción de espíritus malignos y religión profana... sin embargo existen indicios de una entidad transdimensional/lovecraftiana que manipula al líder de la pandilla criminal. La cinta no profundiza mucho en esta mitología, pero desde luego prefiero pensar que todo fue un homenaje al horror cósmico de uno de mis autores favoritos.
Por el lado de "los buenos", The Divine Fury utiliza cien por ciento iconografía cristiana, con crucifijos, rosarios, y hasta ropa bendecida por el Papa como "armadura" contra ataques sobrenaturales. The Divine Fury es una producción surcoreana y, en mi ignorancia, yo creía que la población era principalmente budista... pero resulta que la mayoría es cristiana, lo cual aprovecha el director/escritor Joo-hwan Kim para establecer un marco cultural compatible con el mercado internacional de la película, y para transmitir un mensaje positivo de compasión y tolerancia que nunca se siente como panfleto religioso.
Hablando de mercado internacional, lamentablemente la versión de The Divine Fury exhibida en servicios de streaming está doblada; y aunque no es un mal doblaje, hubiera preferido una alternativa subtitulada, sobre todo para escuchar el audio original durante los exorcismos.
Entonces, The Divine Fury no fue "El Exorcista con patadas voladoras", como yo esperaba, sino un denso melodrama espiritual con un poco de acción, buenos efectos, y la promesa de una secuela ("The Green Exorcist") que sin duda me gustaría ver. El cine surcoreano sigue sorprendiendo; y si bien The Divine Fury no alcanza el nivel "clásico" de Train to Busan o Parasite, definitivamente ejemplifica las sorpresas que puede darnos el "filtro cultural" asiático cuando se aplica a géneros muy gastados en Hollywood. Y ahora, por favor, quiero ver una mezcla de thriller policíaco y "creature feature"... pero mejor que Sgt. Kabukiman N.Y.P.D.
Calificación: 8
IMDb
Friday, April 3, 2020
VHYes
Síntomas: En 1987, el niño Ralphie (Mason McNulty) juega con la nueva videocámara de su padre, capturando momentos triviales de su vida, y grabando fragmentos de la programación nocturna en la televisión por cable. Pero entre todo ese caos de imágenes podría esconderse algo siniestro que se alimenta de la "video-obsesión" de Ralphie y su generación.
Diagnóstico: Esa sinopsis no es muy precisa, pero creo que refleja la auténtica intención del director Jack Henry Robbins. Sin embargo, hay que esperar mucho tiempo y escarbar cuidadosamente en la ensalada visual de VHYes para encontrar el eje narrativo que sustenta esta deliciosa y confusa parodia de la televisión ochentera.
Afortunadamente para el público apropiado (viejos nostálgicos de los ochentas como yo)(no me refiero a que tengamos ochenta años, sino a que crecimos en la década de los 80s) esa simple parodia bastará para disfrutar VHYes y reír con su acertada reproducción de los ridículos, sublimes y contradictorios arquetipos televisivos de aquella época.
Entre ellos: el canal de ventas por teléfono donde cualquier baratija es presentada como una joya invaluable; la instructora de pintura (obviamente inspirada en Bob Ross) cuyos cuadros muestran cielos azules y montañas felices... junto con otras cosas menos positivas; la película erótica con las escenas "buenas" cortadas ("Hot Winter"); el experto en antigüedades que examina los "tesoros" del público; el noticiero amarillista con todas las crisis del momento; y, desde luego, el canal con la programación del sistema de cable, acompañado por anuncios de próximos estrenos. Ah, y también aparecen de vez en cuando escenas de una fiesta familiar... porque todo esto se grabó encima del video de la boda de los padres de Ralphie.
La sarcástica burla de estas reliquias culturales me pareció acertada y muy graciosa. Todas empiezan como fieles reproducciones del pasado... pero gradualmente se desvían del formato normal para tomar rumbos oscuros y perturbadores. Por ejemplo, los conductores del canal de ventas tienen un amargo pasado romántico, y van incrementando la ponzoña de sus comentarios a lo largo de la noche. Una noche de constantes cambios de canal que eventualmente conducirán a... algo.
Y en esa incertidumbre radica el principal problema de VHYes. La selección de viñetas mantiene un alto nivel de energía durante la primera mitad de la película... pero terminan volviéndose repetitivas, o nunca llegan a una conclusión satisfactoria (la que menos me gustó fue la imitación de Law & Order donde los detectives ven la confesión grabada de un genio criminal... ¿qué demonios fue eso?) Además, el gran misterio que debería consolidar las piezas del rompecabezas llega demasiado tarde en la forma de un "twist" blando y previsible (me recordó Too Many Cooks) que no hace justicia a la imaginación y esmero del director y su equipo técnico (hablando de lo cual: la apariencia "retro" de VHYes no es producto de manipulación digital, sino de grabar la película en auténticas cámaras Betacam y VHS).
Y, para recordarnos la apócrifa naturaleza de esta video-realidad, aparecen de vez en cuando los rostros semi-famosos de comediantes modernos como Thomas Lennon, Charlyne Yi y Kerri Kenney, por no mencionar los padres ejecutivos... perdón, productores ejecutivos Tim Robbins y Susan Sarandon.
Entonces, VHYes es mediocre como thriller, pero muy recomendable como "collage" artístico que rinde tributo a los ochentas con increíble atención al detalle, y con una turbia estética visual que despertó nostálgicos recuerdos de mi adolescencia frente al televisor. Sí, en aquel entonces no eran "pantallas", sino televisiones. Y las cámaras de video eran exóticos lujos que prometían eterna diversión, y solo generaban montones de videocassettes llenos de polvo que nadie volvería a ver. El poder estaba en el acto de grabar; no en la pasividad de reproducir.
Calificación: 8.5
IMDb
Wednesday, April 1, 2020
Frances Ferguson
Síntomas: Frances Ferguson (Kaley Wheless) está cansada de la apatía de su esposo, de las humillaciones en su trabajo, y de las críticas de su madre. Entonces Frances inicia una cuestionable relación romántica cuyas consecuencias jamás imaginó. O tal vez sí las imaginó, y las encontró preferibles a su situación actual.
Diagnóstico: No sé si Frances Ferguson representa la evolución del cine "mumblecore", o una tardía mutación de Dogme 95, o simplemente es la consecuencia natural de vivir en una época tan surrealista que es difícil distinguirla de una sátira. Por eso no voy a perder tiempo tratando de "clasificarla"; simplemente diré que Frances Ferguson me hizo reír mucho con su abstracta fusión de anti-humor y meta-parodia del matrimonio, las instituciones gubernamentales, y la capacidad humana para adaptarse a cualquier situación, por absurda que parezca. Y logró hacer todo eso en 74 eficientes minutos libres de relleno y rebosantes de carácter.
Por el lado negativo, Frances Ferguson tiene personajes desagradables y momentos de mal gusto; creo que quiere ser demasiado "alternativa" para su propio bien. En algunos aspectos me recordó la serie Arrested Development, no solo por la presencia de un narrador sarcástico, sino por el estilo de "humor incómodo" que no intenta generar carcajadas, sino diseccionar la hipocresía de individuos y grupos sociales que dicen una cosa y hacen otra. A veces sin saberlo.
En el caso de Frances, su infierno personal es el pequeño pueblo de North Platte, Nebraska, donde todos se conocen. Es el tipo de pueblo donde las parejas se casan demasiado jóvenes, tienen un hijo demasiado rápido, y quedan atrapados en huecas existencias de convivencia forzada, porque es más fácil seguir la corriente que encontrar motivación para escapar. Por eso es posible especular que las decisiones de Frances no fueron "accidentales", sino una rebelión inconsciente contra la rutina para ver qué existía más allá de su vida diaria.
Y, de paso, las consecuencias de esas malas decisiones nos muestran los problemas inherentes de las instituciones públicas que quieren hacer algo bueno por la comunidad, pero son incapaces de lograrlo porque cada persona es diferente, y no todos responden igual a los genéricos programas de ayuda que solo buscan cubrir apariencias sin ofender a nadie.
En el papel de Frances, Kaley Wheless es prácticamente inexpresiva; siempre tiene la misma cara, sin importar la situación. Y sin embargo podemos adivinar la amplia gama de emociones que atraviesa en su odisea burocrática. Ah, y Wheless también co-escribió el libreto, apoyando mi teoría de que casi todas las escenas de Frances Ferguson fueron improvisadas para obtener una maravillosa naturalidad que desafía los estándares del cine comercial... ya no digamos las comedias tradicionales. Por eso mencioné la hipotética influencia de Dogme 95, aunque Frances Ferguson incorpora música para afirmar su bizarro tono y traviesa actitud.
Y, finalmente, la cereza del pastel es la narración de Nick Offerman (más conocido como Ron Swanson en Parks and Recreation, una de mis series favoritas de toda la vida, lo cual podría haber afectado mi opinión de Frances Ferguson), muy formal y solemne, pero con ocasionales comentarios personales ("Estoy a favor de las monjas que golpean niños con una regla") o pistas sobre el rumbo que tomará la película ("Esta es la última vez que veremos a este personaje").
En resumen, Frances Ferguson es una oblicua sátira social donde el humor se oculta en los detalles; y por lo tanto podría aburrir al público demasiado impaciente para encontrar pequeñas joyas en la árida narrativa de la película. Sinceramente creo que el director Bob Byington podría ser el siguiente Wes Anderson, lo cual expresa mejor que nada la curiosa naturaleza de Frances Ferguson. Cada quién sabrá si eso es recomendación o advertencia.
Calificación: 8.5
IMDb
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