Sunday, January 19, 2020

Judy



Síntomas: En 1968, Judy Garland (Renée Zellweger) viaja a Londres para dar varios conciertos, pero es difícil mantener la imagen de estrella de Hollywood cuando su vida personal se desmorona a su alrededor.

Diagnóstico: La mayor parte de la gente (incluyéndome) solo conoce a Judy Garland como la protagonista de The Wizard of Oz (1939), una de las más icónicas manifestaciones de la "Era Dorada" de Hollywood. Sin embargo la cinta Judy se enfoca en la vida de Garland treinta años después del Camino Amarillo, cuando su fama había disminuido y los traumas de una infancia destrozada se habían transformado en vicios que frenaban su desempeño como actriz y cantante. Y así, con ayuda de discretos "flashbacks" a la juventud de Judy, el director Rupert Goold teje gradualmente el tapiz de sufrimiento y desesperanza que marcó la edad madura de la protagonista, interrumpidos de vez en cuando por pequeños triunfos que confirmaban su talento, aún palpitante a pesar de los golpes de la vida.
Gracias a la tremenda actuación de Renée Zellweger, Judy captura perfectamente el espíritu de Judy Garland y nos ayuda a comprender las circunstancias que llevaron a ese desalentador período de su vida. Además del alcoholismo (y quizás drogadicción), Garland está peleando por la custodia de sus hijos con su ex-esposo Sid Luft (Rufus Sewell); tiene frecuentes desacuerdos con su nuevo esposo Mickey Deans (Finn Wittrock); y le hace la vida imposible a Rosalind Wilder (Jessie Buckley) y Bernard Delfont (Michael Gambon), los agentes teatrales que la llevaron a Londres como última oportunidad para resucitar su carrera.
En general Judy es una película triste que muestra gran compasión por su protagonista... aunque eso no le impide regodearse en los momentos más trágicos de su ocaso, y en las humillaciones que sufrió durante una carrera llena de gente abusiva que explotaba su talento sin importar las consecuencias para la frágil niña debajo de la "estrella". Francamente, el drama se vuelve un poco cansado a pesar del espectacular trabajo de Zellweger y el excelente diseño de producción que nos transporta al exuberante Londres de los años sesentas.
Supongo que Goold quiso explorar con toda honestidad el colapso artístico y personal de Judy Garland (aunque, estrictamente hablando, Judy está basada en una obra teatral escrita por Peter Quilter, y no en una biografía formal); pero no deja de sentirse como explotación de una vida que tal vez pudo retratarse de una manera más optimista, sin ocultar sus duras verdades. No sé... es como definir a una persona por sus defectos, en vez de celebrar las virtudes que hacen su historia digna de ser contada.
El lado bueno de todo esto, desde luego, es la actuación de Renée Zellweger, quien literalmente desaparece para transformarse en Judy Garland con todas sus características físicas y psicológicas. Creo que hay "buenas actuaciones" donde vemos al actor crear emociones y actitudes que sentimos reales (por ejemplo, todo lo que ha hecho Meryl Streep). Pero también existe un nivel más profundo, donde dejamos de ver al actor y aceptamos al personaje sin cuestionamiento alguno. Zellweger alcanzó ese excelso nivel con Judy Garland, y sin duda merece todo el reconocimiento que está recibiendo... solo hubiera deseado que su actuación perteneciera a una mejor película. Lo cual no significa que Judy sea mala; por el contrario, sus elevados valores de producción, los números musicales (con la auténtica voz de Renée Zellweger, lo cual fue otra revelación), y las actuaciones secundarias (destacando Jessie Buckley, Richard Cordery, y Darci Shaw como la versión adolescente de Judy, cuando aún se llamaba "Frances Gumm") contribuyen a la creación de un producto de alta calidad... pero con una indefinible amargura que casi me arruinó la experiencia. Aquí es donde podemos apreciar las "bio-pics" que prefieren terminar antes de volverse deprimentes.
Calificación: 8 (sería 6 sin la actuación de Renée Zellweger)

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Saturday, January 18, 2020

Bad Boys Para Siempre (Bad Boys For Life)



Síntomas: Los detectives Mike Lowrey (Will Smith) y Marcus Burnett (Martin Lawrence) enfrentan los problemas de la edad y sus nuevas responsabilidades familiares; pero sus vidas se complican cuando el hijo de un antiguo enemigo inicia una mortal campaña de venganza.

Diagnóstico: Hasta el momento solo existía en el plano teórico, pero los directores Adil El Arbi y Bilall Fallah crearon de manera práctica una película de Michael Bay sin la influencia negativa de Michael Bay. Y aunque el resultado no es perfecto (lejos de ello), resultó más lúcido y entretenido de lo que yo imaginaba... siempre y cuando mantengamos nuestras expectativas fieles a la visión "beyiana" de un universo dramáticamente inerte, pero visualmente espectacular.
Sin embargo, la influencia de estos nuevos directores no logra disipar la sensación de anacronismo que empapa cada cuadro de Bad Boys Para Siempre. Desde la primera escena repleta de flojos chistoretes durante una genérica persecución automovilística, hasta la cansada irreverencia de los policías que no obedecen las reglas (¡pero obtienen resultados, demonios!), Bad Boys Para Siempre es un producto del pasado tratando de adaptarse al presente, sin realmente lograrlo. Pero al menos lo intentó.
Gran parte del argumento gira en torno al conflicto existencial entre Mike Lowrey (Will Smith) y Marcus Burnett (Martin Lawrence). Marcus acaba de convertirse en abuelo, y quiere retirarse para disfrutar a su familia. Pero Mike se rehúsa a abandonar al azarosa vida del policía que dispara primero y pregunta después. Es difícil tomar en serio sus discusiones porque siempre ocurren a gritos durante alguna balacera, escape a alta velocidad, o similar cliché de "buddy movie". Afortunadamente Bad Boys Para Siempre gana un poco de sustancia cuando se revelan nuevos secretos que alteran (otra vez) la relación entre Mike y Marcus, lo cual conduce a un tercer acto que casi se siente legítimamente dramático. Pero no por mucho tiempo.
Todo eso sirve como testimonio del buen trabajo (comparativamente) que hicieron Arbi y Fallah para darle sentido y relevancia al hueco espectáculo visual de Bad Boys Para Siempre. Pero, desde luego, los fans de las dos previas películas (Bad Boys, de 1995, y Bad Boys II, del 2003) no regresarán al cine para ver la fina evolución de sus héroes en la edad madura, ¡sino para ver acción, acción, acción!
En ese aspecto, los directores se esforzaron por cumplir las expectativas del público sin sacrificar la integridad del libreto. La acción es ridícula, complicada y espectacular, pero obedece un propósito concreto; y si eso no basta para validar su existencia, también nos distrae con abundante sangre, desenfrenada violencia, y más chistoretes de Mike y Marcus. Pero, por bien que estén implementadas, las secuencias de acción carecen del delirante virtuosismo del genuino Michael Bay (como vimos en la reciente 6 Underground). Por el lado positivo, Bad Boys Para Siempre no degenera en un incoherente desfile de escenas confusas (como vimos en la reciente 6 Underground), así que una cosa por otra, supongo.
Además de Will Smith y Martin Lawrence, tenemos un ecléctico elenco de viejos conocidos y nuevas adiciones que aportan variedad y un nivel ligeramente "meta" de humor. Joe Pantoliano regresa como el iracundo Capitán Howard, constantemente enojado por la indisciplina de Lowrey, pero consciente de que es el mejor detective del Departamento. Theresa Randle, Bianca Bethune y Dennis Greene interpretan a la familia de Marcus, con muchas buenas razones para apoyar su decisión de retirarse. Kate del Castillo y Jacob Scipio son villanos adecuadamente excéntricos y sanguinarios para ajustarse a los estándares de la película (dos palabras: magia negra). Y Paola Núñez, Vanessa Hudgens, Charles Melton y Alexander Ludwig representan la "nueva escuela" de la fuerza policíaca, apoyándose en tecnología e investigación en vez de las irresponsables rutinas de Lowrey. A fin de cuentas nada importa mucho, pero tienen buenos momentos y nos dan un respiro de la exhausta dinámica entre los protagonistas.
Resumiendo: Bad Boys Para Siempre es una mediana cinta de acción con dos metas contradictorias: respetar la añeja fórmula de la acción noventera, y competir con el estilo moderno establecido por las sagas de Mission: Impossible y Fast and the Furious (entre otras). La ausencia de Michael Bay favorece la integridad del argumento, y casi logramos sentir algo por los personajes; pero la acción nunca alcanza el desorbitado nivel de sus "mejores" obras. Cada espectador sabrá que es más importante para su gusto personal. Si es que la franquicia de Bad Boys aún le importa a alguien.
Calificación: 7.5

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Friday, January 17, 2020

1917



Síntomas: Durante la Primera Guerra Mundial, el Cabo Tom Blake (Dean-Charles Chapman) y el Cabo Will Schofield (George MacKay) reciben órdenes de internarse en territorio enemigo para entregar un mensaje que podría salvar miles de vidas, y tal vez hasta cambiar el curso de la guerra.

Diagnóstico: 1917 es una monumental proeza técnica y un sincero homenaje a los sacrificios de los soldados motivados no por alguna abstracta ideología política, sino por la indestructibles hermandad forjada entre individuos que dependen de cada uno para sobrevivir física y mentalmente. El director Sam Mendes creó una historia simple en su forma pero ambiciosa en su fondo (dedicada a su abuelo, cuyas experiencias en la Primera Guerra Mundial inspiraron el libreto), con un mensaje que no está limitado a un conflicto bélico específico, sino a la totalidad del sufrimiento humano.
Habiendo dicho eso... 1917 se siente curiosamente plana y pasiva. Sin duda es una película interesante por su contexto histórico (la Primera Guerra Mundial nunca ha sido popular en el cine, y quizás ésta sea la película más "grande" realizada sobre el tema), y visualmente atractiva por su notable cinematografía y extraordinaria manufactura técnica; pero carece del impacto emocional indispensable en el cine bélico para trascender los clichés del conflicto armado. En otras palabras: 1917 no tiene el mismo efecto emocional que, por ejemplo, Saving Private Ryan, Apocalypse Now, o incluso Paths of Glory. Pero aún así merece una efusiva recomendación por sus innegables virtudes visuales y el talento de los actores que lograron mucho con muy poco.
Dean-Charles Chapman (Blinded by the Light) y George MacKay (Captain Fantastic) interpretan a Tom Blake y Will Schofield, dos soldados británicos seleccionados prácticamente al azar para cumplir una misión de extrema importancia y gran peligro, que los llevará a lo más profundo del territorio francés controlado por el ejército alemán para llevar un mensaje que podría evitar una masacre de tropas aliadas. Entonces, a través de los ojos de estos soldados presenciamos los horrores de la guerra de trincheras, mientras escuchamos sus conversaciones y conocemos gradualmente su carácter y detalles de su vida personal. Y desde luego la misión presentará retos que pondrán a prueba el patriotismo de los soldados, su amistad, y hasta sus principios morales. Chapman y MacKay expresan todo eso y más por medio de actuaciones sutiles y mesuradas. Como buenos soldados británicos, no hay lugar para aspavientos ni desplantes emocionales... y sin embargo sentimos el peso de cada decisión, la tensión de cada paso que los lleva a un destino incierto, impulsados por el honor de su cargo y la responsabilidad que sienten hacia su regimiento, hacia sus superiores, y hacia cada uno. Por cierto, malas noticias para fans de Colin Firth y Benedict Cumberbatch: sus respectivas apariciones apenas ocupan un minuto al principio y un minuto al final (respectivamente). No sé si un poco más de "star power" le hubiera dado más fuerza a 1917, pero Chapman y MacKay hacen un eficiente trabajo como protagonistas, y con eso basta para sostener la película.
No obstante, el auténtico héroe de 1917 es el director de fotografía Roger Deakins (Blade Runner 2049, Sicario). La película simula estar filmada en una toma continua; y, aunque sabemos que existen muchas herramientas digitales para ocultar los cortes y disimular las costuras del proceso de filmación, es impresionante el nivel de coordinación que debió requerir la ejecución de largas escenas meticulosamente coreografiadas y capturadas con una mágica cámara flotante que siempre está en el lugar correcto, y nunca revela sus limitaciones físicas. No es exactamente como la cámara flotante de The Revenant; y tampoco es como Birdman (otra película de "una sola toma"); pero Deakins y Mendes hicieron algo igualmente memorable, que le da una textura única a la película y nos distrae del flojo argumento.
De hecho, podría decir que 1917 vale más por su técnica que por su historia. Y, como tal, merece verse en un cine con buen sonido para disfrutar la experiencia sensorial que nos transporta por igual al campo de batalla en Francia, o a un refugio subterráneo lleno de ecos y sonidos misteriosos. En lo personal prefiero una buena historia por encima de "gimmicks" técnicos... pero cuando los "gimmicks" son tan buenos, bastan para recomendar una película. Y, claro, no podemos olvidar el homenaje a los soldados que soportaron incontables atrocidades para que ahora, cien años después, podamos revivir sus hazañas en la pantalla IMAX con sonido Dolby. Es mejor no pensar en la ironía.
Calificación: 8.5

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Wednesday, January 15, 2020

Memory: The Origins of Alien



Síntomas: Documental sobre la filmación de la película Alien, incluyendo entrevistas con el personal creativo, y análisis de sus influencias religiosas, artísticas y literarias.

Diagnóstico: Con tantos documentales serios y relevantes sobre política, injusticias sociales y ecología, parece irresponsable gastar el tiempo en algo tan trivial como una película de terror de hace cuarenta años. Sin embargo, para fans de Alien (como yo), Memory: The Origins of Alien es una fantástica indulgencia que arroja nueva luz sobre la creación y consecuencias de una de las obras más memorables del cine moderno, y eso basta para justificar el estudio de la mitología detrás de su origen.
O, mejor dicho, mitologías.
El director Alexandre O. Philippe explora el carácter y contexto cultural de muchas personas involucradas en la creación de Alien, empezando por los escritores Dan O'Bannon y Ronald Shusset. O'Bannon escribió una historia incompleta titulada "Memory", que básicamente cubría la primera media hora de Alien, pero no sabía cómo continuarla. Entonces Shusett, tomando inspiración de algunas historias de EC Comics y B-Movies de ciencia ficción, añadió los demás elementos que hoy se han convertido en parte integral de la cultura popular.
Posteriormente se unió al proyecto el director original Walter Hill y el pintor H.R. Giger, cuya pesadillesca visión estableció la estética de la película... o al menos ese era el plan, hasta que Giger fue despedido por los ejecutivos de 20th Century Fox que consideraron su trabajo perverso y enfermizo (desde entonces tenían talento para arruinar cosas buenas, aparentemente). Después Walter Hill renunció, y bueno, no diré más... pero encontré fascinante la mezcla de influencias que cada individuo aportó a la creación de la película.
Memory: The Origins of Alien sigue el formato convencional de un documental, entrevistando por igual a individuos que participaron en la filmación, y fans contemporáneos que ofrecen su interpretación personal de los temas y simbolismo de la cinta. Nada extraordinario o genuinamente innovador, pero aún así es muy interesante diseccionar pequeñas escenas y momentos de Alien que toman nueva dimensión con las explicaciones de estos expertos. Entre los entrevistados "clásicos" están Ronald Shusett, co-escritor; Diane O'Bannon, la viuda de Dan O'Bannon, los actores Tom Skerrit y Angela Cartwright (Sigourney Weaver brilla por su ausencia, desafortunadamente), el inigualable Roger Corman, y el director de arte Roger Christian (quien muchos años despés se volvería famoso por dirigir Battlefield Earth)(aunque Philippe tiene la decencia de omitir ese detalle). Y de este lado del siglo veintiuno el director entrevista a Axelle Carolyn (escritora de Fangoria y Rue Morgue), Ben Mankiewicz (conductor del canal Turner Movie Classics), Clarke Wolfe (del podcast Sending the Wolfe), y el director Adam Egypt Mortimer (Some Kind of Hate, Daniel Isn't Real), quien tiene algunas creativas teorías sobre la famosa escena del "chestbuster".
Lo cual nos lleva al principal problema de Memory: The Origins of Alien (aunque para algunas personas podría ser su principal virtud). Alexandre O. Philippe dedica casi la mitad del documental a la icónica escena donde el embrión del xenomorfo escapa explosivamente del pecho de Kane (John Hurt). Perdón... ¿spoiler? Sin duda es muy interesante recontar los problemas técnicos de la escena, los recuerdos de los actores que participaron en ella, y el "origen secreto" de la criatura (un cuadro religioso de otro pintor moderno). Sin embargo, desde el punto de vista del documental, ahí termina Alien, dejando prácticamente sin mención el memorable tercer acto, y sin analizar las más controversiales decisiones del director Ridley Scott.
Quisiera pensar que esas omisiones sugieren el potencial de una secuela, pero lo más probable es que Philippe simplemente quiso terminar con la escena más famosa de Alien, lo cual es comprensible, pero decepcionante para fans (como yo) que querían un examen más detallado de las acciones del xenomorfo, su ciclo reproductivo, y los demás elementos que constituyen el horror complementario de la ciencia ficción.
A pesar de esa notable falla (en mi opinión), Memory: The Origins of Alien es un documental indispensable para fans de Alien. Incluso quienes ya vieron todos los "extras" de los DVDs, Blu-Rays y hasta Laser Discs de antaño, encontrarán algo nuevo en Memory: The Origins of Alien para enriquecer la experiencia de la saga, e incrementar su aprecio por la "tormenta perfecta" de talentos que se conjugaron mágicamente para crear una obra monumental del horror contemporáneo. Tal vez este modesto documental no cambiará al mundo; pero Alien ciertamente lo cambió, y vale la pena recordar cómo lo hizo.
Calificación: 8.5

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Monday, January 13, 2020

One Cut of the Dead



Síntomas: Durante la filmación de una película de zombies se desata una infestación de zombies reales, lo cual complica la producción... pero también ofrece la oportunidad de alcanzar el nivel de realismo que buscaba el director Hirugashi (Takayuki Hamatsu).

Diagnóstico: Antes que nada, es una pena que One Cut of the Dead haya tardado tantos años en llegar legalmente a sistemas de distribución digital y Video On Demand. Después de recibir aclamación unánime en múltiples festivales de cine, y considerable éxito en mercados especializados, parece mentira que nadie haya aprovechado la oportunidad de distribuirla internacionalmente cuando estaba en su máximo nivel de popularidad. En fin... un ejemplo de que aún falta mucho camino por recorrer para democratizar la distribución global y derribar las arbitrarias barreras regionales que solo perjudican a la industria y fomentan la piratería. Fin del comentario editorial que nadie pidió.
Afortunadamente los rumores son ciertos: One Cut of the Dead es una ingeniosa y divertida re-interpretación del cine zombie, que no solo rinde tributo al género, sino a la tenacidad e imaginación de los autores independientes que lo han mantenido vivo durante tanto tiempo. Y también es una gentil sátira de ese mismo cine, sumergido en tantos "gimmicks" y "retcons" (¿zombies lentos o rápidos?) que a veces es fácil olvidar el valor artesanal y el talento humano detrás de una buena historia de zombies. O de una mediocre historia de zombies.
Pero aquí es donde se complica la situación... la película dentro de la película que se filma en One Cut of the Dead es intencionalmente mala; o al menos intencionalmente barata. Por lo tanto, el director Shin'ichirô Ueda (me refiero al director REAL, no al director que aparece dirigiendo la cinta de zombies dentro de la película) utiliza las mismas herramientas de baja calidad... en parte porque es parte del humor, y en parte porque, sí, One Cut of the Dead también es una película "indie" de bajo presupuesto.
El truco consiste en comprender que no estamos viendo una historia de terror, sino un pseudo-documental sobre colaboración creativa, un drama sobre una familia unida por su afición al cine, y una comedia sobre las peripecias de individuos con buenas intenciones luchando contra una impredecible situación donde todo puede salir mal. Y cuando algo sale mal, es aún más divertido.
Las actuaciones son horribles y brillantes; la cinematografía es totalmente plana y al mismo tiempo ideal para capturar los accidentes de una caótica filmación improvisada; y el libreto de Ueda (basado en la novela "Ghost in the Box", de Ryoichi Wada, aunque no tengo la menor idea de cómo sería su forma literaria) da tantas vueltas sobre sí mismo que parece una banda de Möbius, con dos lados que se fusionan en uno solo y no tienen principio ni final. En resumen: una de las experiencias más "meta" del nuevo siglo.
Estoy inflando la crítica con ambiguos elogios porque no quiero revelar las múltiples e inesperadas sorpresas de One Cut of the Dead. Baste decir que es una auténtica joya oculta absolutamente recomendable... pero no como película de horror, sino como homenaje al cine independiente, confirmando que hasta un sub-género que parecía estéril por tanto uso aún puede sorprendernos... aunque haya tardado tanto tiempo en llegar. Afortunadamente valió la pena la espera.
Calificación: 9

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Sunday, January 12, 2020

Amenaza en lo Profundo (Underwater)



Síntomas: Después de un catastrófico accidente, los tripulantes de la estación submarina Kepler, en la Fosa de las Marianas, deben tomar medidas extraordinarias para sobrevivir. Y entonces las cosas se complican cuando descubren que no están solos en el fondo del mar.

Diagnóstico: En general me gusta el sub-género del "horror acuático", pero tengo especial predilección por las cintas del siglo pasado que trataron de responder la pregunta: "¿Cómo sería Alien bajo el agua?"
Desde las obras "buenas" de aquel período (Leviathan, Deepstar Six), hasta las malas (The Rift, Creature), sin olvidar las ridículas (Lords of the Deep), todas confirmaron una verdad incontrovertible: es muy fácil copiar la fórmula de Alien (criatura mortal cazando gente en los corredores de alguna remota instalación)... pero es prácticamente imposible duplicar el suspenso, horror y drama de la cinta original.
Y ahora Amenaza en lo Profundo (¿cuánto se habrá tardado el Maestro Traductor en crear ese poema descriptivo?) enfrenta la oportunidad de hacer su propia copia submarina de Alien con todos los recursos del siglo veintiuno. ¿Le fue mejor o peor que aquellos arcaicos experimentos analógicos? En mi opinión, le fue bastante bien, con algunos inevitables problemas asociados a la fórmula, y otros relacionados con el personal creativo. Pero Amenaza en lo Profundo me divirtió bastante, y cumplió los mínimos requisitos para recomendarla como un sólido híbrido de horror y ciencia ficción que no extendió demasiado su ambición, ni perdió su sentido del humor.
Lo primero que destaca en Amenaza en lo Profundo es la urgencia de la narrativa. Cualquier otra película hubiera dedicado quince o veinte minutos para introducir a los personajes, sus roles dentro de la base submarina Kepler, y las dinámicas personales que veremos florecer o extinguirse durante la siguiente hora y media. Pero Amenaza en lo Profundo empieza de lleno en la acción. Un terremoto (o algo) destruye parte de la base, y la ingeniero Norah Price (Kristen Stewart) tiene que actuar de inmediato para salvar su vida y la de algunos compañeros. Y, naturalmente, también tiene que hacer sacrificios que resonarán durante el resto de la historia, porque el componente emocional es indispensable en la moderna receta de horror/acción.
Es un buen comienzo, aunque un poco confuso; pero el director William Eubank (The Signal) confía en que el público asimilará rápidamente lo que está pasando. La ventaja de usar una fórmula tan gastada es que no requiere explicaciones. A partir de ahí llegamos a la sección intermedia, donde Eubank quita el pie del acelerador por un momento para contemplar nuevos retos, diseñar planes de escape, y encontrar soluciones arriesgadas a obstáculos imposibles que incrementan el peligro y elevan la tensión. Y luego viene lo bueno... la introducción de los monstruos, obviamente influenciados por la literatura lovecraftiana, lo cual oprime otro de mis botones favoritos en el cine de terror. Traducción: no esperen mucha objetividad de mi parte cuando entran a escena las criaturas del abismo con tentáculos y formas pesadillescas. ¡Cthulhu fhtagn!
Kristen Stewart es una adecuada protagonista, aunque hubiera preferido que se invirtieran los papeles con Jessica Henwick, quien aparece en el papel de bióloga temerosa hasta de su propia sombra. Stewart no es muy expresiva en el papel de Norah Price, la "ripley" de la película, pero muestra adecuada convicción y presencia física en situaciones de crisis. El diseño de producción está repleto de ingeniosos detalles que dan realismo a la base submarina (muy necesario, ya que la "ciencia" es absolutamente laxa e inverosímil), y la dirección de Eubank distribuye eficientemente los conflictos humanos y los ataques de las criaturas para mantener el balance dramático de la película. Las muertes no tienen mucho impacto emocional, pero al final quedamos con un buen grupo de sobrevivientes que queremos conservar. Y ahí es donde Amenaza en lo Profundo se acerca un poco al horror primigenio de Alien... aunque sea por unos minutos. Pero eso basta para recomendarla, con las debidas precauciones sobre clichés y mediocres actuaciones que son normales en cualquier "B-Movie", incluso cuando tuvo un saludable presupuesto.
Por cierto, otra cosa que es muy fácil copiar de Alien: poner a la protagonista en ropa interior al final de la película. Infalible recurso para recuperar la atención del público.
Calificación: 8

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Saturday, January 11, 2020

Una Guerra Brillante (The Current War)



Síntomas: A fines del siglo diecinueve, Thomas Edison (Benedict Cumberbatch) y George Westinghouse (Michael Shannon) compiten por diseñar un sistema eléctrico confiable y eficiente que impulsará al mundo moderno.

Diagnóstico: Me gustaron todos los elementos individuales de Una Guerra Brillante, empezando por la increíble dirección de Alfonso Gómez-Rejón, ágil y fluida para darle energía (ja, ja) a una historia relativamente seca sobre detalles tecnológicos y estrategias financieras que hubieran parecido estériles dentro de un formato más convencional. Las actuaciones de Benedict Cumberbatch y Michael Shannon explotan con la pasión de dos legendarios inventores cuya visión del futuro trascendía sus respectivas áreas de especialización. Y el estilo visual conjuga con gran sentido artístico el período histórico de finales del siglo diecinueve con una sensibilidad contemporánea, utilizando impecable edición y fluidos movimientos de cámara para complementar las emociones de cada escena, al mismo tiempo que deleita nuestra vista con ingeniosas composiciones y creativo uso de locaciones reales (por ejemplo, la ceremonia fúnebre que parece salir de las páginas de Sandman).
Sin embargo, hay algo en la fusión de todos estos elementos que me dejó insatisfecho. Y creo que fue el aspecto histórico.
Siempre he dicho que no conviene esperar lecciones de historia en el cine. Y, francamente, no me preocuparon las libertades creativas que tomó el director para retratar la rivalidad entre Thomas Alva Edison (Benedict Cumberbatch), George Westinghouse (Michael Shannon) y Nikola Tesla (Nicholas Hoult), porque el argumento está bien balanceado y lleva un buen ritmo que hace tolerable cualquier inconsistencia histórica. Pero aún así sentí algo fundamentalmente "falso" en Una Guerra Brillante... como un homenaje abstracto y arbitrario sin mucho respeto por la Historia (con mayúscula) que intenta usurpar.
No sé... es una queja demasiado ambigua, y desde luego es totalmente personal, así que no podría usarla como razón válida para criticar Una Guerra Brillante. Solo pensé que sería justo mencionarla.
Hablando de "personal", otra cosa que no me gustó (y eso viene desde mucho antes de ver la película) fue la práctica de matar animales con electricidad que Thomas Edison veía como un juego... una exhibición teatral para impresionar al público con sus inventos. Claro, en la película lo plantean como algo necesario, y Benedict Cumberbatch tiene el talento necesario para insinuar un poco de remordimiento, pero tengo entendido que la realidad fue mucho más cruel. No es una parte sustancial de la trama, pero me dejó un sabor amargo hasta el final.
Por lo demás, como dije, creo que Gómez-Rejón hizo un excelente trabajo inyectando vida en una historia que podría haber sido monótona y desabrida. La hipnótica cadencia audiovisual que desarrolló en sus previas películas (The Town That Dreaded Sundown y Me and Earl and the Dying Girl) se manifiesta de nuevo, pero en una forma más madura y consciente de las necesidades del argumento. Ya no es un adorno para vestir una historia simple, sino parte integral de la experiencia cinematográfica.
Además de Cumberbatch y el siempre genial Michael Shannon, tenemos sólidas participaciones de Katherine Waterston, Tom Holland; Tuppence Middleton, Matthew Macfadyen, y Stanley Townsend. Me abstendré de mencionar cuántos superhéroes se reúnen en esta película porque quiero parecer más serio en el nuevo año. Pero ciertamente hay un impresionante "crossover" en el elenco.
Entonces, Una Guerra Brillante cuenta una historia interesante de manera dinámica y expresiva, con notables actuaciones y un atractivo estilo visual. Debería haberla disfrutado más... pero al final no sentí casi nada. Excepto ganas de ver una secuela exclusivamente sobre Nikola Tesla. Y ahora con Thor, por favor, para armonizar con el tema.
Calificación: 8

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Friday, January 10, 2020

Un Buen Día en el Vecindario (A Beautiful Day in the Neghborhood)



Síntomas: El reportero Lloyd Vogel (Matthew Rhys) tiene problemas familiares y laborales, pero todo empieza a cambiar cuando entrevista a Fred Rogers (Tom Hanks), el veterano conductor de un programa educativo infantil que realmente se preocupa por su público.

Diagnóstico: En algunas críticas de insípidas películas biográficas he mencionado que sería preferible pasar media hora en Wikipedia leyendo fechas y detalles relevantes en la vida del individuo en cuestión, en vez de gastar dos horas de hueco melodrama y clichés sentimentales. Creo que la directora Marielle Heller (Can You Ever Forgive Me?) pensó algo similar, y por eso la cinta Un Buen Día en el Vecindario ignora por completo fechas y detalles para enfocarse en el espíritu de Fred Rogers, así como la paciencia y compasión que transformaron su sencillo programa educativo en inolvidables lecciones de vida para millones de seguidores que lo recuerdan con gran afecto como una influencia positiva en su desarrollo emocional.
Vale aclarar en este momento que yo crecí con Plaza Sésamo, y nunca vi un episodio completo de Mr. Rogers' Neighborhood. Solo breves fragmentos en mi adolescencia durante los ochentas, mientras esperaba el inicio de Doctor Who (en aquel entonces con Tom Baker o Peter Davidson) en el canal cultural PBS. Obviamente yo ya estaba viejo para esas lecciones infantiles; y, para el caso, me gustaba más Pee-wee's Playhouse, con su caótica energía y surrealista sentido del humor. Entonces, no guardo nostalgia alguna por Mr. Rogers... y aún así pude disfrutar Un Buen Día en el Vecindario, gracias al sincero libreto de Noah Harpster y Micah Fitzerman-Blue (inspirado en un artículo auto-biográfico de Tom Junod para la revista Esquire); a la dirección de Marielle Heller, por su audacia para tomar esta biografía en una dirección completamente inesperada; y, desde luego, a la actuación de Tom Hanks, capturando con asombrosa precisión la esencia de Rogers y su apariencia física, con ayuda del sutil maquillaje diseñado por Ma Kalaadevi Ananda. Cierto, al no tener esa conexión emocional con mi infancia, no logré "sentir" las partes más impactantes de la cinta (por ejemplo, la escena de la cafetería), pero eso no me impidió apreciar sus considerables virtudes, y salir del cine con una sonrisa.
Habiendo dicho eso, la narrativa de Un Buen Día en el Vecindario se tropieza de vez en cuando con sus afectaciones estilísticas. Me gustó mucho el uso de maquetas para establecer locaciones, pero a veces chocan con las auténticas tomas exteriores. Y los momentos "imaginarios" que acompañan la lucha de Vogel por superar sus problemas no siempre armonizan con el tono de la escena. De cualquier modo es admirable la convicción de la película para ilustrar los principios e ideología de Mr. Rogers por medio de un intenso estudio de carácter... de otra persona. Mr. Rogers termina siendo una figura secundaria en su propia película; y esta curiosa decisión se vuelve más lógica conforme conocemos la filosofía de Rogers, su relación con sus fans, y con sus propios retos personales.
En el papel protagónico, Matthew Rhys confirma el talento que vimos durante tantos años en The Americans. El reportero Lloyd Vogel no es una mala persona, pero las presiones y resentimientos familiares abruman su carácter y corrompen su percepción de los demás. Quizás por eso es tan bueno en su trabajo. Por su parte, Tom Hanks aborda el papel de Fred Rogers en el ocaso de su carrera, ya maduro, pero sin perder su afable disposición y entusiasmo por enseñarle cosas nuevas al público... o a cualquier persona que lo necesite. Los primeros encuentros entre Rogers y Vogel son un poco tensos... Vogel no sabe si puede tomar en serio a este hombre jugando con títeres; y Rogers intuye los problemas del reportero, pero respeta sus límites. Y así, durante dos horas vemos cómo su mutua influencia transforma sus vidas.
Eso basta y sobra para comprender la devoción que Fred Rogers sigue inspirando en sus fans, y su importancia como "papá postizo" de varias generaciones que aprendieron muchas cosas con él. Cosas que tal vez no enseñaban en Plaza Sésamo, pero que fueron igualmente importantes en el desarrollo de su audiencia. Mientras tanto, Pee-wee Herman solo nos enseñaba a pegarnos cinta adhesiva en la nariz.
Calificación: 8.5

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Thursday, January 9, 2020

School Spirit



Síntomas: Cinco jóvenes cumplen un castigo sabatino en la Preparatoria Helbrook, donde varios estudiantes han desaparecido misteriosamente. ¿Será cierto el rumor de un fantasma vengativo que elimina a los peores estudiantes de la escuela?

Diagnóstico: Aunque existen incontables cintas "slasher" con tema escolar, creo que nunca había encontrado una que fusionara el argumento de The Breakfast Club (una de mis comedias juveniles favoritas) y la clásica fórmula del asesino enmascarado. Suena fácil al principio, pero mientras veía School Spirit reconocí los múltiples retos existentes para mantener la estructura de una sin sacrificar la atmósfera de la otra... y al final terminé admirando el trabajo realizado por el director Mike Gan y los guionistas Patrick Casey y Josh Miller para conciliar horror y melodrama con adecuado ingenio, un poco de humor, y la obligatoria sangre que define al cine slasher. School Spirit no es una película perfecta, y quizás sea demasiado ligera para fans "hardcore", pero cumplió su propósito de entretener a este cínico fanático del horror ochentero.
También cabe mencionar que, estrictamente hablando, School Spirit no es una "película" formal, sino un episodio de la serie Into the Night (exclusiva de Hulu, y difícil de ver fuera de los Estados Unidos; yo lo logré con Unlocator, pero los resultados varían semana a semana). Sin embargo funciona perfectamente como historia individual, y puede disfrutarse sin conocimiento previo del resto de la serie (como fue mi caso).
Todo empieza con una colección de los básicos estereotipos estudiantiles, cada uno con sus respectivos problemas y aspiraciones: Erica (Annie Q.) es la niña perfecta con altas notas y planes para ingresar a Harvard. Lizzy (Jessi Case) es la chica problemática con un hogar infeliz. Víctor (Julian Works) es el tipo rudo con un secreto en su pasado; Russ es el "stoner" sin rumbo fijo; y Brett (Corey Fogelmanis) es el chico sensible. El encargado de cuidarlos es el sub-director Armstrong, con sus propios secretos y un hostil temperamento que no tolerará indisciplina alguna. Aunque, desde luego, puede "ir un momento a su oficina" con suficiente frecuencia para que los alumnos se metan en problemas... y empiecen a desaparecer.
La leyenda local del "espíritu escolar" es simpática, pero nadie cree en un asesino paranormal. Es más probable que alguien muy humano esté acechando los corredores desiertos de la escuela... ¿pero quién podrá ser?
Uno de los retos que mencioné hace un momento es que cinco víctimas parecen pocas para una cinta slasher. Bueno, seis si consideramos al Sr. Armstrong... aunque él podría ser el asesino, ya que odia a los estudiantes (con buena razón). Afortunadamente School Spirit no se apoya en la cantidad de "kills", sino en el suspenso de la espera, y los giros inesperados de la trama.
Los ataques del asesino enmascarado ("disfrazado" sería más correcto) son cautos y precisos, con cierto método que sugiere un plan concreto. No hay pistas significativas para adivinar su identidad, pero cuando se revela su origen tiene cierta lógica que solo sería posible en una cinta "slasher". Traducción: entre menos pensemos, mejor. Y al final, la chica o chico final añade una valiosa moraleja para fans del género: el sobreviviente no siempre es "bueno".
Entonces, School Spirit funciona como un ligero aperitivo "slasher" para pasar un rato divertido. Desde luego existen mejores "platos fuertes", como Terrifier y Victor Crowley; y mejores recetas "gourmet", como Tragedy Girls y Happy Death Day. Pero School Spirit logró satisfacer el hambre que no sabía que tenía: The Breakfast Club con decapitaciones. No me puedo quejar.
Calificación: 7.5

IMDb

Wednesday, January 8, 2020

Impossible Horror



Síntomas: Todas las noches la joven Lily (Haley Walker) escucha un grito escalofriante en los alrededores de su edificio, y decide investigar su origen. Así conoce a Hannah (Creedance Wright), que está haciendo lo mismo, y se unen para desentrañar el misterio.

Diagnóstico: Además de las obvias ventajas para el público (como yo), la explosión de servicios de "streaming" tiene el beneficio adicional de "resucitar" cintas más o menos recientes de buena calidad, que por alguna razón no encontraron distribución comercial. Por ejemplo, Impossible Horror (2017), una inteligente y entretenida muestra canadiense de horror "micro-budget" con excelente dirección, una intrigante premisa, y calidad visual que trasciende sus limitaciones económicas. Ah, y sin olvidar esos sutiles toques lovecraftianos que siempre encuentro irresistibles.
Para compensar su modesta presentación, Impossible Horror atiborra el argumento con fascinantes ideas que, lamentablemente, no siempre llegan a conclusiones satisfactorias. Pero el viaje es lo que importa, y en sus breves 76 minutos (incluyendo créditos), encontramos un continuo desfile de nuevos componentes del misterio principal, nuevos detalles sobre el pasado de las protagonistas, y hasta emocionantes secuencias al estilo de The Blair Witch Project.
Esa referencia me obliga a aclarar que Impossible Horror NO es una película de "found footage" (¡gracias a Cthulhu!), aunque de vez en cuando integra los confusos videos que Lily graba en su teléfono durante las pesquisas nocturnas con Hannah, mientras buscan la fuente del grito. Y ahí es donde las cosas empiezan a complicarse: no toda la gente escucha el grito; no siempre proviene de la misma dirección; y en ocasiones aparecen objetos que ofrecen pistas sobre su origen. Por si eso no fuera suficiente, el departamento de Lily también está "embrujado"; una pandilla de delincuentes frecuenta las mismas calles; y el celoso guardia de seguridad (interpretado por el director Justin Decloux) no quiere a las muchachas grabando quién sabe qué a altas horas de la noche en los jardines privados del complejo habitacional.
Como dije, pasan tantas cosas que no hay tiempo para pensar ni para aburrirse. Y lo mejor es que todo conecta razonablemente bien, de modo que no son solo distracciones para llenar el tiempo, sino piezas fundamentales de un interesante misterio cuya dimensión apenas empezamos a descubrir.
Las actuaciones son adecuadas para una "B-Movie" de micro-presupuesto. No hay efectos digitales, y solo un poco de "gore" al final, no muy realista, pero funcional. Lo que me sorprendió mucho fue la cinematografía nocturna, uno de los grandes problemas del horror independiente. El director de fotografía Aidan Tanner logra mantener todo claro y visible, sin perder la amenaza de la oscuridad, ni arruinar algunos sólidos sobresaltos diseñados sin intervención digital... simplemente con buena planeación y perfecta coordinación de talentos.
Para ser justos, Impossible Horror pierde un poco de coherencia al final, con demasiadas revelaciones y soluciones arbitrarias que, sí, tal vez son consistentes con la mitología establecida, pero de todos modos se sienten improvisadas. Sin embargo, nada de eso empañó mi entusiasmo por el creativo desarrollo de una historia muy simple en su forma, pero compleja en sus connotaciones y ambiciosa en sus ideas. Me recordó otras cintas "micro-budget" como Freaky Faron, They Look Like People, y The Transfiguration, lo cual es, en mi opinión, la mejor recomendación que puedo darle a Impossible Horror. Ahora solo falta explorar más rincones de Netflix y Amazon Prime para encontrar pepitas de oro entre el detritus. No será oro de muchos quilates, pero algo es algo.
Calificación: 8

IMDb