Saturday, August 25, 2018

¿Quién Mató a Los Puppets? (The Happytime Murders)



Síntomas: En un mundo donde los "puppets" coexisten con la humanidad, el ex-policía Phil Philips (voz de Bill Barretta) investiga una serie de asesinatos relacionados con una antigua serie de televisión. Sin embargo, la detective Connie Edwards (Melissa McCarthy) aún odia a Philips por una tragedia del pasado, y sus continuos desacuerdos harán más difícil encontrar al auténtico culpable.

Diagnóstico: Cualquier discusión sobre "puppets" realistas debe empezar con la demencial película Meet the Feebles, dirigida por Peter Jackson a fines de los ochentas. Sin embargo, mi ejemplo favorito de este exótico nicho narrativo es la serie televisiva Greg the Bunny, donde se capturó a la perfección el contraste entre la inocencia de los títeres y los vicios del mundo real, sin sacrificar la "humanidad" de los personajes ni el humor intrínseco de la situación. Pero todas estas historias apenas rebasaron el nivel "de culto" (Greg the Bunny duró trece episodios), y no existía una versión capaz de romper el estigma cultural de "los títeres son para niños". Ni siquiera los originales Muppets lo lograron en su más reciente serie televisiva (la cual solo tuvo dieciséis episodios... mmh, creo que estoy notando un patrón).
En ese contexto llega ahora la cinta ¿Quién Mató a Los Puppets?, dirigida por Brian Henson, el hijo de Jim Henson, cuyo apellido es sinónimo del entretenimiento puppetero.
Gracias a ese simple hecho sabemos que Brian Henson tomará en serio la premisa de las criaturas de fieltro viviendo en el nuestro mundo, asignándoles genuinas personalidades y definiéndolos no por el material de sus cuerpos, sino por la fuerza de su carácter (perdón por el plagio MLK). En otras palabras, el mayor triunfo de ¿Quién Mató a Los Puppets? es hacernos olvidar por un momento las diferencias entre ambas especies, y enfocarnos en todo lo que tienen en común, incluyendo defectos y virtudes, temores, y esperanzas de un mundo más equitativo para todos sus habitantes.
En ese aspecto, creo que ¿Quién Mató a Los Puppets? funciona mejor como "noir" que como comedia. No cabe duda que el asunto de los asesinatos, la rivalidad entre la "pareja dispareja", y hasta las grandes revelaciones del tercer acto, están construidos con clichés del cine policíaco, particularmente los relatos detectivescos de Dashiel Hammet y Raymond Chandler. No hay mucha originalidad en el libreto escrito por Todd Berger, pero los clichés están bien implementados, las actuaciones reflejan el trauma psicológico de los personajes (tanto humanos como puppets), y la dirección de Henson encuentra el flujo natural de la historia, permitiendo que personajes evolucionen y exploren sus emociones con resultados más creíbles que cualquier genérico thriller exento de ambición y sin nada que demostrar.
Desafortunadamente ¿Quién Mató a Los Puppets? falla en su faceta cómica. Después de tantos años de represión (supongo), Brian Henson está ansioso por desafiar la percepción pública de los puppets como entretenimiento infantil, y no pierde oportunidad de regodearse en los peores y más degradantes momentos de los personajes, ya sea la filmación de una película pornográfica con un inusual número de pezones, o un intercambio sexual que culmina ruidosamente y por tanto tiempo que se vuelve antipático. Aquí es donde más extrañé a Greg the Bunny... su estilo de humor era deliciosamente subversivo, pero sin cruzar la línea de la vulgaridad como un fin por sí misma. Henson tropieza con esa línea una y otra vez, sin darse cuenta de que tiene en sus manos una sólida historia que no necesita "transgredir" para convencer al público de su valor como entretenimiento adulto.
Por suerte son momentos relativamente breves que podemos ignorar para seguir la divertida interacción entre Melissa McCarthy y su coestrella sintética, cuyas discusiones están llenas de insultos racistas ostensiblemente inocuos ("Te veo menos azul que antes"), pero con un grave subtexto sobre los auténticos problemas sociales del mundo real. En verdad creo que McCarthy logró una sobresaliente actuación que nunca pierde el balance entre el humor absurdista y el conflicto interno que siente como policía honorable, pero con fuertes resentimientos contra el ex-compañero que la decepcionó veinte años atrás.
Creo que existe una película bastante buena escondida entre los excesos visuales y temáticos de ¿Quién Mató a Los Puppets? En lo personal, como fan de cualquier cosa con sabor a Muppet, pude ignorar sus fallas para disfrutar sus considerables aciertos. Pero también podría parecer una experiencia frívola y ofensiva para algunas personas. Lo importante es que eventualmente aprenderemos a aceptar a las "personas fabricadas" como gente real, tan capaces de fallar o triunfar como cualquiera de nosotros.
Calificación: 8

IMDb

Friday, August 24, 2018

Slender Man



Síntomas: Siguiendo instrucciones que encontraron en línea, cuatro adolescentes invocan al misterioso Slender Man. Al principio no pasa nada, pero una de ellas desaparece varios días después, y las demás empiezan a temer que pronto será su turno...

Diagnóstico: El fenómeno de Slender Man es muy interesante porque, al haber surgido en plena era digital, es muy fácil seguir la propagación de la leyenda a través de las imágenes e historias virales creadas por aficionados al horror en sitios como Reddit y Something Awful, donde eventualmente se desarrolló una mitología ambigua, pero suficientemente convincente para contagiar de paranoia a algunos jóvenes en el mundo real que llevaron el "chiste" demasiado lejos, y estuvieron a punto de cometer asesinatos en su nombre.
Esa es la historia que debería contar la película Slender Man. Sería fascinante un documental (real o "pseudo") sobre la formación del mito, los factores psicológicos que mantienen vivo el folclor urbano, y la peligrosa influencia que pueden tener los "memes" en personas (generalmente niños) sin suficiente capacidad para distinguir la realidad de la fantasía, sobre todo en redes sociales donde "verdad" y "ficción" son términos intercambiables, y en ocasiones irrelevantes.
Desafortunadamente lo que hicieron los productores de Slender Man fue convertir al personaje en un genérico "boogie man" alrededor del cual se construye una típica historia de "adolescentes en peligro" con personajes de cartón, sobresaltos forzados y melodrama artificial, pero sin rastro alguno del "horror" que debería inspirar. En serio, veinte minutos leyendo las originales "creepypastas" serán más satisfactorios que la hora y media que nos roba el director Sylvain White (The Losers) con su absolutamente desganada versión de Slender Man.
Buscando algún elemento positivo en Slender Man podría señalar el trabajo de Joey King en el papel de Wren, perfilándose como futura "scream queen" (lo digo con afecto) con adecuada profundidad para compensar su desafortunada selección de proyectos. Para bien o para mal, Wish Upon ya no es la peor película de esta joven actriz. Y aunque la dirección de Sylvain White carece de estilo o personalidad, hay algunos buenos momentos visuales con luces y sombras que evocan la tenebrosa apariencia alargada de Slender Man.
Fuera de eso, la trama sigue las viejas rutinas de paseos nocturnos por la casa (y por el bosque), visiones perturbadoras (a veces ridículas), y la tecnología como conducto del mal, porque lo más terrorífico para estas jóvenes es que su teléfono deje de funcionar.
Dada su naturaleza viral y nebulosos derechos de autor, hay muchos proyectos sobre Slender Man en el Internet, desde videojuegos hasta películas independientes en YouTube. No conozco la mayor parte de este material, pero sospecho que Slender Man, con todo el respaldo de Sony Pictures, no representa una mejora considerable sobre los productos amateur realizados por los fans. En otras palabras: cuando el "fan fic" es mejor que una película de mediano presupuesto, es hora de reflexionar sobre el balance entre creatividad y mercadotecnia que emplean los grandes estudios hollywoodenses. ¿Dónde está la criatura que atrapa ejecutivos arrogantes y los lleva a la dimensión de la clase turista infinita? Esa es la película que me gustaría ver.
Calificación: 5

IMDb

Thursday, August 23, 2018

Sequence Break



Síntomas: El joven Oz (Chase Williamson) trabaja restaurando videojuegos antiguos. Entonces recibe un misterioso juego que empieza a alterar su mente, y tal vez hasta la realidad misma.

Diagnóstico: Lo diré desde ahora: Sequence Break es básicamente Videodrome, pero con videojuegos en vez de televisores. Lo cual no me pareció malo.
El director Graham Skipper (más conocido como actor en las cintas The Mind's Eye y Beyond the Gates) rinde tributo al "body horror" de David Cronenberg explorando la línea divisoria entre máquina y humano, así como la simbiosis entre tecnología viviente e individuos tan reprimidos que se comportan como autómatas.
Al menos esa fue mi interpretación de Sequence Break, la cual puede funcionar igualmente como metáfora de la obsesión por los videojuegos, o como advertencia contra las máquinas que controlan nuestras vidas... o como un simple romance "geek" con valiosas lecciones sobre la importancia de separar la realidad de la fantasía. Como quiera que la veamos, Sequence Break es una experiencia audaz e innovadora (bueno, tan innovadora como puede serlo una copia de Videodrome) que nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología en un mundo cada vez más conectado, y al mismo tiempo más impersonal que nunca. O algo así.
Curiosamente, lo mejor de Sequence Break (en mi humilde opinión) no es el horror, ni los efectos especiales, ni el misterio del videojuego maligno, sino el romance entre Oz (Chase Williamson) y Tess (Fabianne Therese), la más realista "geek girl" que he visto jamás, precisamente porque no se parece al estereotipo de "geek girl" que siempre se maneja en cine y televisión. Williamson (Siren) interpreta al clásico nerd socialmente inepto que ni siquiera voltea cuando entra una atractiva mujer a su taller; pero Therese (Starry Eyes) compensa esa apatía con una espontánea energía que nunca se siente forzada ni artificial. Por el contrario, las conversaciones sobre Shigeru Miyamoto, King's Quest y un finado Tamagotchi fluyen con tal naturalidad que resulta imposible no congraciarse con este par de "geeks" hechos el uno para el otro.
Y, desde luego, ese es el momento perfecto para la crisis que podría destruir a la pareja con una psicodélica manipulación de la realidad. Así entramos de lleno al terreno de Cronenberg, donde Oz manipula con malsana sensualidad los controles del juego, y su cerebro empieza a sufrir los estragos de... lo que sea que está ocurriendo. El único que podría tener respuestas (o más preguntas) es el desequilibrado individuo que invade ocasionalmente el taller de reparaciones... ¿será una previa víctima del juego, o un lunático indigente?
En cuanto al mencionado juego, me gustó mucho su diseño de coloridos gráficos vectoriales que sugieren una fusión de Asteroids, Tempest y Star Castle. El "gameplay" es incomprensible, pero los patrones geométricos que forma en la pantalla resultan hipnóticos, como mandalas electrónicas o runas lovecraftianas.
Desafortunadamente los efectos prácticos arruinan un poco la intención "tecno-erótica" del director. En vez del voluptuoso televisor y la perturbadora ranura abdominal de Videodrome, Sequence Break básicamente usa gelatina vertida sobre una motherboard que alguien empuja desde abajo para simular que está respirando. Y, aunque la escena sexual entre Oz y la máquina es apropiadamente grotesca, se nota la procedencia casera de los materiales y las técnicas semi-amateur empleadas en su ejecución.
A fin de cuentas son más importantes las surrealistas ideas del argumento y la honestidad de sus emociones... pero la ausencia de recursos nos recuerda constantemente la humilde procedencia de una B-Movie tan independiente que ni siquiera pueden mostrar gabinetes de videojuegos reales en el taller donde trabaja Oz. Bueno, al principio hay un "cameo" de Galaga, uno de mis juegos favoritos de los ochentas (y uno de los pocos en los que era medianamente bueno)(Los otros eran Frogger y Tempest).
Fue una sorpresa descubrir que, en una película de terror sobre videojuegos poseídos y mutaciones biomecánicas, lo que terminé disfrutando más fue el romance y la dinámica entre los personajes. Pero todo lo demás funciona en mayor o menor medida para ofrecernos una experiencia bastante creativa, un poco confusa, y definitivamente satisfactoria para cualquier adicto a los videojuegos de antaño. Aunque todos sabemos que el auténtico juego diabólico fue "E.T. The Extraterrestrial".
Calificación: 7.5

IMDb

Wednesday, August 22, 2018

Down a Dark Hall



Síntomas: Como último recurso para corregir sus problemas de conducta, la joven Kit Gordy (AnnaSophia Robb) es enviada a la prestigiosa Academia Blackwood, donde la directora Madame Duret (Uma Thurman) ha logrado transformar adolescentes difíciles en estudiantes excepcionales.

Diagnóstico: ...Pero desde luego hay algo extraño en la Academia, empezando por el hecho de que solo hay cinco alumnas en la inmensa mansión victoriana, cada una con su particular disfunción o trauma emocional que las ha vuelto desobedientes o agresivas. Y la directora de la escuela, fantásticamente interpretada por Uma Thurman, pertenece a la categoría de educadoras estrictas y vagamente siniestras que abundan en el cine de terror. De hecho, la actuación de Thurman fue lo que más me gustó de Down a Dark Hall, pues evoca (con el grado justo de humor) el trabajo de legendarias actrices como Barbara Steele, Martine Beswick, Stefania Casini, y demás villanas del cine fantástico europeo de los años setentas.
Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen. El director Rodrigo Cortés (Buried, Red Lights) reunió todos los ingredientes necesarios para un clásico relato de "escuela embrujada" (aislamiento, corredores oscuros, sexualidad reprimida), pero el libreto (basado en una novela de Lois Duncan) utiliza estos elementos para contar una historia distinta, que no es exactamente terror, sino una especie de "thriller académico" que combina interesantes temas de superación personal, inspiración artística, y hasta metáforas sobre injusticia social y opresión femenina, todo lo cual hace la película más ambiciosa, pero menos efectiva en su particular género. Sea cual sea.
Además de Uma Thurman, también destaca AnnaSophia Robb en el papel de Kit, la joven rebelde pero racional que percibe sombras y sonidos inexplicables desde su primera noche en la Academia Blackwood. Hasta ahí todo es como esperamos... exploraciones nocturnas, ocurrencias sobrenaturales, y cinco adolescentes que comparten teorías sobre la "habitación prohibida". Mientras tanto, Madame Duret obviamente oculta algo, y su implacable disciplina sugiere una villana cruel y totalitaria. Sin embargo, conforme avanza la película, reconocemos que las técnicas de Duret están provocando un cambio positivo en las estudiantes. Kit desarrolla el talento musical que abandonó en su infancia; la joven Izzy (Isabelle Fuhrman) se está convirtiendo en un prodigio matemático; y la tímida Sierra (Rosie Day) encuentra inagotable talento e inspiración en la pintura. Además, durante el arduo proceso de "readaptación", Madame Duret muestra genuina empatía por los miedos e inseguridades de las muchachas, alentándolas con discursos brutalmente honestos pero inspiradores, donde explica la responsabilidad de alcanzar su potencial en una sociedad que relega a las mujeres a roles pasivos y serviles.
Es demasiado bueno para ser verdad.
Y, en efecto, eventualmente se revela el gran secreto de la Academia que altera la perspectiva de la película y cuestiona la benevolencia de Madame Duret. Pero el resultado me pareció menos satisfactorio de lo que hubiera sido un relato de terror convencional. Parece mentira, pero terminé extrañando al típico "fantasma vengativo" que busca justicia por una tragedia del pasado, o algo así. Incluso un "twist" estilo Suspiria hubiera sido preferible. Sin embargo, Cortés (y, supongo, la autora de la novela original) toma un camino más "místico" que encontré difícil de tragar, a pesar de su originalidad y lecciones morales.
No sé... siempre me quejo de los clichés, pero en esta ocasión creo que hubieran complementado la sólida base de terror que Cortés y su equipo técnico construyeron durante la primera mitad de la película. En vez de eso tenemos un abrupto giro a territorio de Goosebumps o, en el peor de los casos, a un episodio de Halloween de Girl Meets World (o Boy Meets World, para los lectores de mi generación).
De cualquier modo disfruté muchos aspectos de Down a Dark Hall, incluyendo el diseño de producción, la perfecta atmósfera gótica... y, desde luego, el brillante desempeño de Uma Thurman. Me encantaría que esta fuera la nueva etapa de su carrera... villana de terror cien veces más creíble que sus atroces roles románticos. Y con ese pernicioso atractivo que añade la maldad. Perdón... mejor termino aquí antes de que la crítica se vuelva demasiado personal.
Calificación: 7 (10 para Uma Thurman)

IMDb

Monday, August 20, 2018

Puppet Master: The Littlest Reich



Síntomas: El dibujante de comics Edgar Easton (Thomas Lennon) necesita dinero después de su divorcio, y decide vender una marioneta de origen nazi que perteneció a su hermano, y que podría estar relacionada con una serie de asesinatos cometidos en los ochentas. Entonces Edgar, su novia Ashley (Jenny Pellicer) y su mejor amigo, Markowitz (Nelson Franklin), viajan al pueblo donde se llevará a cabo una subasta de artefactos nazis... y, naturalmente, las cosas se complican.

Diagnóstico: De todas las franquicias de terror, Puppet Master es la que menos me interesaba. La cinta original de 1989 fue razonablemente entretenida gracias al humor negro que balanceaba las atrocidades cometidas por un grupo de marionetas con diversas "especialidades" para torturar y asesinar a sus víctimas (mi favorita era Leech Woman). Y si bien no he visto TODAS las secuelas y precuelas producidas desde entonces (once, sin contar la original), las que conozco mostraron un marcado descenso en calidad a lo largo de los años, lo cual me hace pensar que solo la implacable dedicación del productor Charles Band logró mantener viva esta serie.
Band, por cierto, fue uno de los cineastas independientes que admiré en mi adolescencia, cuando empecé a tomar en serio el hobby del cine. Su micro-estudio Empire Pictures produjo algunas memorables joyas del horror moderno, como Re-Animator (1985), From Beyond (1986), y Sorority Babes in the Slimeball Bowl-O-Rama (1988)(Es broma). Posteriormente, tras la bancarrota de Empire Pictures, Band resucitó en 1990 con Full Moon Entertainment, cuya increíble ambición (su lema era "200 películas para el año 2000") fue realmente inspiradora... aunque nunca bastó para mejorar sus películas (aún así me gustaron muchas obras de este periodo, incluyendo Dollman, Bad Channels y la pentalogía de Trancers).
Sirvan estos tediosos párrafos de historia antigua para explicar mi absoluto deleite y sorpresa al descubrir que la decimotercera película de la serie, Puppet Master: The Littlest Reich, no solo es la mejor de la saga, sino una de las más divertidas películas de horror del año, con grandes dosis de sangre, y un destacado "pedigree" que incluye a la revista Fangoria como coproductora de la cinta, a los directores Sonny Laguna y Tommy Wiklund (Wither), y al escritor S. Craig Zahler (Bone Tomahawk, Brawl in Cell Block 99). Claro, en el fondo Puppet Master: The Littlest Reich sigue siendo una modesta B-Movie con las habituales limitaciones técnicas y creativas que ello implica... pero en el contexto de sus predecesoras resulta un pequeño milagro que disfrutarán por igual los devotos de la franquicia y las nuevas generaciones listas para conocer al ejército de marionetas que cobran vida para continuar la misión de su detestable creador, el titiritero francés Andre Toulon (Udo Kier), quien colaboró con el régimen Nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y luego emigró a los Estados Unidos para continuar su cruzada de odio y violencia.
Los directores resumen treinta años de mitología durante una atractiva y eficiente secuencia de créditos iniciales, convirtiendo a Pupper Master: The Littlest Reich en una especie de "reboot" que no descarta la continuidad establecida, sino que la destila hasta sus componentes básicos para iniciar una nueva historia con renovado brío y gran potencial... o al menos eso espero.
Las marionetas y el "gore" son la atracción principal, pero el elemento más importante de Puppet Master: The Littlest Reich es el elenco, integrado por comediantes que saben navegar el humor macabro y ofensivo del libreto sin sacrificar la realidad emocional de sus personajes. Thomas Lennon, Jenny Pellicer y Franklin Nelson (¡Robbie!) forman un trío muy afortunado, con personalidades complementarias y genuino afecto que se manifiesta a pesar de sus diferencias. También me dio gusto encontrar a varios veteranos del horror en papeles integrales para la narrativa, incluyendo a Michael Paré (como policía racista), Udo Kier (el irascible Toulon), y Barbara Crampton (policía retirada).
Por su parte, el estudio de efectos especiales Ill Willed creó "kills" bizarros y sangrientos (mis favoritos fueron el del retrete y el del bebé); sin embargo, las escenas de las marionetas matando gente tienden a ser bastante absurdas, así que no conviene hacer el menor análisis lógico de la situación. En vez de eso recomiendo dejarse llevar por la demencial imaginación de los cineastas y reírse con los irreverentes chistes sobre nazis (el comentario del horno... uf), asimilar el mensaje anti-racismo (estoy totalmente de acuerdo con sus principios, pero la retórica de la cinta es tan estridente que casi arruina sus nobles intenciones), y disfrutar las actuaciones de un reparto que enfrenta con igual aplomo el trauma psicológico de sus personajes, y las escenas donde deben huir despavoridos de un pequeño juguete volador de plástico. En resumen: Puppet Master: The Littlest Reich es el tipo de película que solo funciona cuando el público, los actores y los realizadores son cómplices del mismo chiste. Personalmente fue un placer participar en la broma... aunque algunos podrían considerarla ofensiva. En ese caso, siempre queda el inesperado placer de Barbara Crampton en uniforme de policía.
Calificación: 8.5

IMDb

Saturday, August 18, 2018

Mamma Mia! Vamos Otra Vez (Mamma Mia! Here We Go Again)



Síntomas: Sophie (Amanda Seyfried) trabaja incansablemente para restaurar el hotel que perteneció a su finada madre Donna (Meryl Streep). Mientras tanto, con ayuda de sus "tías" Tanya (Christine Baranski) y Rosie (Julie Walters), Sophie se entera de las aventuras románticas que tuvo Donna (Lily James) en los años setentas, cuando era una joven estudiante enamorada de tres hombres muy distintos.

Diagnóstico: Pocas veces he considerado salirme del cine durante una película, y la original Mamma Mia! fue una de esas ocasiones. Pero reconozco que fue mi culpa, y no de la película. Mamma Mia! hizo exactamente lo que prometía, y para lograrlo usó todo lo que aborrezco del cine musical. Lo cual, como dije, es mi problema.
Y ahora, diez años después (solo cinco en la cronología de los personajes), Mamma Mia! Vamos Otra Vez intenta recapturar la magia con una secuela/precuela que revela el futuro de Sophie (Amanda Seyfried) y el pasado de Donna (Meryl Streep y Lily James) a través de vivaces números musicales con las canciones de ABBA, derrochando suficiente nostalgia "kitsch" para deleitar al público que fue joven en los años setentas (yo estaba demasiado chico en ese entonces)(y además prefería a Kiss).
Y, sí, los números musicales siguen causando pena ajena con sus estridentes arreglos y sobre-producida coreografía. Por mucho que muevan la cámara y utilicen filtros para crear esa idílica atmósfera mediterránea, la película deja un sabor general de forzada artificialidad que impide alcanzar la misma energía y espontaneidad de la cinta original. En resumen: lo que antes parecía encantador ahora se siente torpe y empalagoso.
Entre los aciertos de la cinta señalaría la perfecta selección de Lily James para interpretar la versión adolescente de Meryl Streep; y también hicieron un buen trabajo con Hugh Skinner, Josh Dylan y Jeremy Irvine como sus pretendientes en 1979, todos ellos físicamente similares a sus versiones adultas (Colin Firth, Stellan Skarsgard y Pierce Brosnan, respectivamente), emulando sus personalidades sin caer en la parodia.
Y si nada de eso funciona, al menos queda el carisma de Amanda Seyfried y sus "tías" Christine Baranski y Julie Walters, cuya simpática interacción basta para generar las emociones (desde risa hasta melancolía) que el desabrido romance jamás inspira.
Ojalá tuviera más que decir sobre Mamma Mia! Vamos Otra Vez, pero me declaro incompetente para apreciar las virtudes subjetivas que solo podrán evaluar los fans de la cinta original... y los seguidores del grupo sueco ABBA.
Sin embargo, haciendo a un lado mis prejuicios románticos y apatía musical, debo añadir que el argumento de Mamma Mia! Vamos Otra Vez deambula sin rumbo durante largos períodos de tiempo, buscando oportunidades para cantar sin preocuparse por la congruencia de la narrativa ni la estructura del melodrama. Lo importante es meter suficiente música para simular diversión y atenuar la monotonía. Hablando de lo cual, ahora no sentí la necesidad de salirme del cine porque me senté hasta atrás para poder leer sin molestar a los demás. Buenas noticias: ¡casi terminé el libro!
Calificación: 6

IMDb

Friday, August 17, 2018

El Justiciero 2 (The Equalizer 2)



Síntomas: Mientras trabaja como conductor de Lyft, Robert McCall (Denzel Washington) tiene oportunidad de escuchar las quejas de sus pasajeros, y así descubre a los que sufren alguna injusticia o tienen problemas que la Policía no puede resolver. ¿A quién ayudará en esta ocasión?

Diagnóstico: Respuesta: a nadie. Bueno, hay algunos "clientes involuntarios" a los que McCall termina ayudando, pero son simple relleno sin relación concreta con el argumento principal, el cual sigue la venganza del "Justiciero" contra los criminales que mataron a uno de los escasos amigos que el ex-agente conservó después de renunciar a la CIA.
Y así, alejándose aún más de la serie televisiva ochentera en la que se inspiró, El Justiciero 2 termina convirtiéndose en una genérica cinta de venganza, quizás un poco mejor que las de Bruce Willis, Liam Neeson o Antonio Banderas, pero no por ello más original ni particularmente memorable.
Lo que El Justiciero 2 tiene a su favor es la presencia de Denzel Washington frente a las cámaras, y Antoine Fuqua en la silla de director. La actuación de Washington no es muy notable, pero lo importante es su inmenso carisma y sinceridad para convencernos de que realmente le preocupa un joven artista involucrado en el negocio de las drogas; o la entrañable amistad que tiene con un personaje periférico que toma súbita importancia cuando el guionista decide matarlo para hacer más "personal" la misión de McCall.
Por su parte, Antoine Fuqua es un sólido director que sabe manejar los elementos de la historia con suficiente gravedad para simular dramatismo donde solo hay clichés. Por eso Fuqua deja que la narrativa encuentre su propio ritmo, sin apresurar las escenas ni forzar la llegada de la acción... a diferencia de TODAS las demás películas de este género que tienen pánico de aburrir al espectador si no incluyen una balacera o persecución cada diez minutos. Como ejemplo de lo mucho que Fuqua puede lograr con muy poco, puedo señalar la escena donde McCall examina la fotografía de un asesinato, y pasa varios minutos cavilando sobre la trayectoria de la bala, la ubicación de la pistola y la posición de la víctima. El director deja que Washington haga lo suyo, moviendo lentamente la cámara y permitiendo que el público asimile el proceso mental del ex-agente, lo cual da un resultado mucho más interesante que cualquier truco de edición o efecto especial tipo CSI: Miami que usarían en películas más convencionales.
Por otro lado, este lánguido ritmo podría decepcionar a los fans del cine de acción que realmente querían una balacera cada diez minutos. Supongo que Fuqua no puede complacer a todos.
A pesar de sus aciertos, no puedo ignorar que El Justiciero 2 se siente como una secuela innecesaria que descarta los mejores aspectos de su predecesora para adoptar una fórmula demasiado gastada y predecible, sin ambición de extender el universo de la franquicia ni encontrarle una perspectiva novedosa. A estas alturas la auténtica sorpresa sería que el malo fuera el que creíamos desde el principio, en vez de recetarnos otro "twist" donde el culpable es "el que menos esperábamos" (traducción: un villano penosamente obvio porque todas las películas emplean exactamente el mismo truco). En fin... tal vez para la tercera parte alguien verá un par de episodios de la serie televisiva The Equalizer, con Edward Woodward, y reconocerán lo que debieron hacer desde el principio. Empezando por utilizar el icónico tema musical de Stewart Copeland.
Calificación: 7

IMDb

Thursday, August 16, 2018

Ruin Me



Síntomas: Seis jóvenes participan en un "campamento slasher" donde se recrean las experiencias de una película de terror, acampando en el bosque, buscando pistas y tratando de evadir a los "asesinos" que los persiguen. Sin embargo, el juego resulta más realista de lo que esperaban.

Diagnóstico: La premisa de Ruin Me es similar a la de Fear, Inc. (fans del horror pagan por vivir experiencias terroríficas, con mortales resultados), pero son películas muy distintas en fondo y forma. Tal vez Fear, Inc. me gustó más por su sentido del humor y la gran variedad de "horrores" que maneja, pero Ruin Me ofrece un subtexto psicológico más interesante... lo cual es al mismo tiempo su principal virtud y uno de sus grandes problemas.
Los seis individuos que participan en el "Campamento Slasher" pertenecen a los estereotipos del horror: Pitch (John Odom) y Marina (Eva Hamilton) son "goths" obsesionados con el sexo y la muerte; el nerd Larry (Chris Hill) usa el humor para ocultar su soledad; Tim (Cameron Gordon) es el lacónico "lobo solitario" con apariencia de asesino serial; y Nathan (Matt Dellapina) es el "yuppie" del grupo, acompañado por su novia Alex (Marcienne Dwyer), a quien ni siquiera le gustan las películas de terror, y solo está reemplazando a un amigo de Nathan que no pudo asistir al juego.
Como puede esperarse, el director Preston DeFrancis no pierde tiempo en recetarnos diálogos muy "meta" con referencias a famosas películas de terror y sardónicos comentarios sobre los clichés del género. La competencia incluye situaciones similares a Friday the 13th y Halloween, junto con variados acertijos que los competidores deben resolver mientras escapan de los "maniáticos" que los persiguen (actores contratados por los organizadores del evento... supuestamente). A pesar de su desinterés por el cine de terror, Alex resulta particularmente hábil para descifrar las pistas del juego; pero cuando uno de los participantes aparece asesinado, todos empiezan a preguntarse si es parte de la ilusión, o si el peligro es real.
En su esfuerzo por desafiar nuestras expectativas y tomarnos por sorpresa, DeFrancis se aleja cada vez más de la tema principal, abandonando el cine "slasher" para adoptar esquemas más compatibles con el thriller psicológico. Y, como dije, ahí es donde Ruin Me empieza a titubear.
Durante gran parte de la película se insinúa algún tipo de trauma en el pasado de Alex; aparentemente tuvo problemas de adicción, y su reacción al "horror" simulado podría perturbarla aún más. Pero cuando por fin se revela el gran "twist", no tiene sentido su conexión con el pasado de Alex... tan solo es una excusa para confundir el argumento y hacerlo más inverosímil, sobre todo si analizamos lo que implica esa revelación final. En otras palabras: otro caso de "shyamalanismo", donde una historia razonablemente entretenida perdió el control por tratar de sorprendernos, en vez de continuar por el camino original, quizás un poco previsible, pero más satisfactorio a largo plazo.
Como sea, los actores se divierten con sus exagerados papeles y cumplen dignamente los requerimientos del libreto. Hay un poco de "gore", un poco de humor, y algunas trampas genuinamente ingeniosas (como la del lago). Además, Marcienne Dwyer demuestra ser una acertada "chica final" con carácter e iniciativa, a pesar de las dudas que surgen sobre su estabilidad mental. Desafortunadamente el desarrollo de la trama complica demasiado la experiencia, haciendo Ruin Me más recomendable para estudiosos del horror que apreciarán la intención del director y disculparán su excesiva ambición creativa. Al menos intentó algo distinto con los ingredientes del cine "slasher", en vez de resignarse a repetir el mismo cuento de siempre.
Calificación: 7

IMDb

Wednesday, August 15, 2018

Distorted



Síntomas: Buscando un lugar seguro para vivir, Lauren Curran (Christina Ricci) y su esposo Russell (Brendan Fletcher) se mudan al edificio inteligente "Pinnacle", equipado con la más avanzada tecnología de vigilancia y control ambiental. Sin embargo Lauren empieza a notar extraños detalles que podrían indicar un siniestro propósito detrás del inmueble.

Diagnóstico: Lo advierto desde ahora: Distorted es una terrible película que no recomendaría para nadie... excepto para masoquistas como yo, obsesionados con el fallido género del "techno-thriller", que casi siempre provoca risas en vez de suspenso gracias a sus ridículas interpretaciones de la tecnología informática y sus sórdidas moralejas sobre dejar que las máquinas controlen nuestras vidas.
Cintas como The Net, Swordfish, y desde luego Hackers (indiscutiblemente la más absurda de todas, y por lo tanto mi favorita) erosionaron gradualmente la ya de por sí dudosa credibilidad de este género, hasta relegarlo al barato mercado de la televisión por cable... o al democrático medio del "streaming", donde no importa tanto la calidad sino la cantidad.
Habiendo dicho todo eso... Distorted me sorprendió durante su segunda mitad (cuando estaba a punto de abandonarla) con algunas fascinantes ideas que inspiraron suficiente curiosidad para terminar de verla y dejarme pensando durante más tiempo del que hubiera imaginado.
Para justificar mi fascinación voy a revelar algunos SPOILERS sobre el inesperado ingenio de Distorted, escondido entre largos minutos de insulso melodrama y apáticas actuaciones: Lauren sufrió recientemente un trauma psicológico, y ahora toma medicinas para controlar sus alucinaciones y ataques de pánico. Entonces, cuando empieza a ver mensajes secretos en su televisor, Lauren duda de su percepción... hasta que algunos vecinos mueren en circunstancias misteriosas. Y cuando comparte sus sospechas con Russell, él naturalmente asume que su esposa está experimentando otra crisis psicótica. Sin embargo Lauren no se da por vencida y busca explicaciones en línea, donde encuentra un paranoico hacker con experiencia en técnicas de control mental. Y así, con ayuda del hacker, Lauren intenta llegar hasta el fondo del misterio.
Suena bastante genérico, pero lo que me gustó fue la teoría del hacker: los medicamentos de Lauren alteran su química cerebral hasta permitirle percibir las señales subliminales ocultas en las transmisiones que recibe el edificio Pinnacle, que alguien está utilizando para algún malévolo fin. Es una idea brillante que me recordó algunas películas de David Cronenberg (Videodrome y Shivers, específicamente)... pero implementada con todo el estilo e imaginación de un episodio de Desperate Housewives.
Y, bueno, aunque eventualmente llegamos al obligatorio "twist" que no sorprende a nadie, lo que realmente disfruté fueron las trémulas conspiraciones entre Lauren y el hacker, interpretado por John Cusack con cara de "no me pagaron suficiente para esforzarme en actuar". Lo cual solo hace Distorted más trágica y graciosa, invitándonos a especular sobre lo que alguien más creativo hubiera logrado con esta historia.
El otro factor que casi redime a Distorted es Christina Ricci en el papel principal. Ricci solía ser una excelente actriz, pero una racha de malas películas diluyó sus instintos y extinguió su energía; y aún así muestra suficiente convicción en la cruzada de Lauren para enganchar al espectador y mantener la dignidad entre las ridiculeces que la rodean de principio a fin.
Entonces, no puedo recomendar Distorted en el sentido convencional; pero los espectadores que acepten el reto podrían encontrar el raro fenómeno de una película "tan mala que es buena", con un sólido argumento pobremente ejecutado, y una actriz que es más víctima que participante. En resumen: un morboso espectáculo que divierte a pesar de sus fallas. O por razón de ellas.
Calificación: 6

IMDb

Monday, August 13, 2018

Dead Night



Síntomas: Casey Pollack (Brea Grant) y su familia se disponen a pasar unos días en una remota cabaña construida sobre un depósito mineral que, supuestamente, tiene poderes curativos. Sin embargo las vacaciones serán más terroríficas que terapéuticas.

Diagnóstico: Esa breve sinopsis sugiere otra instancia de "cabaña en el bosque", una de las más populares fórmulas del horror contemporáneo. Afortunadamente el director Brad Baruh (en un impresionante debut) tiene algo más interesante que ofrecer, mezclando rituales ocultos, ciencia ficción (¿creo?), y hasta comentario político en una historia un poco irregular, pero a fin de cuentas divertida y perturbadora.
Para empezar, la familia Pollack está interpretada por veteranos del horror con buena química para representar el afecto y tensiones que inevitablemente se desarrollan entre padres e hijos. Brea Grant (Beyond the Gates) me pareció fenomenal en el papel de Casey, una dedicada madre de familia que organizó las vacaciones como último recurso para curar el cáncer de su esposo James (AJ Bowen), quien parece resignado a su destino y no espera un milagro por pasar unos días sobre rocas magnéticas. Sophie Dalah (Satanic) y Joshua Hoffman interpretan a Jessica y Jason, los hijos adolescentes de Casey, cuya antipática actitud quizás sea un mecanismo de defensa contra el temor de perder a su padre. Y también los acompaña Becky (Elise Luthman), la mejor amiga de Jessica, para descansar un poco de su excéntrica abuela.
Y así comienza el horripilante fin de semana, el cual incluirá el rescate de una mujer inconsciente en la nieve, sombras extrañas en los alrededores de la cabaña, y la revelación de una compleja mitología que deja más preguntas que respuestas, preparando el terreno para una secuela que definitivamente me gustaría ver (no olviden la escena al final de los créditos).
Los valores de producción de Dead Night me parecieron sobresalientes, desde el enigmático diseño de producción, hasta la impresionante cinematografía que captura la etérea belleza del bosque nevado, contrastando el frío exterior con la calidez de la cabaña y los lazos familiares de los Pollack, listos para ser destruidos por fuerzas de incierto propósito.
Los efectos especiales aprovechan la cualidad tangible del látex y la sangre artificial, añadiendo los beneficios de las técnicas digitales para complementar la ilusión de realidad. Hay escenas bastante sangrientas, pero el director nunca olvida el impacto emocional de la familia en crisis, y la intensidad de Casey en sus esfuerzos por salvarlos... quizás no a todos, pero al menos a los que aún tienen esperanzas de sobrevivir. Por cierto, me desconcertó encontrar a Brea Grant en un papel de madre de familia pero, pensándolo bien... ya pasaron diez años desde Heroes y Halloween II. De cualquier modo Grant luce muy bien, y me gustó en este nuevo rol maternal, en vez de las víctimas adolescentes de antaño.
Entonces, Dead Night se acerca bastante a "joya oculta", en mi humilde opinión. Su único problema podrían ser los abruptos cambios de tono que confunden un poco su narrativa. Pero el ingenio del libreto, la creativa dirección de Brad Baruh (protegido del genial Don Coscarelli, quien también produjo esta película), y las increíbles imágenes conjuradas por el director de fotografía Kenton Drew Johnson, se combinan para ofrecer una experiencia de "horror mixto" que rara vez encontramos en el cine B. Ah, y ni siquiera he mencionado la intervención de la sublime Barbara Crampton, otra "scream queen" que logró una brillante transición a actriz de carácter, mejorando todos los proyectos donde participa… incluyendo comerciales políticos (tendrá sentido cuando vean la película).
Calificación: 8.5

IMDb