Síntomas: Dos años después de sobrevivir el ataque de un culto satánico (como vimos en The Babysitter), Cole Johnson (Judah Lewis) enfrenta un nuevo infierno: la escuela preparatoria. Y, para empeorar las cosas, descubre que los miembros del culto aún lo persiguen.
Diagnóstico: Parecería absurdo realizar una secuela de The Babysitter sin la niñera del título, y con el "niño" Cole Johnson ya crecido, enfrentando decepciones románticas, "bullies", y demás vicisitudes de la adolescencia; sin embargo me complace decir que The Babysitter: Killer Queen encontró ingeniosas maneras de continuar la historia sin repetir (demasiado) las ideas de la cinta original, y sin enredar (demasiado) su mitología. Cierto, me sigue gustando más The Babysitter (en gran medida por la chispeante actuación de Samara Weaving), pero la secuela no fue el desastre que yo esperaba... sobre todo tomando en cuenta la tendencia del director McG a perder el balance entre su irreverente sentido del humor y los requerimientos de una historia congruente (como ejemplo de ese defecto puedo señalar su mediocre fantasía juvenil Rim of the World, también exclusiva de Netflix).
Pero, bueno... regresando al punto, The Babysitter: Killer Queen encuentra a Cole en peligro de ser enviado a un hospital psiquiátrico porque nadie cree su historia de cultos satánicos en los suburbios. Ni siquiera su vecina Melanie (Emily Alyn Lind) recuerda los ataques de aquella fatídica noche... aunque sí recuerda que se besaron. Pero ahora Melanie tiene novio, mientras que Cole sufre las burlas de todos por sus bizarras "fantasías" satánicas. Entonces llega a la escuela Phoebe Atwell (Jenna Ortega), una nueva estudiante con reputación de haber matado a sus padres... y con el mismo tatuaje que tenía la niñera diabólica. ¿Será posible que la historia se repita?
A partir de esa premisa McG y su comité de guionistas construyen una eficiente cinta de terror con algunos altibajos, pero también con un sólido misterio que inspira un poco de suspenso y derrama abundante sangre para aderezar el melodrama. El estudio Crafty Apes combina efectos prácticos y digitales para arrancar cabezas, explotar cuerpos, y llevar la "comedia de terror" tan lejos como sea posible, sin perder el tono travieso que la hace accesible para consumo masivo.
Los actores tienen oportunidad de seguir desarrollando los personajes que interpretaron en la primera película. Judah Lewis incorpora al comportamiento de Cole las consecuencias psicológicas de su terrible experiencia, pero sin quedar como víctima indefensa (entre esas consecuencias incluiría su traje de tres piezas de terciopelo marrón). Emily Alyn Lind muestra compasión y simpatía como Melanie, la atractiva vecina que podría convertirse en interés romántico de Cole... si no fuera por su antipático novio Jimmy (Maximilian Acevedo). Y Jenny Ortega interpreta a Phoebe con mucha "actitud" (seguramente por orden de McG) para ocultar su auténtica motivación, lo cual es esencial para atrapar a Cole en otra intriga sobrenatural de la que quizás no saldrá con vida.
Lo que nadie puede negarle a McG es el talento visual que distingue sus obras; y ahora, en colaboración con el director de fotografía Scott Henriksen, obtiene una B-Movie con excelentes imágenes (¡esos cielos nocturnos!), increíbles locaciones campestres, y una atmósfera de pesadilla febril que nos envuelve de principio a fin en el subversivo universo de McG.
Hablando de lo cual: conviene advertir que en este universo nadie se comporta como un humano normal. Los profesores dicen más groserías que los alumnos, los villanos tienen mejor sentido del humor que los héroes, y cada escena necesita al menos una referencia de cultura popular (desde The Matrix hasta Deliverance), y una canción de rock que subraya las emociones de la situación. Incluso con poco dinero, McG encuentra música que armoniza muy bien con sus imágenes; aunque probablemente gastó una buena parte de su presupuesto en la canción de Queen mencionada en el título de la cinta.
A fin de cuentas The Babysitter: Killer Queen superó mis expectativas... pero solo porque eran extremadamente bajas. Y aunque no superó a la cinta original, me pareció una secuela que se sostiene por sus propios méritos sin pisotear el legado de su predecesora. Pero hasta ahí, por favor... la historia ya se estiró demasiado, y no creo que soporte más secuelas. Es mejor retirar la franquicia mientras aún genera pensamientos positivos; porque si Cole sigue obsesionado con su niñera cuando llegue a la edad adulta, ya no sería una película de Netflix, sino de Cinemax.
Calificación: 8









