Thursday, January 23, 2020

Jay and Silent Bob Reboot



Síntomas: Jay (Jason Mewes) y Silent Bob (Kevin Smith) descubren que el director Kevin Smith (Kevin Smith) planea realizar un "reboot" de la película Bluntman and Chronic, basada en sus vidas, y deciden viajar a Hollywood para detener la filmación, acompañados por cuatro jóvenes mujeres con motivos personales para visitar California.

Diagnóstico: Sí, como esa sinopsis sugiere, Jay and Silent Bob Reboot intenta ser muy "meta" para disfrazar que tiene prácticamente el mismo argumento de Jay and Silent Bob Strike Back (2001), donde los "alter-egos" de Smith y Jason Mewes también viajaron a Hollywood para infiltrarse en la filmación de la "original" Bluntman and Chronic. Afortunadamente Kevin Smith reconoce esta repetición, y la señala constantemente en la voz de todos los personajes que desfilan frente a su cámara para comentar sobre la mediocridad del director, el nepotismo que lo hace poner a su hija en todas sus películas, y todos los demás chistoretes auto-referenciales que hemos visto una y otra vez en la filmografía de este cineasta.
Sin embargo, por mucho que Smith se burle de sí mismo, Jay and Silent Bob Reboot no es tan graciosa como él supone. Aunque, para ser justos, reí en varias ocasiones por la inesperada honestidad de los diálogos y el entusiasmo de algunas estrellas para satirizar su imagen y aceptar errores del pasado ("¿Cómo se llama la madre de Batman? No recuerdo en este momento"); pero tampoco puedo negar que la vieja receta "geek" de Smith, que se sentía fresca e irreverente hace veinticinco años (me refiero a la era de Clerks y Mallrats), envejeció con poca gracia, en parte por la repetición, y en parte por su inevitable propagación al resto de la cultura popular, donde perdió relevancia con alarmante rapidez. En resumen: Jay and Silent Bob Reboot es el mismo chiste de siempre, pero contado sin gracia y fuera de contexto.
Aún así, como dije, Jay and Silent Bob Reboot (no es realmente un "reboot", por mucho que los personajes intenten convencernos) incluye momentos simpáticos y hasta emotivos para despertar la nostalgia de los viejos fans (como yo)("viejos" en más de un sentido) que seguimos la irregular carrera de Smith desde hace casi tres décadas con el optimismo (o auto-engaño) necesario para mantener nuestra lealtad a pesar de sus mediocres cintas "de estudio" (como Cop Out), su retorno con la cola entre las patas al "Universo de Jersey" (como Clerks II), y su inexplicable (e inaguantable) trilogía (incompleta) de horror canadiense (Tusk y Yoga Hosers). Ha sido un largo camino que ahora nos lleva de regreso al origen de todo el asunto: Jay y Silent Bob haciendo tonterías y fumando marihuana mientras aprenden algo nuevo del mundo, de sí mismos, y de las responsabilidades de la edad madura.
Si Jay and Silent Bob Reboot realmente se enfocara en los aspectos más "dramáticos" del argumento (los cuales no revelaré para preservar sus débiles sorpresas) quizás podríamos tomarla en serio como válido desenlace de una saga que encontró su propósito al mismo tiempo que su creador. Pero, desde luego, eso no es lo que quieren los fans de Kevin Smith. O, mejor dicho, eso no es lo que Smith cree que quieren sus fans. Entonces: más "snoogans", chistes sobre "blunts", y un interminable desfile de cameos y referencias al "View Askewniverse" para llenar el tiempo y dejarnos la sensación de que vimos una película de verdad, en vez de los videos caseros de la familia Smith y sus amigos.
No sé si Jay and Silent Bob Reboot será la última película de Jay y Silent Bob; pero, en todo caso, fue un decepcionante cierre que intentó sin éxito conciliar el humor de antes con la corrección política de hoy. Y si lo que quiso fue preparar el camino para una nueva generación, también falló, pues la nueva "banda" de jóvenes mujeres que acompañan a Jay y Silent Bob no son tan interesantes como para seguir sus futuras aventuras. Pero la mayor decepción fue no enterarme si Walt Flanagan tiene otro perro tan veloz como el de antes. ¿Snootchie bootchies, supongo?
Calificación: 6

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Wednesday, January 22, 2020

The Witch in the Window



Síntomas: Simon (Alex Draper) y su hijo Finn (Charlie Tacker) planean restaurar una vieja granja para venderla y ganar dinero. Pero el trabajo se complica cuando descubren que no están solos.

Diagnóstico: Es un placer encontrar joyas ocultas como The Witch in the Window, una obra narrativamente sólida y emocionalmente satisfactoria que se apoya en metáforas sobrenaturales para explorar las inseguridades, aspiraciones, y traumas psicológicos de sus personajes. Al igual que The Babadook, Hereditary y The Monster, The Witch in the Window refleja una nueva etapa del horror, más madura y ambiciosa, que aspira a trascender el cliché con genuina profundidad dramática... pero sin sacrificar el impacto visceral que identifica al género. Y todo empieza con una historia simple y accesible.
Simon (Alex Draper) se separó de su esposa, pero quiere mantener el contacto con su hijo Finn (Charlie Tacker) de doce años, quien empieza a mostrar los primeros síntomas de rebeldía adolescente. Y ahora, con la excusa de renovar una vieja granja que compró como inversión, Simon podrá convivir unas semanas con el niño para conocerlo mejor y tratar de reparar los lazos familiares fracturados por el divorcio.
Los protagonistas comparten una convincente química de padre e hijo alejados por las circunstancias, pero dispuestos de recuperar el tiempo perdido. Draper encuentra el punto exacto de disciplina paternal y tolerancia para asimilar los cambios de actitud de Finn durante la difícil transición de niño a adolescente. Por su parte, Tacker muestra un poco de "actitud", pero sin volverse antipático; tan solo un niño sarcástico y ocasionalmente confundido por las contradicciones del mundo adulto. Y así, la relación entre Simon y Finn se desarrolla con cálido realismo, fortaleciéndose conforme pasan los días de trabajo físico y conversaciones sobre los misterios de la vida.
Entonces aparece el fantasma.
El director Andy Mitton nos presenta los fenómenos sobrenaturales con elegante sencillez, sin necesidad de efectos especiales ni los habituales trucos estilísticos del horror contemporáneo. Simplemente actuaciones, edición, y un brillante libreto que mantiene un perfecto equilibrio entre el criterio racional de los personajes y la evidencia de fenómenos desconocidos. Ni Simon ni Finn niegan lo que vieron; pero sus distintos temperamentos inspiran reacciones opuestas. Y así, cuando las manifestaciones se vuelven más agresivas, podemos compartir el temor de los personajes y anticipar las sorpresas (positivas y negativas) que les depara el destino. En pocas palabras: no recuerdo la última vez que una película me hizo sentir escalofríos como The Witch in the Window. Y sin embargo no es una cinta de "horror extremo", sino un modesto drama doméstico donde a veces las cosas no salen como uno espera.
Para completar este pequeño triunfo de horror "indie" tenemos la excelente cinematografía de Justin Kane; el diseño de producción de Sam Hensen, quien logra crear una "casa embrujada" engañosamente normal; y la música del mismo Mitton, evocando una atmósfera rural salpicada por notas discordantes para acentuar la tensión.
Si tuviera una queja sobre The Witch in the Window es que el final se extiende más de la cuenta. Varias veces parece que ya terminó, pero Mitton sigue añadiendo escenas... aunque, para ser justos, el "final final" fue emotivo y satisfactorio. Solo digo que hubiera sido mejor diez minutos antes.
Entonces, The Witch in the Window no es una película de fantasmas, sino un drama doméstico donde aparece un fantasma (algo así como lo que intentó Guillermo del Toro en Crimson Peak, pero mucho más barato y eficiente). El nicho independiente de The Witch in the Window tal vez limitará su alcance comercial, pero confío en que los comentarios positivos de los fans ayudarán a encontrar un público que la aprecie. Y quizás le abrirán las puertas al director/escritor/editor/compositor Andy Mitton para ejercitar algún día su visión con todos los recursos de Hollywood. Por cierto, cabe mencionar que su previa cinta, We Go On, también podría calificarse como "joya oculta", así que no se trata de un "one-hit wonder" sino de un buen candidato para futuro "amo del horror". El tiempo dirá si merece ese calificativo; pero por lo pronto, recomiendo efusivamente The Witch in the Window como una temprana sorpresa del 2020 que seguramente recordaré hasta el final del año.
Calificación: 9

IMDb 

Monday, January 20, 2020

Espíritus en el Bosque (The Hollow Child)



Síntomas: La pequeña Olivia (Hannah Cheramy) se pierde en el bosque, y eventualmente regresa con su familia; pero su hermana mayor Sam (Jessica McLeod) empieza a sospechar que no es la misma niña de antes.

Diagnóstico: Espíritus en el Bosque tiene un buen libreto con múltiples sub-tramas que complican y enriquecen el misterio principal. Los lúgubres bosques canadienses donde se filmó poseen un aura de amenaza intangible que complementa muy bien los temas sobrenaturales de la película; y las actrices que interpretan a Sam y Olivia capturan los lazos fraternales que las unen al principio, para luego corroerse con la sospecha de algo siniestro que suplantó a la hermana menor. Cierto, el argumento se apoya en muchos clichés, y también es similar al de la reciente (y superior) The Hole in the Ground; pero Espíritus en el Bosque toma un enfoque ligeramente más "realista" gracias al conflicto familiar entre Sam y sus padres, y al entorno estudiantil que añade víctimas potenciales cuando Sam se acerca demasiado a la verdad.
Desafortunadamente todos estos elementos positivos se ven arruinados por la apática dirección de Jeremy Lutter, quien parece filmar cada escena de la manera más blanda y genérica posible, desaprovechando el horror psicológico del libreto, las mencionadas locaciones canadienses, y a las actrices que hacen su mejor esfuerzo para generar tensión a pesar de un director que (sospecho) no tenía mucha afinidad por el género de terror. O quizás hubo otros factores; como sea, la impresión que me dejó Espíritus en el Bosque fue de una buena idea saboteada por una mediocre ejecución.
Los problemas comienzan desde los créditos iniciales, realizados en el estilo "grunge" que estaba de moda hace quince o veinte años. El prólogo de dos niñas jugando en el bosque es  adecuadamente tenebroso, pero demasiado oscuro... literalmente. Lo mismo ocurre en otros momentos de la película... la cámara enfoca algo que debería asustarnos, o revelar nuevos detalles sobre la desaparición de Olivia, pero no se entiende lo que estamos viendo. Y en esta ocasión no puedo culpar exclusivamente a los proyectores defectuosos de Cinemex (aunque tampoco ayudan).
En el aspecto de terror, Espíritus en el Bosque funciona mejor conceptualmente. Los efectos son creativos y competentes pero, repito, están filmados con tanto desgano que bloquean cualquier impacto visceral. Y aunque la cinematografía de Graham y Nelson Talbot no es mala (algunas tomas nocturnas del bosque derrochan atmósfera), es difícil apreciarla cuando el lenguaje narrativo no tiene mucho que expresar.
Para no darle vueltas a las mismas quejas, terminaré diciendo que lo mejor de Espíritus en el Bosque (en mi opinión) fue la actuación de Jessica McLeod en el papel de Sam, un personaje cuya complejidad y definición hacen más creíble su transformación de adolescente caprichosa a defensora de una familia que no siempre la comprende, o incluso la tolera. Por primera vez en mucho tiempo me pareció relevante la obligatoria "tragedia del pasado" que influye en la conducta presente de Sam, y exacerba el remordimiento de perder a su hermana menor (hermanastra, para ser más exactos).
Lástima que la experiencia de Espíritus en el Bosque haya sido menor a la suma de sus partes. Aún así podría ser valiosa para estudiantes de cine que quieran apreciar la influencia positiva o negativa de un director en la ecuación cinematográfica. En vez de seguir copiando a Tarantino, mejor traten de evitar los errores de Jeremy Lutter, y todos saldremos ganando.
Calificación: 7 (solo por las actuaciones)

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Sunday, January 19, 2020

Judy



Síntomas: En 1968, Judy Garland (Renée Zellweger) viaja a Londres para dar varios conciertos, pero es difícil mantener la imagen de estrella de Hollywood cuando su vida personal se desmorona a su alrededor.

Diagnóstico: La mayor parte de la gente (incluyéndome) solo conoce a Judy Garland como la protagonista de The Wizard of Oz (1939), una de las más icónicas manifestaciones de la "Era Dorada" de Hollywood. Sin embargo la cinta Judy se enfoca en la vida de Garland treinta años después del Camino Amarillo, cuando su fama había disminuido y los traumas de una infancia destrozada se habían transformado en vicios que frenaban su desempeño como actriz y cantante. Y así, con ayuda de discretos "flashbacks" a la juventud de Judy, el director Rupert Goold teje gradualmente el tapiz de sufrimiento y desesperanza que marcó la edad madura de la protagonista, interrumpidos de vez en cuando por pequeños triunfos que confirmaban su talento, aún palpitante a pesar de los golpes de la vida.
Gracias a la tremenda actuación de Renée Zellweger, Judy captura perfectamente el espíritu de Judy Garland y nos ayuda a comprender las circunstancias que llevaron a ese desalentador período de su vida. Además del alcoholismo (y quizás drogadicción), Garland está peleando por la custodia de sus hijos con su ex-esposo Sid Luft (Rufus Sewell); tiene frecuentes desacuerdos con su nuevo esposo Mickey Deans (Finn Wittrock); y le hace la vida imposible a Rosalind Wilder (Jessie Buckley) y Bernard Delfont (Michael Gambon), los agentes teatrales que la llevaron a Londres como última oportunidad para resucitar su carrera.
En general Judy es una película triste que muestra gran compasión por su protagonista... aunque eso no le impide regodearse en los momentos más trágicos de su ocaso, y en las humillaciones que sufrió durante una carrera llena de gente abusiva que explotaba su talento sin importar las consecuencias para la frágil niña debajo de la "estrella". Francamente, el drama se vuelve un poco cansado a pesar del espectacular trabajo de Zellweger y el excelente diseño de producción que nos transporta al exuberante Londres de los años sesentas.
Supongo que Goold quiso explorar con toda honestidad el colapso artístico y personal de Judy Garland (aunque, estrictamente hablando, Judy está basada en una obra teatral escrita por Peter Quilter, y no en una biografía formal); pero no deja de sentirse como explotación de una vida que tal vez pudo retratarse de una manera más optimista, sin ocultar sus duras verdades. No sé... es como definir a una persona por sus defectos, en vez de celebrar las virtudes que hacen su historia digna de ser contada.
El lado bueno de todo esto, desde luego, es la actuación de Renée Zellweger, quien literalmente desaparece para transformarse en Judy Garland con todas sus características físicas y psicológicas. Creo que hay "buenas actuaciones" donde vemos al actor crear emociones y actitudes que sentimos reales (por ejemplo, todo lo que ha hecho Meryl Streep). Pero también existe un nivel más profundo, donde dejamos de ver al actor y aceptamos al personaje sin cuestionamiento alguno. Zellweger alcanzó ese excelso nivel con Judy Garland, y sin duda merece todo el reconocimiento que está recibiendo... solo hubiera deseado que su actuación perteneciera a una mejor película. Lo cual no significa que Judy sea mala; por el contrario, sus elevados valores de producción, los números musicales (con la auténtica voz de Renée Zellweger, lo cual fue otra revelación), y las actuaciones secundarias (destacando Jessie Buckley, Richard Cordery, y Darci Shaw como la versión adolescente de Judy, cuando aún se llamaba "Frances Gumm") contribuyen a la creación de un producto de alta calidad... pero con una indefinible amargura que casi me arruinó la experiencia. Aquí es donde podemos apreciar las "bio-pics" que prefieren terminar antes de volverse deprimentes.
Calificación: 8 (sería 6 sin la actuación de Renée Zellweger)

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Saturday, January 18, 2020

Bad Boys Para Siempre (Bad Boys For Life)



Síntomas: Los detectives Mike Lowrey (Will Smith) y Marcus Burnett (Martin Lawrence) enfrentan los problemas de la edad y sus nuevas responsabilidades familiares; pero sus vidas se complican cuando el hijo de un antiguo enemigo inicia una mortal campaña de venganza.

Diagnóstico: Hasta el momento solo existía en el plano teórico, pero los directores Adil El Arbi y Bilall Fallah crearon de manera práctica una película de Michael Bay sin la influencia negativa de Michael Bay. Y aunque el resultado no es perfecto (lejos de ello), resultó más lúcido y entretenido de lo que yo imaginaba... siempre y cuando mantengamos nuestras expectativas fieles a la visión "beyiana" de un universo dramáticamente inerte, pero visualmente espectacular.
Sin embargo, la influencia de estos nuevos directores no logra disipar la sensación de anacronismo que empapa cada cuadro de Bad Boys Para Siempre. Desde la primera escena repleta de flojos chistoretes durante una genérica persecución automovilística, hasta la cansada irreverencia de los policías que no obedecen las reglas (¡pero obtienen resultados, demonios!), Bad Boys Para Siempre es un producto del pasado tratando de adaptarse al presente, sin realmente lograrlo. Pero al menos lo intentó.
Gran parte del argumento gira en torno al conflicto existencial entre Mike Lowrey (Will Smith) y Marcus Burnett (Martin Lawrence). Marcus acaba de convertirse en abuelo, y quiere retirarse para disfrutar a su familia. Pero Mike se rehúsa a abandonar al azarosa vida del policía que dispara primero y pregunta después. Es difícil tomar en serio sus discusiones porque siempre ocurren a gritos durante alguna balacera, escape a alta velocidad, o similar cliché de "buddy movie". Afortunadamente Bad Boys Para Siempre gana un poco de sustancia cuando se revelan nuevos secretos que alteran (otra vez) la relación entre Mike y Marcus, lo cual conduce a un tercer acto que casi se siente legítimamente dramático. Pero no por mucho tiempo.
Todo eso sirve como testimonio del buen trabajo (comparativamente) que hicieron Arbi y Fallah para darle sentido y relevancia al hueco espectáculo visual de Bad Boys Para Siempre. Pero, desde luego, los fans de las dos previas películas (Bad Boys, de 1995, y Bad Boys II, del 2003) no regresarán al cine para ver la fina evolución de sus héroes en la edad madura, ¡sino para ver acción, acción, acción!
En ese aspecto, los directores se esforzaron por cumplir las expectativas del público sin sacrificar la integridad del libreto. La acción es ridícula, complicada y espectacular, pero obedece un propósito concreto; y si eso no basta para validar su existencia, también nos distrae con abundante sangre, desenfrenada violencia, y más chistoretes de Mike y Marcus. Pero, por bien que estén implementadas, las secuencias de acción carecen del delirante virtuosismo del genuino Michael Bay (como vimos en la reciente 6 Underground). Por el lado positivo, Bad Boys Para Siempre no degenera en un incoherente desfile de escenas confusas (como vimos en la reciente 6 Underground), así que una cosa por otra, supongo.
Además de Will Smith y Martin Lawrence, tenemos un ecléctico elenco de viejos conocidos y nuevas adiciones que aportan variedad y un nivel ligeramente "meta" de humor. Joe Pantoliano regresa como el iracundo Capitán Howard, constantemente enojado por la indisciplina de Lowrey, pero consciente de que es el mejor detective del Departamento. Theresa Randle, Bianca Bethune y Dennis Greene interpretan a la familia de Marcus, con muchas buenas razones para apoyar su decisión de retirarse. Kate del Castillo y Jacob Scipio son villanos adecuadamente excéntricos y sanguinarios para ajustarse a los estándares de la película (dos palabras: magia negra). Y Paola Núñez, Vanessa Hudgens, Charles Melton y Alexander Ludwig representan la "nueva escuela" de la fuerza policíaca, apoyándose en tecnología e investigación en vez de las irresponsables rutinas de Lowrey. A fin de cuentas nada importa mucho, pero tienen buenos momentos y nos dan un respiro de la exhausta dinámica entre los protagonistas.
Resumiendo: Bad Boys Para Siempre es una mediana cinta de acción con dos metas contradictorias: respetar la añeja fórmula de la acción noventera, y competir con el estilo moderno establecido por las sagas de Mission: Impossible y Fast and the Furious (entre otras). La ausencia de Michael Bay favorece la integridad del argumento, y casi logramos sentir algo por los personajes; pero la acción nunca alcanza el desorbitado nivel de sus "mejores" obras. Cada espectador sabrá que es más importante para su gusto personal. Si es que la franquicia de Bad Boys aún le importa a alguien.
Calificación: 7.5

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Friday, January 17, 2020

1917



Síntomas: Durante la Primera Guerra Mundial, el Cabo Tom Blake (Dean-Charles Chapman) y el Cabo Will Schofield (George MacKay) reciben órdenes de internarse en territorio enemigo para entregar un mensaje que podría salvar miles de vidas, y tal vez hasta cambiar el curso de la guerra.

Diagnóstico: 1917 es una monumental proeza técnica y un sincero homenaje a los sacrificios de los soldados motivados no por alguna abstracta ideología política, sino por la indestructibles hermandad forjada entre individuos que dependen de cada uno para sobrevivir física y mentalmente. El director Sam Mendes creó una historia simple en su forma pero ambiciosa en su fondo (dedicada a su abuelo, cuyas experiencias en la Primera Guerra Mundial inspiraron el libreto), con un mensaje que no está limitado a un conflicto bélico específico, sino a la totalidad del sufrimiento humano.
Habiendo dicho eso... 1917 se siente curiosamente plana y pasiva. Sin duda es una película interesante por su contexto histórico (la Primera Guerra Mundial nunca ha sido popular en el cine, y quizás ésta sea la película más "grande" realizada sobre el tema), y visualmente atractiva por su notable cinematografía y extraordinaria manufactura técnica; pero carece del impacto emocional indispensable en el cine bélico para trascender los clichés del conflicto armado. En otras palabras: 1917 no tiene el mismo efecto emocional que, por ejemplo, Saving Private Ryan, Apocalypse Now, o incluso Paths of Glory. Pero aún así merece una efusiva recomendación por sus innegables virtudes visuales y el talento de los actores que lograron mucho con muy poco.
Dean-Charles Chapman (Blinded by the Light) y George MacKay (Captain Fantastic) interpretan a Tom Blake y Will Schofield, dos soldados británicos seleccionados prácticamente al azar para cumplir una misión de extrema importancia y gran peligro, que los llevará a lo más profundo del territorio francés controlado por el ejército alemán para llevar un mensaje que podría evitar una masacre de tropas aliadas. Entonces, a través de los ojos de estos soldados presenciamos los horrores de la guerra de trincheras, mientras escuchamos sus conversaciones y conocemos gradualmente su carácter y detalles de su vida personal. Y desde luego la misión presentará retos que pondrán a prueba el patriotismo de los soldados, su amistad, y hasta sus principios morales. Chapman y MacKay expresan todo eso y más por medio de actuaciones sutiles y mesuradas. Como buenos soldados británicos, no hay lugar para aspavientos ni desplantes emocionales... y sin embargo sentimos el peso de cada decisión, la tensión de cada paso que los lleva a un destino incierto, impulsados por el honor de su cargo y la responsabilidad que sienten hacia su regimiento, hacia sus superiores, y hacia cada uno. Por cierto, malas noticias para fans de Colin Firth y Benedict Cumberbatch: sus respectivas apariciones apenas ocupan un minuto al principio y un minuto al final (respectivamente). No sé si un poco más de "star power" le hubiera dado más fuerza a 1917, pero Chapman y MacKay hacen un eficiente trabajo como protagonistas, y con eso basta para sostener la película.
No obstante, el auténtico héroe de 1917 es el director de fotografía Roger Deakins (Blade Runner 2049, Sicario). La película simula estar filmada en una toma continua; y, aunque sabemos que existen muchas herramientas digitales para ocultar los cortes y disimular las costuras del proceso de filmación, es impresionante el nivel de coordinación que debió requerir la ejecución de largas escenas meticulosamente coreografiadas y capturadas con una mágica cámara flotante que siempre está en el lugar correcto, y nunca revela sus limitaciones físicas. No es exactamente como la cámara flotante de The Revenant; y tampoco es como Birdman (otra película de "una sola toma"); pero Deakins y Mendes hicieron algo igualmente memorable, que le da una textura única a la película y nos distrae del flojo argumento.
De hecho, podría decir que 1917 vale más por su técnica que por su historia. Y, como tal, merece verse en un cine con buen sonido para disfrutar la experiencia sensorial que nos transporta por igual al campo de batalla en Francia, o a un refugio subterráneo lleno de ecos y sonidos misteriosos. En lo personal prefiero una buena historia por encima de "gimmicks" técnicos... pero cuando los "gimmicks" son tan buenos, bastan para recomendar una película. Y, claro, no podemos olvidar el homenaje a los soldados que soportaron incontables atrocidades para que ahora, cien años después, podamos revivir sus hazañas en la pantalla IMAX con sonido Dolby. Es mejor no pensar en la ironía.
Calificación: 8.5

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Wednesday, January 15, 2020

Memory: The Origins of Alien



Síntomas: Documental sobre la filmación de la película Alien, incluyendo entrevistas con el personal creativo, y análisis de sus influencias religiosas, artísticas y literarias.

Diagnóstico: Con tantos documentales serios y relevantes sobre política, injusticias sociales y ecología, parece irresponsable gastar el tiempo en algo tan trivial como una película de terror de hace cuarenta años. Sin embargo, para fans de Alien (como yo), Memory: The Origins of Alien es una fantástica indulgencia que arroja nueva luz sobre la creación y consecuencias de una de las obras más memorables del cine moderno, y eso basta para justificar el estudio de la mitología detrás de su origen.
O, mejor dicho, mitologías.
El director Alexandre O. Philippe explora el carácter y contexto cultural de muchas personas involucradas en la creación de Alien, empezando por los escritores Dan O'Bannon y Ronald Shusset. O'Bannon escribió una historia incompleta titulada "Memory", que básicamente cubría la primera media hora de Alien, pero no sabía cómo continuarla. Entonces Shusett, tomando inspiración de algunas historias de EC Comics y B-Movies de ciencia ficción, añadió los demás elementos que hoy se han convertido en parte integral de la cultura popular.
Posteriormente se unió al proyecto el director original Walter Hill y el pintor H.R. Giger, cuya pesadillesca visión estableció la estética de la película... o al menos ese era el plan, hasta que Giger fue despedido por los ejecutivos de 20th Century Fox que consideraron su trabajo perverso y enfermizo (desde entonces tenían talento para arruinar cosas buenas, aparentemente). Después Walter Hill renunció, y bueno, no diré más... pero encontré fascinante la mezcla de influencias que cada individuo aportó a la creación de la película.
Memory: The Origins of Alien sigue el formato convencional de un documental, entrevistando por igual a individuos que participaron en la filmación, y fans contemporáneos que ofrecen su interpretación personal de los temas y simbolismo de la cinta. Nada extraordinario o genuinamente innovador, pero aún así es muy interesante diseccionar pequeñas escenas y momentos de Alien que toman nueva dimensión con las explicaciones de estos expertos. Entre los entrevistados "clásicos" están Ronald Shusett, co-escritor; Diane O'Bannon, la viuda de Dan O'Bannon, los actores Tom Skerrit y Angela Cartwright (Sigourney Weaver brilla por su ausencia, desafortunadamente), el inigualable Roger Corman, y el director de arte Roger Christian (quien muchos años despés se volvería famoso por dirigir Battlefield Earth)(aunque Philippe tiene la decencia de omitir ese detalle). Y de este lado del siglo veintiuno el director entrevista a Axelle Carolyn (escritora de Fangoria y Rue Morgue), Ben Mankiewicz (conductor del canal Turner Movie Classics), Clarke Wolfe (del podcast Sending the Wolfe), y el director Adam Egypt Mortimer (Some Kind of Hate, Daniel Isn't Real), quien tiene algunas creativas teorías sobre la famosa escena del "chestbuster".
Lo cual nos lleva al principal problema de Memory: The Origins of Alien (aunque para algunas personas podría ser su principal virtud). Alexandre O. Philippe dedica casi la mitad del documental a la icónica escena donde el embrión del xenomorfo escapa explosivamente del pecho de Kane (John Hurt). Perdón... ¿spoiler? Sin duda es muy interesante recontar los problemas técnicos de la escena, los recuerdos de los actores que participaron en ella, y el "origen secreto" de la criatura (un cuadro religioso de otro pintor moderno). Sin embargo, desde el punto de vista del documental, ahí termina Alien, dejando prácticamente sin mención el memorable tercer acto, y sin analizar las más controversiales decisiones del director Ridley Scott.
Quisiera pensar que esas omisiones sugieren el potencial de una secuela, pero lo más probable es que Philippe simplemente quiso terminar con la escena más famosa de Alien, lo cual es comprensible, pero decepcionante para fans (como yo) que querían un examen más detallado de las acciones del xenomorfo, su ciclo reproductivo, y los demás elementos que constituyen el horror complementario de la ciencia ficción.
A pesar de esa notable falla (en mi opinión), Memory: The Origins of Alien es un documental indispensable para fans de Alien. Incluso quienes ya vieron todos los "extras" de los DVDs, Blu-Rays y hasta Laser Discs de antaño, encontrarán algo nuevo en Memory: The Origins of Alien para enriquecer la experiencia de la saga, e incrementar su aprecio por la "tormenta perfecta" de talentos que se conjugaron mágicamente para crear una obra monumental del horror contemporáneo. Tal vez este modesto documental no cambiará al mundo; pero Alien ciertamente lo cambió, y vale la pena recordar cómo lo hizo.
Calificación: 8.5

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Monday, January 13, 2020

One Cut of the Dead



Síntomas: Durante la filmación de una película de zombies se desata una infestación de zombies reales, lo cual complica la producción... pero también ofrece la oportunidad de alcanzar el nivel de realismo que buscaba el director Hirugashi (Takayuki Hamatsu).

Diagnóstico: Antes que nada, es una pena que One Cut of the Dead haya tardado tantos años en llegar legalmente a sistemas de distribución digital y Video On Demand. Después de recibir aclamación unánime en múltiples festivales de cine, y considerable éxito en mercados especializados, parece mentira que nadie haya aprovechado la oportunidad de distribuirla internacionalmente cuando estaba en su máximo nivel de popularidad. En fin... un ejemplo de que aún falta mucho camino por recorrer para democratizar la distribución global y derribar las arbitrarias barreras regionales que solo perjudican a la industria y fomentan la piratería. Fin del comentario editorial que nadie pidió.
Afortunadamente los rumores son ciertos: One Cut of the Dead es una ingeniosa y divertida re-interpretación del cine zombie, que no solo rinde tributo al género, sino a la tenacidad e imaginación de los autores independientes que lo han mantenido vivo durante tanto tiempo. Y también es una gentil sátira de ese mismo cine, sumergido en tantos "gimmicks" y "retcons" (¿zombies lentos o rápidos?) que a veces es fácil olvidar el valor artesanal y el talento humano detrás de una buena historia de zombies. O de una mediocre historia de zombies.
Pero aquí es donde se complica la situación... la película dentro de la película que se filma en One Cut of the Dead es intencionalmente mala; o al menos intencionalmente barata. Por lo tanto, el director Shin'ichirô Ueda (me refiero al director REAL, no al director que aparece dirigiendo la cinta de zombies dentro de la película) utiliza las mismas herramientas de baja calidad... en parte porque es parte del humor, y en parte porque, sí, One Cut of the Dead también es una película "indie" de bajo presupuesto.
El truco consiste en comprender que no estamos viendo una historia de terror, sino un pseudo-documental sobre colaboración creativa, un drama sobre una familia unida por su afición al cine, y una comedia sobre las peripecias de individuos con buenas intenciones luchando contra una impredecible situación donde todo puede salir mal. Y cuando algo sale mal, es aún más divertido.
Las actuaciones son horribles y brillantes; la cinematografía es totalmente plana y al mismo tiempo ideal para capturar los accidentes de una caótica filmación improvisada; y el libreto de Ueda (basado en la novela "Ghost in the Box", de Ryoichi Wada, aunque no tengo la menor idea de cómo sería su forma literaria) da tantas vueltas sobre sí mismo que parece una banda de Möbius, con dos lados que se fusionan en uno solo y no tienen principio ni final. En resumen: una de las experiencias más "meta" del nuevo siglo.
Estoy inflando la crítica con ambiguos elogios porque no quiero revelar las múltiples e inesperadas sorpresas de One Cut of the Dead. Baste decir que es una auténtica joya oculta absolutamente recomendable... pero no como película de horror, sino como homenaje al cine independiente, confirmando que hasta un sub-género que parecía estéril por tanto uso aún puede sorprendernos... aunque haya tardado tanto tiempo en llegar. Afortunadamente valió la pena la espera.
Calificación: 9

IMDb

Sunday, January 12, 2020

Amenaza en lo Profundo (Underwater)



Síntomas: Después de un catastrófico accidente, los tripulantes de la estación submarina Kepler, en la Fosa de las Marianas, deben tomar medidas extraordinarias para sobrevivir. Y entonces las cosas se complican cuando descubren que no están solos en el fondo del mar.

Diagnóstico: En general me gusta el sub-género del "horror acuático", pero tengo especial predilección por las cintas del siglo pasado que trataron de responder la pregunta: "¿Cómo sería Alien bajo el agua?"
Desde las obras "buenas" de aquel período (Leviathan, Deepstar Six), hasta las malas (The Rift, Creature), sin olvidar las ridículas (Lords of the Deep), todas confirmaron una verdad incontrovertible: es muy fácil copiar la fórmula de Alien (criatura mortal cazando gente en los corredores de alguna remota instalación)... pero es prácticamente imposible duplicar el suspenso, horror y drama de la cinta original.
Y ahora Amenaza en lo Profundo (¿cuánto se habrá tardado el Maestro Traductor en crear ese poema descriptivo?) enfrenta la oportunidad de hacer su propia copia submarina de Alien con todos los recursos del siglo veintiuno. ¿Le fue mejor o peor que aquellos arcaicos experimentos analógicos? En mi opinión, le fue bastante bien, con algunos inevitables problemas asociados a la fórmula, y otros relacionados con el personal creativo. Pero Amenaza en lo Profundo me divirtió bastante, y cumplió los mínimos requisitos para recomendarla como un sólido híbrido de horror y ciencia ficción que no extendió demasiado su ambición, ni perdió su sentido del humor.
Lo primero que destaca en Amenaza en lo Profundo es la urgencia de la narrativa. Cualquier otra película hubiera dedicado quince o veinte minutos para introducir a los personajes, sus roles dentro de la base submarina Kepler, y las dinámicas personales que veremos florecer o extinguirse durante la siguiente hora y media. Pero Amenaza en lo Profundo empieza de lleno en la acción. Un terremoto (o algo) destruye parte de la base, y la ingeniero Norah Price (Kristen Stewart) tiene que actuar de inmediato para salvar su vida y la de algunos compañeros. Y, naturalmente, también tiene que hacer sacrificios que resonarán durante el resto de la historia, porque el componente emocional es indispensable en la moderna receta de horror/acción.
Es un buen comienzo, aunque un poco confuso; pero el director William Eubank (The Signal) confía en que el público asimilará rápidamente lo que está pasando. La ventaja de usar una fórmula tan gastada es que no requiere explicaciones. A partir de ahí llegamos a la sección intermedia, donde Eubank quita el pie del acelerador por un momento para contemplar nuevos retos, diseñar planes de escape, y encontrar soluciones arriesgadas a obstáculos imposibles que incrementan el peligro y elevan la tensión. Y luego viene lo bueno... la introducción de los monstruos, obviamente influenciados por la literatura lovecraftiana, lo cual oprime otro de mis botones favoritos en el cine de terror. Traducción: no esperen mucha objetividad de mi parte cuando entran a escena las criaturas del abismo con tentáculos y formas pesadillescas. ¡Cthulhu fhtagn!
Kristen Stewart es una adecuada protagonista, aunque hubiera preferido que se invirtieran los papeles con Jessica Henwick, quien aparece en el papel de bióloga temerosa hasta de su propia sombra. Stewart no es muy expresiva en el papel de Norah Price, la "ripley" de la película, pero muestra adecuada convicción y presencia física en situaciones de crisis. El diseño de producción está repleto de ingeniosos detalles que dan realismo a la base submarina (muy necesario, ya que la "ciencia" es absolutamente laxa e inverosímil), y la dirección de Eubank distribuye eficientemente los conflictos humanos y los ataques de las criaturas para mantener el balance dramático de la película. Las muertes no tienen mucho impacto emocional, pero al final quedamos con un buen grupo de sobrevivientes que queremos conservar. Y ahí es donde Amenaza en lo Profundo se acerca un poco al horror primigenio de Alien... aunque sea por unos minutos. Pero eso basta para recomendarla, con las debidas precauciones sobre clichés y mediocres actuaciones que son normales en cualquier "B-Movie", incluso cuando tuvo un saludable presupuesto.
Por cierto, otra cosa que es muy fácil copiar de Alien: poner a la protagonista en ropa interior al final de la película. Infalible recurso para recuperar la atención del público.
Calificación: 8

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Saturday, January 11, 2020

Una Guerra Brillante (The Current War)



Síntomas: A fines del siglo diecinueve, Thomas Edison (Benedict Cumberbatch) y George Westinghouse (Michael Shannon) compiten por diseñar un sistema eléctrico confiable y eficiente que impulsará al mundo moderno.

Diagnóstico: Me gustaron todos los elementos individuales de Una Guerra Brillante, empezando por la increíble dirección de Alfonso Gómez-Rejón, ágil y fluida para darle energía (ja, ja) a una historia relativamente seca sobre detalles tecnológicos y estrategias financieras que hubieran parecido estériles dentro de un formato más convencional. Las actuaciones de Benedict Cumberbatch y Michael Shannon explotan con la pasión de dos legendarios inventores cuya visión del futuro trascendía sus respectivas áreas de especialización. Y el estilo visual conjuga con gran sentido artístico el período histórico de finales del siglo diecinueve con una sensibilidad contemporánea, utilizando impecable edición y fluidos movimientos de cámara para complementar las emociones de cada escena, al mismo tiempo que deleita nuestra vista con ingeniosas composiciones y creativo uso de locaciones reales (por ejemplo, la ceremonia fúnebre que parece salir de las páginas de Sandman).
Sin embargo, hay algo en la fusión de todos estos elementos que me dejó insatisfecho. Y creo que fue el aspecto histórico.
Siempre he dicho que no conviene esperar lecciones de historia en el cine. Y, francamente, no me preocuparon las libertades creativas que tomó el director para retratar la rivalidad entre Thomas Alva Edison (Benedict Cumberbatch), George Westinghouse (Michael Shannon) y Nikola Tesla (Nicholas Hoult), porque el argumento está bien balanceado y lleva un buen ritmo que hace tolerable cualquier inconsistencia histórica. Pero aún así sentí algo fundamentalmente "falso" en Una Guerra Brillante... como un homenaje abstracto y arbitrario sin mucho respeto por la Historia (con mayúscula) que intenta usurpar.
No sé... es una queja demasiado ambigua, y desde luego es totalmente personal, así que no podría usarla como razón válida para criticar Una Guerra Brillante. Solo pensé que sería justo mencionarla.
Hablando de "personal", otra cosa que no me gustó (y eso viene desde mucho antes de ver la película) fue la práctica de matar animales con electricidad que Thomas Edison veía como un juego... una exhibición teatral para impresionar al público con sus inventos. Claro, en la película lo plantean como algo necesario, y Benedict Cumberbatch tiene el talento necesario para insinuar un poco de remordimiento, pero tengo entendido que la realidad fue mucho más cruel. No es una parte sustancial de la trama, pero me dejó un sabor amargo hasta el final.
Por lo demás, como dije, creo que Gómez-Rejón hizo un excelente trabajo inyectando vida en una historia que podría haber sido monótona y desabrida. La hipnótica cadencia audiovisual que desarrolló en sus previas películas (The Town That Dreaded Sundown y Me and Earl and the Dying Girl) se manifiesta de nuevo, pero en una forma más madura y consciente de las necesidades del argumento. Ya no es un adorno para vestir una historia simple, sino parte integral de la experiencia cinematográfica.
Además de Cumberbatch y el siempre genial Michael Shannon, tenemos sólidas participaciones de Katherine Waterston, Tom Holland; Tuppence Middleton, Matthew Macfadyen, y Stanley Townsend. Me abstendré de mencionar cuántos superhéroes se reúnen en esta película porque quiero parecer más serio en el nuevo año. Pero ciertamente hay un impresionante "crossover" en el elenco.
Entonces, Una Guerra Brillante cuenta una historia interesante de manera dinámica y expresiva, con notables actuaciones y un atractivo estilo visual. Debería haberla disfrutado más... pero al final no sentí casi nada. Excepto ganas de ver una secuela exclusivamente sobre Nikola Tesla. Y ahora con Thor, por favor, para armonizar con el tema.
Calificación: 8

IMDb