Friday, October 2, 2015

Pasante de Moda (The Intern)



Síntomas: El septuagenario Ben Whittaker (Robert De Niro) está aburrido del retiro, y decide participar en el programa de "becarios mayores" que ofrece una exitosa compañía de ventas por Internet. Ben es aceptado y termina trabajando como asistente de Jules Osten (Anne Hathaway), la dinámica fundadora de la empresa, quien está teniendo dificultades para mantener un sano balance entre su trabajo y su vida personal. ¿Podrá el viejo Ben ofrecer algunas valiosas lecciones a Jules? ¿Y podrá Ben aprender algo de su joven jefa (además de cómo abrir una cuenta en Facebook)?

Diagnóstico: La escritora/productora/directora Nancy Meyers ha cultivado una muy respetable filmografía de comedias dirigidas al público adulto, abordando temas "maduros" (pero no muy maduros) con una mezcla de sinceridad y ligereza que las hace al mismo tiempo profundas y muy divertidas... siempre y cuando el espectador esté dispuesto a aceptar la artificialidad de sus premisas, sus idealizados personajes, y el inevitable fetiche consumista que hace estas películas visualmente atractivas pero un poco desconectadas de la realidad.
Todos esas características se manifiestan en mayor o menor medida en Pasante de Moda, y aunque no sea la mejor obra de Meyers (esa sería Baby Boom, en mi humilde opinión), cumple su misión de hacernos reír un poco, pensar otro poco, y transportarnos durante dos horas a un mundo de fantasía donde un anciano retirado puede poseer un elegante departamento en Brooklyn, la presidenta de una empresa millonaria es una persona cálida y sencilla, y no existe la discriminación de edad. Es como un viaje a la época dorada de Hollywood, pero con la sensibilidad moderna que el público espera; y también con iPhones, pues de otro modo ¿cómo podría Jules enviar un correo a la persona equivocada, provocando una crisis que sólo el emprendedor Ben puede resolver, mientras los jóvenes "hipsters" de la empresa entran en estado de pánico?
Sí, desafortunadamente el libreto mantiene ese nivel de predecibles situaciones y blandas homilías sobre el valor de la experiencia en un mundo dominado por la superficialidad. No niego que sea un mensaje válido, pero me cuesta trabajo tomarlo en serio cuando forma parte de un libreto perezoso que prácticamente se escribe solo, libre de sorpresas o del sofisticado ingenio que alguna vez distinguió el trabajo de Meyers.
Por el lado positivo, Robert De Niro y Anne Hathaway logran que hasta la más cursi escena funcione en el aspecto emocional y narrativo, apoyando los más débiles momentos de la trama (que son muchos) con arrolladora presencia escénica y "star quality". No diría que sus actuaciones sean buenas en el sentido convencional, pero son exactamente lo que necesita esta película para darle alma a los personajes y haciendo que sus pequeños triunfos y tragedias tengan mayor resonancia de la que merecerían en un contexto más "realista".
Pero, como dije al principio, Nancy Meyers no está interesada en la realidad, sino en satisfacer las fantasías de un público muy particular (adultos), que se ve frecuentemente ignorado en el cine contemporáneo dirigido a los adolescentes y similares grupos demográficos menores a 35 años (porque son los que cuentan económicamente).
Hablando de lo cual, Pasante de Moda goza también de un excelente reparto juvenil, con simpáticos actores en aquellos mencionados roles de "hipsters" e ineptos "hombres-niños" que sirven como contraste del serio y eficiente Ben. Entre ellos: Anders Holm, Zack Pearlman y Adam DeVine, en su segundo "hit" del año (en primero fue Pitch Perfect 2). DeVine se está convirtiendo en uno de esos rostros que aparecen por todos lados, y es cuestión de tiempo para que le den un estelar que lo mande a la "lista A" de actores cómicos. Nada mal para un imitador de Jack Black.
A fin de cuentas Pasante de Moda no me pareció una gran película, pero tiene su encanto y seguramente será apreciada como fábula moderna cuya valiosa moraleja es muy fácil de tragar gracias a sus simpáticos personajes e inofensivo humor... por más prefabricados que se sientan. Tal vez Meyers perdió la energía y espontaneidad de antaño, pero a cambio ganó experiencia y confianza de que puede llegar muy lejos sin esforzarse demasiado. Igual que Ben... ¡Ahora entiendo! Es una metáfora del cine y un manifiesto sobre el valor de los cineastas veteranos. Muy loable intención, pero no hay que esperar un gran cambio la industria cinematográfica; perro viejo no aprende trucos nuevos (el perro se llama Hollywood).
Calificación: 8

IMDb

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